"El hábitat natural para tu mente enferma"


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Publicado en noviembre 23rd, 2018 | por Marcos Gendre

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Closer, el testamento soñado de Joy Division (I)

“La carne muere, pero la pasión sobrevive. Siempre es así. Las moléculas dispersas del alma de Ian Curtis siguen en el aire, sólo es necesario programar uno de sus discos para que revoloteen nerviosamente pugnando por reunirse otra vez hasta formar un invisible holograma”.

Ignacio Juliá

Embarcados en un viaje hacia las entrañas de su propio sonido, el proceso que llevará a Joy Division a crear el espectral Closer estará marcado por una ralentización de sus ingredientes sonoros. Así lo verá la Melody Maker a mediados de febrero de 1980, justo un mes antes de que los de Manchester entren a grabar su nuevo LP: “Desde que tocaron en Londres el pasado mes de noviembre con los Buzzcocks, han agregado nuevas canciones, más vigorosas que sus predecesoras. Ahora hay menos colores, y cada vez están más cerca de la desesperación, que ha sido el núcleo de su trabajo hasta el momento. Lo están perfeccionando todo, retorciendo terrenos purpurinos mediante ritmos circulares más lentos, con lo que el bajo aún está más en primer plano. Lo que permite que Ian Curtis pueda cantar con más expresión.”

Closer se grabará entre el 18 y el 30 de marzo en Britannia Row; por cierto, el estudio que Pink Floyd tenía en Islington, Londres.

Pat Gilbert: “Durante la grabación, Joy Division se alojaron en un par de pisos en un bloque residencial moderno contiguo al estudio, en Marylebone Road. Como no conocían bien Londres, cada tarde iban de turismo. El Brittannia tenía una sala que permitía grabar el sonido de ambiente de los grupos tocando juntos con una calidad soberbia.” La elección de este local no hacía sino reafirmar la idea preconcebida que Hannett tenía antes de emprender sus cruzadas a la producción.

51709580b4f14898c8896b5049b168d1Stephen Morris: “Le gustaba grabar en sitios que tenían un historial de triunfos”.

“Martin continuó experimentando, aunque ahora -a veces- escuchaba a la banda, utilizando efectos de eco más vivos mediante la incorporación de altavoces de reproducción a lo largo de todo el estudio”.

Otro de los aspectos que marcarán la génesis Closer vendrá a propósito de la situación de Curtis, tras su romance con Annik Honoré, la fan belga que habían conocido durante su gira europea del año anterior. Por otra parte, seguía avivándose su propia tortura provocada por la epilepsia que llevaba un año padeciendo.

Simon Reynolds: “Nadie sabe por qué Curtis se volvió epiléptico, pero está claro que los poderosos tranquilizantes que le recetaron para controlar su nueva condición -sedantes como el fenorbital y la carbamazepina- le nublaron la cabeza, minaron su espíritu y lo hicieron todavía más vulnerable a la culpa y la confusión que sentía tras su infidelidad. Con semejantes ánimos sombríos cerniéndose sobre el líder y cantante de la banda, no es de sorprender, entonces, que las sesiones de grabación de marzo de 1980 para Closer, el segundo disco de Joy Division, estuvieron rodeadas de lo que Hannett llamó un “extraño clima social”. Hannett describió este segundo álbum como “cabalístico, encerrado en un enigmático propio”. Albrecht recuerda quedarse en el estudio toda la noche, a veces hasta dormir en la sala de control. “A la noche la atmósfera se ponía aún más rara.” En comparación con Unknown Pleasures, las texturas de Closer son más etéreas y experimentales. Hook a menudo usaba un bajo de seis cuerdas para conseguir más melodía, y Albrecht fabricó un par de sintetizadores a partir de kits do it yourself. Morris se había comprado una caja de ritmos y hacía cosas como procesarla a través de lo que él describe como “el pedal de distorsión más de mierda que te puedas imaginar”, lo que generó derivas tales como el desolladero de ruido seco y furiosamente enfermo, tipo esquiladora, que puede escucharse en el fondo de ‘Atrocity Exhibition’, el tema que abre Closer”.

