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Publicado en noviembre 23rd, 2019 | por Marcos Gendre

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ABBA, los años mágicos (II)

DEL ÉXITO SIN FIN A UNA DISOLUCIÓN ANTICIPADA

Para que filigranas como ‘Take a Chance on Me’, perteneciente a su LP de 1977 ‘ABBA: The Album’, alcanzaran el cénit melódico, el ingrediente con más peso no dejaba de ser la dupla vocal conformada por Anni-Frid y Agnetha. Sobre esta última, hay que recordar su aversión a colocarse al frente del micrófono.

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Nacida el cinco de abril de 1950 en Jönköping, Suecia, Agnetha era la hija de un padre tremendamente emprendedor que producía shows en los centros culturales locales. Fue precisamente en uno de estos donde Agnetha mostró por primera vez al público el candor leonino de sus cuerdas vocales. Así como recordaba para “Joker” en abril de 1977: “Nunca olvidaré mi primera actuación oficial. En medio de un espectáculo para personas mayores, mis pantalones se bajaron y la audiencia estalló en risas. Tenía seis años en aquel momento”.

A la edad de quince años, Agnetha tuvo su primer piano. Desde las teclas de su nuevo amigo, comenzó a hilar las primeras melodías con su rúbrica. Fue a esta misma edad cuando empezó a formar parte de diferentes bandas musicales. Con 17 años, envió una cinta al productor Little Gherard, miembro de CBS.

Durante esta época, compuso ‘I Was So In Love’, un corte donde habla de un amor perdido. Ella era la chica que cantaba dicha pérdida, fruto del final de su romance con Björn Lillia. “Estaba sentada al piano y traté de olvidar. La melodía estaba lista en media hora. No me sentía mejor, pero tenía una gran canción”. El productor tenía la misma opinión. Agnetha se despidió de su familia y se fue en tren a Estocolmo para grabar la canción.“Fue el momento más emocionante de mi vida. Mi corazón latía en mi garganta. Tuve que forzarme a entrar en el estudio. En el escenario todavía tengo la misma sensación a veces. Luego escuché a los músicos practicando mi melodía. Y, de repente, estaba flotando en una nube”.

 

El single no tardó más de una semana en alcanzar el número uno de las listas de ventas suecas. Sin duda, toda una premonición de lo que iba a acontecer unos pocos años después en ABBA, una formación donde la auto exigencia era una de las claves de su éxito arrollador. No en vano, tal como la veíaLittle Gerhard: “Agnetha era muy crítica desde el principio, también cuando se trataba de su trabajo. Su manera directa de tratar los problemas hizo que la transición del pueblo a la ciudad fuera muy difícil. Detrás de su confianza en sí misma, estaba oculta una gran timidez. Ha dicho cosas que no quería decir así y, a menudo, la consideraban descortés”. Una amiga dice de ella que estaba “convencida de que a veces no se daba cuenta de lo que estaba haciendo y de que las palabras simplemente se manifestaban porque se sentía insegura. Pero cuando hablaba con la gente en privado, era dulce, educada y honesta. Entiendo que, en la actualidad, todavía sigue volviendo locos a los reporteros. No le sacan nada más que un simple ‘sí’ o ‘no’. Creo que  entiende que es mejor no decir nada en absoluto que cometer el mismo error todo el tiempo”.

Agnetha fue quien de los años pretéritos a ABBA contó con un éxito más rotundo. Sus discos anteriores, paralelos y posteriores a ABBA siempre contaron con una enorme aceptación por tierras suecas. Sus numerosas actuaciones televisivas y el intento de una compañía discográfica alemana para hacerse con sus servicios respondían al carisma que proyectaba su rotunda presencia, entre angelical e ingenua, aunque barnizada por un innegable magnetismo natural. De penetrante mirada azul antártico, tras sus dorada mata de pelo, Agnetha desplegaba sus poderes, llegando a convertirse en un icono de adorado por tierras bávaras. De hecho, llegó a contraer nupcias con el letrista alemán Dietrich Zimmermann a finales de los sesenta, que compuso la música de gran parte de las canciones de sus dos primeros LPs en solitario:  ‘Agnetha Fältskog’ (1968) y ‘Agnetha Fältskog Vol. 2’ (1969).

