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Publicado en febrero 26th, 2015 | por Marcos Gendre

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Espeleólogos del pop: Disco Inferno

“Nos odiaban y nos llamaban ‘pretenciosos’ por intentar hacer cosas diferentes”.

Ian Crause

Si hay una banda injustamente perdida entre toda esta generación oculta tras la brillantina glam del britpop, esos son Disco Inferno. Al igual que ocurrió con Stereolab, Disco Inferno invocaron un mensaje de descontento muy emparentado con el post-punk británico. Si bien la influencia musical más evidente provenía de Joy Division, el brote aguerrido de su mensaje tenía más que ver con el brainstorming envenenado de Mark E. Smith; eso sí, con matices. No obstante, lo más sorprendente de su posicionamiento provenía desde su mismo planteamiento musical.

Disco Inferno representan el what if? más estimulante, en relación a cómo podrían haber sonado Joy Division en plenos años ’90. En particular, una canción como ‘Disorder’ es el molde perfecto sobre el que se marca la pauta de las pretensiones sonoras de Disco Inferno. La búsqueda de un entramado ambiental de sonidos urbanos que se suceden a lo largo del tema de Joy Division fue tomado por este trío británico que, como las innovaciones más excitantes, descontextualizó la esencia de la idea recogida por los mancunianos y lo tradujo en una nueva gramática sonora.

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Disco Inferno llevaron el uso del sampler más allá de los límites de la urbe, que había introducido Martin Hannett. Mejor aún, integraron una sinfonía de ruidos “naturales” provenientes de ríos o cascadas, provenientes de campos abiertos, Disco Inferno los reproducían a través de ejecuciones al fresco. El objetivo era preclaro: hacerlos chocar en un contraste atroz con el pulso caótico de la ciudad. El resultado: una literalidad sónica, por momentos, casi asfixiante y terriblemente atractiva un entramado sonoro súper espacioso, que se vio sublimada mediante su primer LP, el imprescindible D.I. Go Pop (Rough Trade, 1994). Este contraste físico entre la vida “espiritual” y la tensión de la urbe hace que Disco Inferno sean casi tan vitales en la evolución del sampler “no musical” como en su día lo fueron Kraftwerk a través de los sintetizadores. A este recurso, hay que añadir su proverbial uso del MIDI, mediante el que Disco Inferno lograron sacarle nuevas vías de expresión deconstructivas a la guitarra, y su interés por los patrones rítmicos de Bomb Squad: los ingenieros del ritmo industrial, que se propaga con paso marcial a lo largo de los imprescindibles cuatro primeros álbumes de Public Enemy.

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The Last Dance.

Disco Inferno son posiblemente la banda que supo darle un enfoque más personal al legado dejado por Joy Division. No hay más que escuchar el bajo híper musculado de ‘In Sharky Water’ o la piramidal ansiedad sintetizada que fluye en ‘Starbound: All Burn Out And Nowhere To Go’. Esta formación nacida en Essex tenían una visión única, pero pocos se dieron cuenta en su momento. Pero si hay un tema que mejor ejemplifica la conexión entre Disco Inferno y Joy Division, ese es ‘Technicolour’. Este corte tiene  no pocas conexiones con la locura gravitatoria que refulge a cada nuevo sonido que emerge a lo largo de Unknown Pleasures (Factory, 1979). Respecto al disco de la que proviene, Technicolour (Rough Trade, 1996), cabe decir que si D.I. Go Pop representa el paradigma de la traslación de la gramática sonora de Joy Division a un contexto más espacial, éste otro es la prueba viviente de que la herencia de los posteriores, New Order, también dejaron un poso enorme en futuras generaciones.

Tras una colección de EPs visionaria, el monumental D.I. Go Pop y Technicolour, Disco Inferno cerraron el telón 1996, poco antes de la publicación de su último LP. La absoluta ceguera que se cernía sobre ellos, les hacía incluso difícil encontrar conciertos.

En su momento, pocos supieron ver la grandeza de la misión llevada a cabo por Disco Inferno, pero poco más. Su imagen no vendía. Estaban en la franja entre el rock y la experimentación, que sólo Radiohead supo vender gracias a su binomía mágico: Kid A (Parlophone, 2000) y Amnesiac (Parlophone, 2001). En este sentido, “Disco Inferno es la banda que pone el “perdido” en “generación perdida”. Sus discos luchaban por encontrar hogares, incluso cuando la banda ya estaba en marcha, y desde aquella estaban siendo defendidos sobre todo por un pequeño grupo, entusiasta de críticos, coleccionistas, secretistas y geeks”.