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Deborah Curtis: “Durante el proceso de escritura y grabación de las letras del Closer, Ian parecía estar en trance. Estaba como herido e intenso, en otro planeta. Me pregunto si necesitaba rivalidad, conflicto y pasión en su vida para que le ayudasen a escribir las letras que escribió”.

Indefectiblemente, la grabación de Closer estará teñida por una sensación de tensión afilada en el ambiente que recordaba a la vivida por los Beatles durante las sesiones del White Album y el “Factor Ono”; en este caso, “El Factor Annik”, o como los otros miembros de la banda la habían bautizado: “la caldera belga”. De este modo, Annik compartirá dormitorio con Ian en uno de los dos pisos alquilados para la grabación, mientras que el otro era para el resto de la banda.

Bernard Albrecht: “Había bastante tensión. En parte debido a la presencia de Annik. Hook le tomaba el pelo a Ian. A mí me parece que la cosa se estaba descontrolando. Pero Ian se transformaba en una persona distinta cuando estaba delante de ella. No te tiras pedos delante de tu nueva novia, ¿verdad que no? Así que creo que todo el mundo estaba ya harto”.

Stephen Morris: “Querían aparentar que eran un modelo de felicidad doméstica -recuerda Morris, antes de ponerse a imitar el acento belga de Annik-. ¿Ian, ya te has pues-to a plan-char? Era como: “!Qué se vaya a la mierda!” Un dia descubrimos una tienda de kebabs nueva. ¡Fue perfecto! Le dijimos a Ian: “!Venga, vamos a entrar!” Annik le fulminó con la mirada. Y entonces él dijo: “No, que Annik es vegetariana.” Y ella dijo: “!Y tú también lo eres, Ian!” Entonces él va y se pone del plan: “No me gustan los kebabs”.  Y nosotros como que: “¿Qué? ¿Qué no te gustan los kebabs? Muy bien, pídete una ensalada. Yo ya me pediré un doner kebab; de hecho, me tomaré mi kebab y el puto kebab de Ian”.

Esta situación sólo será la constatación de un ambiente a punto de reventar, desde el mismo momento de la entrada de Annik en la célula Joy Division.

Peter Hook: “A mí me caía bien. Pero era muy mandona y dominante. Lo más divertido fue cuando nos quedamos a dormir en un burdel, no recuerdo dónde. Altavoces debajo de la cama. Pagabas por cada media hora. Después del concierto, estábamos en la furgoneta esperando. ¡Esto es una casa de citas! “Sí, ¿qué pasa?” Y me dijo: “Yo no voy a dormir en una casa con mujeres de mala reputación”. De manera que le dijimos: “Mira, te estás follando a un tío casado, ¡así que no sé de qué coño estás hablando, imbécil!”.

Peter Hook: “Siempre le hacíamos bromas. Le poníamos cereales en la cama. Sólo eran cosas tontas y estúpidas, pero ella se enfadaba mucho. Recuerdo una noche, había un cristal en la puerta. Los estuvimos molestando, lazándoles cerveza mientras estaban en la cama. Annik salió y nos persiguió. Corrimos al departamento y cerramos la puerta. Ella se puso a patear la puerta vestida con un salto de cama”.

Las bromas pesadas a la pareja se acentuaron durante la grabación de Closer. Pero Curtis y Annik no serían el único objetivo.

Deborah Curtis: “Estaban tan acostumbrados a gastarse bromas que cada vez que regresaban al piso alquilado en Marylebone, cada uno comprobaba sus cosas, su habitación, su esquina de la nevera, etc. Un día en que Tony Wilson estaba preparado para conducir su furgoneta de vuelta a Manchester, le dieron el “tratamiento”: cubrieron las asas de la puerta de mermelada y le arrojaron huevos y harina, por lo que no tuvo otra opción que meterse en la furgoneta y escapar”.

Entre broma y broma, Joy Division lograrán ensamblar todo su magma creativo en una obra puente entre dos décadas. Así, Closer quedará incrustada en un providencial pliegue temporal entre los combativos ’70, marcados por los años post-punk, y el new pop y el synth-pop que guiarán con frío pulso maquinal el arranque de los ’80.