Aparte de la carrera de Agnetha más allá de ABBA, aunque de menor impacto, la de Anne-Frid tampoco pasó desapercibida precisamente. Mucha culpa de ello también la tuvo “Fernando”, una composición original de la factoría ABBA que primeramente formaría parte de ‘Frida Ensam’, el albúm en solitario que Anni publicó en 1975.

 

‘Fernando’ fue número uno a finales de 1975, pero acabaría siendo recuperada para el repertorio de la banda nodriza, que la utilizó como single de su ‘Greatest Hits’, publicado en 1976.  Para ‘Fernando’, Benny explica que “puedes seguir cantando sobre el amor para siempre y no hay nada de malo en ello. Pero queremos variar tanto como sea posible en nuestras canciones. Nuestro último single tenía un título italiano ‘Mamma Mia’. Estábamos buscando algo diferente. Y un ritmo sudamericano, como en ‘Fernando’, siempre va bien. En las letras, podríamos haber cantado sobre mujeres de pelo negro y tequila o vino tinto, pero pensamos que una letra más dramática se adaptaría mejor a la melodía. Así nació la historia del revolucionario. Sin embargo, no es una canción con un mensaje. No entraremos en esa área”.

‘Fernando’ acabó vendiendo diez millones de copias a lo largo y ancho del globo terráqueo. De hecho, es uno de los singles con mayor número de ventas contabilizadas hasta la fecha. Con Gran Bretaña, los países nórdicos y  Australia como cebos principales, ABBA habían superado el éxito que sólo unos meses antes habían alcanzado con ‘Mamma Mia’. El mundo del pop les pertenecía. Ni siquiera Michael Jackson pudo alcanzar el número de ventas de singles cosechado por los suecos. Sin embargo, en 1977, emergía cierto hastío en el seno del grupo. La pregunta que pululaba en el ambiente no podía ser otra: ¿y ahora qué? “En Suecia, difícilmente podemos llegar a ser más famosos de lo que ya somos”, dijo el gerente Stig Anderson después del éxito fenomenal de ABBA en Inglaterra: ganar el concurso de canciones de Eurovisión. “Es por ello que en este momento tenemos que explorar el mercado internacional. “Pero”, continúa, “vamos a jugar con seguridad. Hemos recibido ofertas tentadoras de Estados Unidos, pero por el momento nos restringiremos a Europa y Australia. Resulta que en estos territorios hay un interés extraordinario en nuestra música. En lo que respecta a Estados Unidos: primeramente, nuestras ventas de discos tendrán que despegar allí”.

En 1976, ABBA había alcanzado el techo de su popularidad. En su debe, únicamente los Estados Unidos se habían librado de su irrefrenable poder de atracción. Sin embargo, la sensación de que no había nada más por lograr fue traduciéndose en una ola de titulares que, de la prensa rosa a la musical, planteaban la disolución de ABBA en pleno 1977. Pero tal como declaraba Björn en aquella época: “Por supuesto que tenemos discusiones de vez en cuando. Sucede que somos cuatro personalidades diferentes y todos cometemos nuestros errores y fallos. Pero somos muy abiertos, por lo tanto siempre hablamos de inmediato. De hecho, Anna está embarazada, pero lo planeamos de tal manera para ella que no ponga en peligro ninguna actuación. En realidad, Anna es la integrante del grupo a la que más le gusta actuar. Por supuesto, ABBA se separará eventualmente. Simplemente no es algo por lo que nadie deba preocuparse todavía. Porque sólo nos separaremos cuando la gente deje de comprar nuestros discos. Los cuatro sabemos que ese momento llegará eventualmente, pero esperamos que no sea pronto”.

Finalmente, ABBA se libraron de toda la rumorología que les rodeaba y se pusieron manos a la obra en búsqueda de ese algo más, que quizá no llegó a nivel de ventas, aunque sí en términos creativos. Salvo tres singles y un nuevo ‘Greatest Hits’, 1978 quedó huérfano de un álbum de estudio de ABBA, pero 1979 aguardaba para conformar una de las rectas finales más gloriosas que se recuerdan en el gran circo pop.

 

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