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Publicado en octubre 21st, 2015 | por Marcos Gendre

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A Certain Ratio: “Sextet”

a certain ratioMancunianos con grandes expectativas, sólo cumplidas a medias, A Certain Ratio fueron la niña de los ojos de Tony Wilson, el particular Malcolm McLaren de Manchester.

Partiendo del punk en su génesis estilística, A Certain Ratio acabaron tirando  rápidamente por la rama más funk del post-punk, en algo así como si los Joy Division de sus primeros singles -Transmissión (Factory, 1979)- tocaran al ritmo de The Pop Group en sus momentos más accesibles -los del EP We’re All Prostitutes (Rough Trade, 1980) -, pero sin su fuerza centrífuga. Si a esto le añadimos un interés creciente por las formas de la world music y el Miles Davis eléctrico, la coctelera contaba con todos los ingredientes para acabar en un despropósito de ambiciones antitéticas o, por el contrario, en una integración fascinante de músicas formuladas desde fuera de los cotos privados de caza rock. En el caso de A Certain Ratio, la balanza cayó del lado positivo. No puede ser de otra manera con un single tan remarcable como Do The Du (Factory, 1981), que además  funciona como el cuaderno de bitácora de los de Manchester.

Siempre dando tumbos, nunca consiguieron hilvanar un LP tan compacto como esta obra de ritmo sudoroso y definición metronómica. Pruebas mayores son ‘Do The Du’, el máximo exponente de su código sonoro, con ‘The Fox’, ‘Shack Up’ y ‘Son + Heir’ como acompañantes de excepción.

 Tras unos primeros años prometedores, sus devaneos con el latín-jazz, el electro o el dance no siempre dieron los frutos esperados, terminando más olvidados y perdidos que nunca justo en el momento de la explosión Madchester. No obstante, de esta escena, irónicamente, fueron una de las bandas que ayudaron a darle identidad sonora; eso sí,  para que al final los Happy Mondays se llevaran el trocito de pastel que A Certain Ration nunca tuvieron reservado.

De inspiración irregular pero de gran influencia en sus formas musicales, no está de más recuperarlos para darnos cuenta de su influjo en revivalistas como Klaxons. Aunque siempre será más tonificante recordarlos a través de sus parecidos razonables con  Stereolab cuando se les daba por construir circuitos de ritmo repetitivos tan sugestivos como ‘Metronomyc Underground’ o ‘Percolator’, las dos de su clásico “Emperor Tomato Ketchup (Duophonic, 1996). Tampoco debemos olvidar lo alargado de su sombra en formaciones como Heaven 17, además de todo el pop-funk del new pop.

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Pero donde su calado fue más provechoso fue sin duda en Talking Heads.

En una entrevista a David Byrne, el periodista le preguntó:

A Certain Ratio fueron vuestros teloneros en vuestra segunda gira por el Reino Unido, antes de empezar a tocar música funk, cuando erais una banda rock. ¿Os influenciaron en algo?

David Byrne: “Sí, sería una mentira decir lo contrario. Nos influenciaron, y después de esa gira fue cuando empezamos a adentrarnos en la música funk y la world music[1].

Los conciertos a los que se refiere Byrne fueron el 4 de diciembre de 1979 en el Eventim Apollo de Londres y dos días después en el Locarno Ballromm de Porthsmouth. Siete meses después, Talking Heads entraban a grabar Remain In Light (Sire, 1980), su obra más rica en matices externos, además de la más polirrítmica. ¿Casualidad?

Ese mismo año, A Certain Ratio viajaban a la Nueva York africanizada de Talking Heads. La retroalimentación ponía las fichas sobre el tablero. Tal como explica Martin Moscrop, uno de los pilares más visibles de A Certain Ratio: “Fuimos a Nueva York en 1980 para grabar nuestro primer disco. Aquel viaje tuvo una gran influencia en nosotros. El hip-hop se estaba poniendo en marcha y había algunos muy buenos clubes con sistemas de sonido, que hacían que los del Reino Unido dieran vergüenza. También dimos algunos conciertos antes y después de hacer el álbum, con ESG compartiendo cartel con nosotros. Después de pasar unas semanas en Nueva York, nos tuvimos que volver a Manchester, que era muy deprimente. Había tanta música sucediendo en Nueva York, y vimos a gente como Afrika Bambaataa, James Brown, Chick Corea, la salsa y la música brasileña, cosas que nos influyeron mucho”[2].

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Jezz Kerr, el gran capitán.

El viaje de A Certain Ratio a Nueva York simbolizó el precedente más elocuente de la propagación, veinte años después, de bandas neoyorkinas inclinadas hacia los meandros más dance del neopostpunk biodegradable del siglo XXI: LCD Soundsystem, The Rapture y Radio 4.