El blanco eterno de la portada de Closer frente al negro en relieve de Unknown Pleasures. La sublimación de unos sintetizadores que, literalmente, flotan suspendidos sobre las palabras, preñadas en eternidad, esculpidas por Curtis. Contraposición existencial a la tensa crudeza que anidaba en cada palabra regurgitada en Unknown Pleausures. El Ying y el Yang. La transversal conexión uterina de dos falsos hermanos gemelos; Closer y Unknown Pleasures son discos que, más que ningún otro par de obras en la historia del pop, se retroalimentan entre ellos mediante un visceral y aterrador choque de contrarios.

El testamento de Closer como paso siguiente al exorcismo sufrido en Unknown Pleasures, la presencia de Curtis en el segundo LP de los  mancunianos pasa del granítico roce del anterior álbum a la de un espectro mirándose a sí mismo; enfocando hasta lo más hondo de sus propias entrañas. El acto más terrible que se haya realizado jamás. La representación en fantasmagórico cinemascope del valle de crecientes sombras que inundaba la torturada mente de Curtis; cada una de las nueve canciones que dan cuerpo a Closer, se suceden mediante fotogramas dispuestos de tal forma que puedan mostrar en ralentizado striptease las llagas más engangrenadas del sufrimiento humano. Así, la luminosa catarsis comenzará a germinar por medio de ‘Atrocity Exhibition’.

Atrocity Exhibition

“Con sus brutales tambores rodantes y opacos, su guitarra sin cuerpo, la calma del bajo y la voz en contrapunto, ‘Atrocity Exhibition’ ofrece una especie de introducción al ritual de Closer”. Seis minutos de escarpadas mutilaciones sonoras, el corte que abre Closer avanza al trote ceremonioso de una batería de corazón africano, mientras dispersos fusilamientos eléctricos y una línea de bajo soltando amarras nos guían hacia una excursión hasta el corazón de la jungla, y que no es otra que el propio cuerpo de Curtis.

Para esta canción, Curtis pone directamente las cartas sobre la mesa, adoptando un estilo inflamado por sucesiones de imágenes que, literalmente, funcionan como el mismo guión de las canciones. En este sentido, Curtis ha alcanzado un control absoluto sobre su trabajo, hasta el punto que nunca ha tardado tan poco en escribir las letras como para Closer. El haber logrado esta autonomía, tampoco quita que las conexiones con Burroughs, Ballard y compañía sigan ahí.

En la jugosa entrevista realizada el 8 de enero de 1980 por Alan Hempsall a Joy Division, éste terminará pregunténdole a Curtis la relación existente entre sus lecturas de J. G. Ballard con respecto a ‘Atrocity Exhibition’: “De paso que me siento para beber, le pregunto a Ian por su gusto por la obra de J.G. Ballard y William Burroughs. Descubro que ha leído una buena selección de obras de ambos autores como Crash, Terminal Beach, Atrocity Exhibition y High Rise, por parte de Ballard, mientras que de Burroughs ha leído Soft Machine, Naked Lunch y Wild Boys. Él también tiene un pequeño libro de Burroughs llamado Apo-33 que lleva encima en ese momento. Le eché una ojeada y me pareció muy interesante. Me pregunto si alguno de estos libros han llegado a influir en las letras de Ian.

Ian Curtis: “Bueno, supongo que, inconscientemente, algunas cosas deben pegarse. Sin embargo, no estoy influenciado conscientemente por ellas”.

¿Qué hay sobre ‘Atrocity Exhibition’, la canción que la banda ahora toca en directo? Seguramente, está influida por Ballard.

Ian Curtis: “En realidad no, ya había escrito las letras antes de leer Atrocity Exhibition. Lo que ocurre es que yo estaba buscando un título, porque a veces no puedo encontrar uno bueno por mí mismo. De este modo, hace poco que vi este título en el inicio de uno de sus libros y pensé que se conjugaba a la perfección con las ideas de la letra. Algún tiempo después de que escribiera la letra y la canción se hubiera establecido en nuestro set en directo, leí el libro; es pura coincidencia que algunas de las ideas del libro sean similares a algunas de las ideas que expresan las letras”.

