"El hábitat natural para tu mente enferma"


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Publicado en octubre 13th, 2019 | por Carmen Viñolo

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Día de las escritoras: barreras y obstáculos. Armas

¿Los tiempos están cambiando?

Por aquel entonces, escribía Virginia Wolf en Una habitación propia, «había una enorme masa de opinión masculina de que nada podía esperarse de las mujeres intelectualmente»[1]. Hoy, creativamente.

El ámbito de lo artístico «es uno de los campos en el que las mujeres están más excluidas y peor consideradas»[2], todavía.

Esta resistencia histórica por parte de los hombres a que las mujeres no somos capaces de crear una obra de arte genuina o que, de hacerlo, se trate meramente de una rara avis, sigue estando presente en la actualidad. Por no hablar de la voluntad -solapada- de obviar, de ocultar, de zancadillear las grandes obras de mujeres artistas. De condenarlas a un ostracismo brutal.

Marta Momblant ha señalado por qué esta oposición se revela especialmente en las escritoras: la literatura se asienta en una cuestión de pensamiento, de visión del mundo. Y eso no conviene. Agnes Gund, presidenta emérita del Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, revela: «El hombre idealiza a la mujer cuando no sabe verla como igual. Es su modo de no compartir su poder»[3].

Curioso, durante siglos, entre filósofos y escritores, la misoginia reinante fue siempre acompañada de una generalizada misantropía: «La regla en el mundo entero es la gente chapucera»[4], sostenía Arthur Schopenhauer.

Por el contrario, los genios escasean. «Lo infinitamente pocos que son los hombres que realmente logran rendir algo en la poesía, el arte o la filosofía»[5], resaltaba el filósofo alemán.

En efecto, la mayoría de seres humanos, hombres y mujeres, son mediocres hasta el tuétano, incapaces de crear una obra que perdure en el tiempo.

Aunque a día de hoy esta idea no se contempla, pues desde el poder se ha instaurado la premisa «Todo el mundo es un artista», lo que equivale, en realidad, a «cualquiera es un artista». Y esto vale para hombres y mujeres, no nos vamos a engañar.

Sin embargo, las mujeres somos las únicas que podemos tratar según qué temas desde una perspectiva absolutamente nueva, como puedan ser el aborto o la impotencia, tal y como apuntaba Claudia Cedó en las jornadas «¿Dónde están las dramaturgas?»[6]. Del mismo modo, poseemos la capacidad y experiencia de poetizar sobre determinadas maneras de comportarse, de ser, de según qué hombres[7]:

L’amant

Ell

potser em va estimar, però no ho sé del cert.

Va dir que el seu casament

havia de ser una gran festa.

Però no va dir que seria el meu, de casament.

Ell va dir que es faria una casa molt alta

amb finestres als quatre vents.

Però no va dir que seria la meva casa, aquella.

Ell potser em va estimar, però els seus somnis

eren amb una altra,

bella i excelsa que, llavors,

no havia conegut

encara.

 

por Victòria Gras

**

Las dificultades que atraviesan los genios del arte en su existencia son vox populi leit motiv de numerosas biografías. Es un hecho, los genios no son bienvenidos en su época.

«Y acaso no vemos […] en todos los tiempos, a los grandes genios, ya sea en la poesía o la filosofía o en las artes, permanecer de pie como héroes aislados que mantienen la lucha desesperada contra la presión de un numeroso ejército?»[8].

No obstante, aún en nuestros tiempos se mira con recelo a aquellos artistas que no tienen éxito, que no están triunfando. Es más, se los ve como unos fracasados. Así pues, sigue perpetuándose el viejo patrón: los coetáneos ignoran sistemáticamente a los genios de su propio tiempo, cuando no los desprecian.

Mientras tanto…

Si los hombres geniales lo tienen difícil, imagínense ustedes lo que es para las mujeres geniales, los obstáculos que deben atravesar para que su obra salga a la luz. Tienen que abrirse paso entre los hombres mediocres, las mujeres mediocres, los genios hombres. Además, a estos últimos siempre les queda la esperanza de la posteridad, de que su obra sea reconocida en los años venideros, tarde o temprano. Sin embargo, sobre las mujeres pende la espada de Damocles. La mayoría de ellas, más según dónde, cuentan únicamente con su tiempo en la Tierra, pues tras ese lapso se verán abocadas al olvido.

«M. L..- Y, mientras tanto, «en una piedra solitaria, sin inscripción alguna, donde habite el olvido», estarán tus textos. No debido a la ignorancia de tus coetáneos,

LOCO.- … ni a su indiferencia…

M. L..- … sino a tus genitales, mujer»[9].

¡Qué injusticia! Más cuando las mujeres disponemos de un arma oculta para la creación de arte. Un arma que se desdobla: por un lado, dominamos el acerbo cultural que han creado los hombres, el propio de ellos, pues llevamos siglos mamándolo. Ahora bien, nuestro acerbo ¿quién lo conoce sino nosotras? Ha permanecido oculto, prohibido, acallado. Es un misterio…

 


[1]Virginia Woolf: Un cuarto propi, Lumen, Barcelona 2013, página 77.

[2]Carmen Viñolo: La ausencia escénica de las mujeres, La Zancadilla, http://lazancadilla.com/la-ausencia-escenica-de-las-mujeres/

[3]Entrevista a Agnes Gund en Lluís Amiguet: «El hombre idealiza a la mujer para no verla como igual», La Vanguardia, 26 de septiembre de 2016, http://www.lavanguardia.com/lacontra/20160926/41573005019/el-hombre-idealiza-a-la-mujer-para-no-verla-como-igual.html

[4]Arthur Schopenhauer: Pensamiento, palabras y música. «El oficio del escritor», Editorial Edaf, Madrid 1998.

[5]Arthur Schopenhauer:  Parega y Parlipómena,«Sobre el juicio, la crítica, la ovación y la fama», Valdemar letras clásicas, Madrid 2009, página 944.

[6]en la primera jornada del ciclo «¿Dónde están las dramaturgas?», organizado

en la primera jornada del ciclo «¿Dónde están las dramaturgas?», el 26 de marzo de 2019.

[7](heterosexuales)

[8]Arthur Schopenhauer:  Parega y Parlipómena,«Sobre el juicio, la crítica, la ovación y la fama», página 959.

[9]Carmen Viñolo: Sin título.

 

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