“A pesar de que su música es algo de lo más emocionantemente y singular de su era, ofreciendo una de los mejores modelos de cómo funciona el impulso del post-rock, compartieron un background rock similar a la mayor parte de sus compañeros. Sus primeros trabajos tienen una fuerte conexión con en el sonido de la Factory Records de Manchester: la dispersa sensación oscura de Joy Division, el espacioso slow rock de Crispy Ambulance, y las grabaciones de Vini Reilly como The Durutti Column, que respaldaba a sus composiciones con guitarras de ensueño con todo tipo de samples y loops de cinta. En el principio, Disco Inferno no sonaban como ellos lo habían planeado o esperaban. Pero algo, a la entrada de los años 90, les dio la sacudida que necesitaban: alguna combinación de inspiración de los Young Gods, Public Enemy y el tecno”.

disco inferno foto 3“El vínculo entre los tres: el sample. Si hay algo que el conjunto de post-rock aprendió de otros géneros fue la forma de manipular la disposición de la textura y el espacio en un pedazo de musica -un truco de estudio de músical que la mayoría de las bandas de rock ya habían olvidado por completo-. Ian Crause abordó esta cuestión en su mayoría a través de Public Enemy y Bomb Squad, cuyas producciones ofrece un novedoso y sorprendente método para hacer mover la música: En lugar de cambiar los acordes o las notas, sus pistas se desplazan a través de diferentes combinaciones de sonido sampleado, cada bloque ocupa una posición diferente en el paisaje de la música. Crause cuenta que tenía la tecnología para aplicar esos conceptos dentro de la forma en que operaba un grupo de guitarras. Samplear el sonido MIDI significaba que el grupo podría utilizar sus instrumentos para “tocar” los sonidos que ellos quisieran a tiempo real en una habitación”.

“Lo más sorprendente de Disco Inferno, sin embargo, no es sólo su innovadora técnica, sino el hecho de lo rápidamente que se enteraron de cómo hacer música nueva más allá de esos trucos. A lo largo de 1993 y 1994, lanzaron una serie de cuatro EPs, desarrollando gradualmente un sonido tan escandalosamente nuevo como cualquier otra cosa de aquella época. Algo sobre el formato EP parecía adaptarse al proceso: era como un anuncio de que lo que estaban tratando era difícil y raro, lento y estudioso de hacer. En el momento en el que lanzaron un LP, D.I. Go Pop, ya habían logrado desarrollar un cancionero que estaba íntimamente vinculado con sus métodos. Las canciones en D.I. Go Pop iniciaron un nuevo enfoque de Crause con el sample: su cíclico, background de fondo alienígena se construyó a partir de los sonidos del agua, trozos de discos jazz, voces de niños. Alrededor de eso, la banda organizó suficientes elementos de rock tradicional para crear los contornos de la canción: repentinas líneas de bajo sólidas surgidas de la nada, fluidas partes de guitarra que se cuelan a través del ruido, guitarras acústicas dibujando patrones de acordes lejanos. Todo se tambalea entre lo concreto y lo abstracto, hasta la forma de cantar medio hablada de Crause”[1].

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De Disco Inferno también brota una rama que conecta con otro de los troncos más consistentes de la generación post. Así, antes de que Disco Inferno alcanzaran su plenitud musical, uno de sus miembros, Daniel Gish, partió hacia Bark Psychosis, otra de las bandas más fascinantes de los ’90, y herederos naturales de la semilla de no-rock promulgado desde Spirit Of Eden (Parlophone / EMI, 1988) y Laughing Stock (Verve / Polydor, 1991), las dos obras fundacionales de Talk Talk[2]. En estas obras, la máxima de “no hacer rock con instrumentos rock” alcanzaba su cénit y abría el camino para banda como Bark Psychosys: el puente más sólido entre la banda de Mark Hollis y bandas actuales como los geniales These New Puritans. Pero este es otro capítulo que también se merece otro punto y aparte.

 


[1] Abebe, Nitsuh: The Lost Generation: How UK Post-Rock Fell in Love With the Moon (And a Bunch of Bands Nobody Listened to Defined the 1990s), Pitchfork. (Traducción del autor.)

[2] Impresionante mutación la de esta banda nacida bajo el auspicio de los nuevos románticos de comienzos de los ’80. Tras un primer LP insustancial, The Party´s Over” (1982), Talk Talk fueron tornando paulatinamente sus conceptos musicales hasta una obra final, The Laughing Stock, de una riqueza de matices desbordante, donde trasluce una belleza superlativa en cada uno de sus surcos. Este monolito de música sin aranceles está impregnado por un enfoque personalísimo del jazz, la ambient music, el rock experimental, el folk y hasta la música clásica. The Laughing Stock” actua como  perfecta continuación de otra incluso superior. Esta obra anterior, llamada The Spirit Of Eden, con la que Talk Talk se ganaron los cielos mediante su planteamiento de música  a cámara lenta, espaciosa, de perfil espiritual. Mediante este filtro, lejos de caer en esnobismos o discursos vacíos, Mark Hollis y compañía cimentaron unas canciones de lecturas infinitas, donde la subjetividad de su impacto se convierte en su mejor arma para sobrecoger hasta cimas vertiginosas.

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