Aunque no se hubiera inspirado directamente en la novela de Ballard, esta canción ejemplifica la esencia narrativa de Curtis. En su caso, también de una vertiente alterna a la corriente principal del post-punk.

Simon Reynolds: “Los compositores de letras absorbieron la ciencia ficción radical de William S. Burroughs, J. G. Ballard y Philip K. Dick.” Tal como sigue explicando Reynolds: “Otros cantantes-letristas -Ian Curtis de Joy Division, Paul Haig de Josef K- se habían abismado en el malestar sombrío y en la angustia asfixiante de Dostoievski, Kafka, Conrad, Beckett. A la manera de micronovelas de tres minutos, sus canciones abordaban dilemas existencialistas clásicos: la lucha y el sufrimiento de ser un “yo”; amor contra aislamiento; el absurdo de la existencia; la capacidad humana para la perversión y el resentimiento; la perenne sentencia: “suicidarse”: ¿por qué no?”.

De la manera en que decía anteriormente Curtis, existe una relación casual entre la canción de Joy Division y la novela de Ballard. En este caso, las conexiones entre las dos son asombrosas.

Como ya hemos visto, “el título de la primera canción de Closer, ‘Atrocity Exhibition’ viene de un libro de J.G. Ballard que va sobre un personaje llamado Dr.Nathan. En su mente “la Tercera Guerra Mundial” representa la auto-destrucción final y el desequilibrio de un mundo asimétrico, el último espasmo suicida de la hélice dextrógira, ADN. El organismo humano es una exhibición de la atrocidad en la que él es un espectador reticente. A su vez, la letra de Curtis para la canción comienza con una imagen de “Asylums with doors open wide / Where people had paid to see inside / For entertainment they watch his body twist / Behind his eyes he says ‘I still exist’…” (“Asilos con las puertas completamente abiertas / Donde la gente ha pagado para ver adentro / Miran como se retuerce su cuerpo para entretenerse / Tras sus ojos él dice, “aún existo”). Para aquellos que ya conocían sus ataques epilépticos en el escenario, será inconfundible la alusión a ver “su cuerpo retorcerse”. En este sentido también se pueden interpretar las imágenes de gladiadores que vienen en la siguiente estrofa de la canción, después de repetir obsesivamente el estribillo “This is the way, step inside” (“Así se hace, entra”): “In arenas he kills for a prize / Wins a minute to add to his life / But the sickness is drowned by cries for more / Pray to God, make it quick, watch him fall” (“Mata en los ruedos por un precio / Gana un minuto que añadir a su vida / Pero la enfermedad es ahogada por gritos que piden más / Reza a Dios, hazlo rápido, mira como cae”). Aunque las imágenes que vienen más tarde en la canción son tan apocalípticas como “mass murder” “asesinato de masas” y “dead wood from jungles and cities on fire” (“Toda la madera muerta de las junglas y ciudades ardiendo”), la carga de la interpretación tiende a recordar la lucha que el cantante ofreció sobre el escenario; la destrucción de su cuerpo debido una tortuosa enfermedad gradual, delante de un público de pago. Algunos de sus movimientos de baile en realidad se parecían a una lucha contra un enemigo invisible, que tal vez era su mismo declive físico y moral. El significado de ‘Atrocity Exhibition’, y de la imagen de la etapa del artista en su conjunto, también puede ser comparado con el espectáculo de la artista de performance francesa Orlan, quien desde 1990 se realiza cirugías cosméticas que graba en vídeo para las exposiciones de arte. Aunque el objetivo de Orlan puede ser el de “desafiar al patriarcado imperativo que controla el cuerpo”, y el de Curtis no se preocupe por un objetivo político, el efecto estético del conjunto de las actuaciones de ambos artistas coinciden con las meditaciones del filósofo Georges Bataille sobre los cuerpos torturados de las víctimas: “Al igual que Bataille, Orlan promulga la transformación de uno mismo en una figura sagrada de arte. Curtis se dio cuenta de que su cuerpo, especialmente debido a la estrecha relación entre su baile y su epilepsia, sus letras y su vida, se había convertido en una parte de la actuación, y el objeto de un ritual que podría llevarle hasta la inmolación. La crítica implícita en las actuaciones de Curtis está en contra de las terribles exigencias que el artista le tuvo que dedicar a la cultura del rock”.