Aunque también sirvieron de apoyo directo a quien menos se podrían haber imaginado. Todo partió de una fecha muy determinada

Martin Moscrop: “Eso ocurrió en el Danceteria de Nueva York. Creo que fue en el ‘81 o ’82. Era nuestra fiesta de fin de gira y ella [Madonna] necesitaba un concierto, así que algunos A & R vinieron a vernos. De este modo, su manager consiguió que abriera para A Certain Ratio. Y ella firmó [su contrato] después de eso”[3].

Como buenos espeleólogos sobre la marcha, Martin Moscrop, Jezz Kerr y compañía no dejaban que las nuevas fuentes de alimentación se perdieran por el camino. En su caso, había que actuar con premura, antes de que las ideas preconcebidas o las limitaciones del conocimiento en profundidad pudieran coartar el germen de libertad.

Jezz Kerr: “Siempre grabábamos rápido, porque siempre teníamos las melodías cuando entrabamos allí [en el estudio]. Sólo habría un par de cosas que nos gustaría desarrollar en el estudio”[4]. Ésta es la forma en cómo surgió Sextet (Factory, 1982), una obra quizás algo irregular, pero debido a su rebosante flujo de ideas a medio formar. En cierta manera, esta aprehensión instantánea de las nuevas vías de canalización ayudaron a que se ramificasen de manera más inesperada, sencillamente imaginable en muchos de sus casos. De hecho, Sextet se graba en la memoria por sus arrugas personalizadas. Pertenece al altillo etiquetado como anomalía, aunque con el subtítulo de  bendita.

Sextet abrió una brecha en el ethos mancuniano de aquellos años. La world music pudo haber sido el camino a labrar en los años post-Joy Division, pero ya sabemos que la historia prefirió seguir el guión más predecible. En su momento, su brillo multicromático no consiguió encender más bombillas que las de sus propias quijoteras. ¿World Music meets gótico industrial? Sextet era como un kilómetro cero que abría renovadas grutas selváticas de post-post-punk. Aunque tampoco estaban solos en esta misión, con el ejemplo de 23 Skidoo como prueba mayor, autores del desbordante Seven Songs (Fetish, 1982), que salió el mismo año que  Sextet.

Tanto Sextet como Seven Songs fueron las obras más visionarias del pop británico en 1982. Sin embargo, su concepción lejos del formato de canción pop habitual los derivó hacia el rincón de las rarezas. Una pena, contando con las puertas que estaban derribando.

Cada una de las nueve canciones que conforman Sextet están abrigadas por el estimulante lema de “romper con todo y empezar de nuevo”. Pieza por pieza, siempre encontraremos una excusa para reescucharlas con atención especial, casi clínica. Así, nada más dejar caer la aguja en el primer surco, nos tropezamos con el post-punk, entre nebuloso y tribal, de ‘Lucinda’. El bajo podría haber salido de las colaboraciones entre Jon Hassell y Brian Eno.  ‘Crystal’ recuerda a Joy Division hundiéndose lentamente en un océano de cristales rotos. ‘Gum’ es funk con vientos, seco pero con membrana onírica, gracias a su bajo de pulsión tropical. ‘Knife Slits Water’ son siete minutos que conectan un what if casi imposible: los The Cure de Faith (Fiction, 1981) encontrándose con el Miles Davis eléctrico. ‘Skipscada’ suena como si el carnaval de Rio se hubiera trasladado a Salford. ‘Day One’ es disco-jazz-arty. ‘Rub Down’ prolonga la abstracción, mientras que ‘Rialto’ es un arco iris de dub selvático, a cámara lenta, tan visual que traspasa la membrana sonora.

Para cerrar semejante inmersión, ‘Below The Canal’ nos lleva a las orillas de Manchester, es como una escapada imposible. En vez de huir, la sensación es la de intentar nutrir la esencia autóctona mancuniana de colores tan distantes al gris habitual que casi es un milagro que casen de forma tan natural. Un logro final que define y expone la naturaleza de esta pieza polarizada entre mundos no tan lejanos como pueda parecer a primera vista. Y si no que se lo pregunten al Bowie vía Low (RCA, 1977).

 


[1] McGarry, Luke: “A Certain Ratio: making it new again”. L.A. Record, 15/11/2008. Traducción del autor.

Fuente: http://larecord.com/interviews/2008/11/15/a-certain-ratio-making-it-new-again

[2] Discotheque: DJ Mag. Traducción del autor.

Fuente: http://www.djmag.com/node/7350

[3] McGarry, Luke: “A Certain Ratio: making it new again”. L.A. Record, 15/11/2008. Traducción del autor.

Fuente: http://larecord.com/interviews/2008/11/15/a-certain-ratio-making-it-new-again

[4] Rowland, Mark: “A Certain Ratio: interview”, Enterprise File Sharing, 01/06/2010. Traducción del autor.

Fuente: http://www.pennyblackmusic.co.uk/magsitepages/article.aspx?id=5569

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