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Publicado en mayo 23rd, 2014 | por Rubén Sánchez

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Drácula: Páginas del diario de una virgen

Dracula_Pages_From_a_Virgin_s_Diary-399438217-largeQue del director canadiense Guy Maddin no se puede esperar nada  convencional es algo que se aprende con adentrarse, aunque sea mínimamente, en su filmografía. Por eso, la idea de una adaptación de la celebérrima novela de Bram Stoker en manos de este excéntrico director, es tan atrayente como ilusionante. Drácula: Páginas del Diario de una Virgen (Dracula: Pages From a Virgin’s Diary, 2002) no defrauda, ni en su concepto ni en su desarrollo. Tomando como base la música de Gustav Mahler, que se adapta como anillo al dedo, y contando con la participación del ballet canadiense de Winnipeg, Maddin opta por trasladar al mundo de la danza la historia del vampiro más famoso.

Ante la dificultad de adaptar el lenguaje de la escenografía al cinematográfico, se escoge como vehículo idóneo el cine mudo, concretamente el expresionismo alemán, al ser más propenso a la expresión física, reduciendo al mínimo los intertítulos y tratando de comunicar mediante gestos y la expresión facial. Maddin trata así de facilitar la simbiosis entre danza e interpretación, potenciando el surrealismo mediante cambios continuos de iluminación, encuadre e incluso aumentando y disminuyendo, según convenga, el marco en el que se desarrolla la acción. Todo rodado con un frenetismo contagioso, que inyecta nerviosismo en el espectador, y un continuo halo de irrealidad, ya sea mediante escenarios parcialmente sumidos en la neblina, o efectuando ligeros desenfoques en la imagen mientras el elegante blanco y negro se trunca en momentos puntuales con pinceladas de refulgente rojo sangre.

Maddin renuncia a seguir al pie de la letra la novela de Bram Stoker. Se adapta, en primer lugar, a su propio reparto. Comenzando por su protagonista, el destacado bailarín chino Zhang Wei-Qiang. Algo que choca y que se aprovecha para deslizar el tema de la inmigración, aunque de manera fugaz. A partir de orientalizar a Drácula, comprendes que cualquier cosa está permitida en esta película, y los números de danza se suceden con pasmosa naturalidad.

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Drácula: Páginas del Diario de una Virgen es una pequeña joya a la espera del cinéfilo, o cinéfago si vale la expresión, adecuado, aquel deseoso de nuevas experiencias y formas de expresión y que no teme adentrarse en propuestas lejos de convencionalismos encorsetados. Al menos el jurado del festival de Sitges supo ver las numerosas virtudes de esta película, premiándola como la mejor del festival de 2002.

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