Posiblemente ‘Atrocity Exhibition’ también representa el punto reflectante más consistente entre Joy Division y A Certain Ratio, la obsesión personal de Tony Wilson. Por un lado, tenemos el tribalismo percusivo, que dirime las constantes del tema inicial de Closer, como punto de unión en el ensamblaje rítmico de ambas bandas: en el caso de A Certain Ratio con un fin de resultados funk; y por el otro, la interpretación vocal de Jezz Kerr, una especie de Ian Curtis, decididamente, más neutro, sin el filón melódico de su vecino mancuniano.

En cuanto a tender puentes, no se escapa que temas como ‘Bone Machine’ de los Pixies parten de esta idea de crear un marco de rock enmarañado, más cercano a un disgresión esquizofrénica de la música jamaicana, convulsionada por tajos de riffs como si Ron Asheton -Stooges- se hubiera perdido entre brumas de noise trastabillado.

Pero si ‘Atrocity Exhibition’ lanza un nexo con una formación, esa es Public Image Limited. En lo musical, el primer corte de Closer suena como el eslabón perdido entre el krautrock stoogiano de First Issue (Virgin, 1978) y la inflamación patógena del dub que hipermusucula las telarañas rítmicas de Metal Box (Virgin1979).

La esencia narrativa de este corte también contiene una relación indirecta con ‘Theme’, el tema inicial del primer LP de P.I.L. El propio John Lydon nos da la clave: “En la primera línea de ‘Theme’, el corte inicial de nuestro primer disco, digo “I wish I could die, I will survive” (“Me gustaría poder morir, voy a sobrevivir”). Estas palabras las usaron aquí años atrás en una clínica psiquiátrica para ayudar a personas con tendencias suicidas, ya que podrían estar directamente relacionados con la emoción en éstas destilan. Era como, “alguien más siente esto también”, por lo que cualquiera que vea esto como algo nihilista, está completamente equivocado; es un grito de ayuda dentro de una canción. Y eso es lo que eran Joy Division. Si es deprimente es porque tú estás tratando de ocultar algunas de tus emociones, no se puede hacer eso; tienes que hacer frente a todo. Somos seres humanos, es por eso que estamos aquí. La frivolidad y los amores estúpidos sólo sirven para crear problemas”.

Esta relación con P.I.L. marca la propia evolución de Joy Division, quienes aún bajo el nombre de Warsaw estaban totalmente influidos por la urgencia sangrante de los Sex Pistols. En este sentido, la propia mutación de Johnny Rotten en el John Lydon de P.I.L. sirve como diapasón del propio crecimiento de la banda mancuniana.

 


[1]Assayas, Michka: “Joy Division: Unknown Pleasures & Closer”, 1981.

[2]Hempsall, Alan: “A day out with Joy Division”, Extrosci-fi magazine, Vol.2/No.5, 1980.

[3]Reynolds, Simon: Después del rock: psicodelia, postpunk, electrónica y otras revoluciones inconclusas, Caja Negra, Buenos Aires, 2010, pag. 33.

[4]Ibídem, pag. 40-41.

[5]La cirugía llevada a cabo por Orlan es al libre albedrío. Sin ningún rigor estético. De esta manera, denuncia directamente las imposiciones estéticas a las que es obligada la mujer dentro de un mundo de hombres.

[6]Valdés Miyares, J. Rubén: “When performance lost control: making rock history out of Ian Curtis and Joy Division”, Liminalities: a journal of performance studies, vol. 9, nº 4, noviembre de 2013.

[7]http://www.fodderstompf.com/INTERVIEWS/john2.html

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