"El hábitat natural para tu mente enferma"


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Publicado en septiembre 16th, 2018 | por Carmen Viñolo

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El mundo más allá de la oficina: “Aventuras de un oficinista japonés” de José Domingo

La brillante Tiempos modernos (Modern Times, 1936) de Charles Chaplin abría con una imagen chocante: un rebaño de ovejas al que se le superponía un grupo de trabajadores saliendo del metro y dirigiéndose a su trabajo.

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¡Qué razón tenía Charlot! Ese ir a currar todos los días, a la misma hora, a un trabajo repetitivo, insípido, alienante, todo eso, está claro, aborrega.

Pero ¿y si después de una anodina jornada laboral nos esperase algo asombroso? ¿Y si el camino de vuelta a casa estuviera repleto de personajes increíbles, de situaciones extraordinarias? ¿o de peligros y laberintos? Eso es justo lo que le sucede al protagonista de Aventuras de un oficinista japonés de José Domingo.

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Al principio todo parece normal… De hecho, no hay nadie en la calle cuando el oficinista sale de su trabajo. Pero en menos que canta un gallo se ve envuelto en una reyerta de yakuzas. Sobrevive de milagro. Entonces, el entorno varía. Es como si el oficinista  hubiese cruzado el umbral de separa el mundo cotidiano del de la fantasía. De ahí en adelante, se cruzan en su camino monstruos, eremitas, brujas, extraterrestres, mormones, esqueletos. La adrenalina a tope. Es como un viaje constante a través del túnel del terror que horroriza y a la vez fascina. El libro es mudo por completo, aunque en más de una ocasión pueden oírse los gritos y jadeos del pobre oficinista japonés.

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La obra de José Domingo que bebe de forma (in)voluntaria de la de Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas, incide en la máxima «lo importante es el viaje». La aventura, la imaginación al poder.

La composición minuciosa de este maravilloso cómic retrotrae a los lectores a la infancia. Cuando nos fijábamos en todos y cada uno de los detalles que conformaban las viñetas del tebeo.

¿Quién sabe? Quizá la próxima vez que salgamos de la oficina, nos encontremos con uno de esos monstruos y exclamemos: «¡Piernas para que os quiero»!». O tal vez no sea necesario haber acabado la jornada laboral para correr peripecias. Podemos leer el comic a la hora de comer… ¡O bien imaginarnos nuestras propias aventuras!

 

 

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