"El hábitat natural para tu mente enferma"


Dolor de muelas P1060119

Publicado en abril 5th, 2020 | por Carmen Viñolo

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Barcelona, ciudad cateta: es tan difícil hacer amigos

Barcelona, ciudad de fenicios, se ha sabido siempre vender muy bien. Que si es una ciudad cosmopolita, que si los barceloneses son tan abiertos, que si hay tanto ambiente…

La realidad es muy distinta. Barcelona es una ciudad dura, hostil y cerrada a cal y canto.

Es tan difícil, aquí, en Barcelona.

Un rasgo esencial y único de esta ciudad es su endogamia putrefacta. En Barcelona, la gente se organiza a base de clanes -ya sea la pareja sentimental o el grupito de toda la vida- que actúan como compartimentos estancos, blindados a conciencia e impermeabilizados para impedir la entrada de cualquier intruso. Ni la monarquía, tú.

Si intentas entrar en un grupo, te cierran la puerta en las narices.

Quillo, abre la puerta o la ventana, deja entrar o salir a alguien, que ya apesta. 

Ni caso.

Ahora, «cuando tengo un evento, ahí sí que te invito. Y tú te vienes. El resto del año, paso de ti como del aire. Pero a mi evento, te invito y tú vienes».

Este proceder endogámico putrefacto no es inocuo; tiene graves consecuencias que generan una dinámica característica únicamente de la ciudad de Barcelona, y que la convierten en un territorio de miasmas. Al tener los barceloneses su vida hecha y los planes de fin de semana asegurados, ya sea con su parejita o con su grupito, el resto de personas pasan a un plano de usar y tirar. De ahí, «como no te necesito para nada, te trato como un trapo».

Se dan dinámicas del tipo:

«Ay, que se ha puesto a llover. Quedamos otro día».

Mensaje enviado media hora antes de la cita

«Ay, que al final no vengo. Quedamos otro día».

Mensaje enviado media hora antes de la cita

«Ay, mira, me ha llamado fulanito. Pues no le contesto».

usw. 

En cualquier otro lugar por semejante comportamiento, como mínimo, te lapidan, pero aquí, en Barcelona, no pasa nada; es el proceder habitual.

¡Ni en el salvaje oeste!

La sociedad barcelonesa carece de unos valores en torno a las relaciones humanas, sobre cómo deben tratarse las personas, ya sean amigos o conocidos. Además, son desagradables y maleducados, no tienen modales.

Barcelona es un estercolero social.

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«Cruzo los dedos» de Doble Pletina

 

 

Doble Pletina

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