"El hábitat natural para tu mente enferma"


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Publicado en junio 3rd, 2016 | por Marcos Gendre

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It’s not funny anymore (II)

Tanto Metal Circus como su postura a ultranza en contra de las reglas invisibles del hardcore les puso en el punto de mira. Muchos no supieron ver a Hüsker Dü como houdinis en busca de la gran huida, sino como censores de una comunidad en la que habían sido encumbrados como unos de sus mesías. Sin embargo, con el paso del tiempo, surgió un nuevo punto de fricción contra todo lo que habían ayudado a asentar: su imagen estrambótica. Del bigote a lo Dalí de Norton a las camisas estilo “vacaciones en Acapulco” de Mould, pasando por las pintas de hippie vagabundo de Hart, cualquiera que no hubiera escuchado Land Speed Record (New Alliance, 1982) no podría haberse imaginado que aquellos tres tipos tan estrafalarios habían sido los firmantes de desbrozadores con el empuje inapelable de  ‘Bricklayer’ o ‘Let’s Go Die’.

Bob Mould: “De vez en cuando, nos llegan un par de cartas de California: ‘Tenéis la mentalidad correcta, pero no podéis ser hardcore porque no lo parecéis’. Al momento le respondí: ‘Por favor, no te molestes en volver a escribirnos de nuevo. No necesitamos este tipo de basura en nuestro buzón de correos’”[1].

La falta de imagen se convirtió en una norma. El efecto contrapuesto a esta actitud fue la consolidación de la no-imagen que, junto a otras bandas de aquellos tiempos -como Sonic Youth o Mission Of Burma-, derivó en una reacción consecuente contra todo tipo de valor ligado a la “autenticidad” del rock y su abecedario básico de poses modelo para mantener la distancia de “divinidad” con sus fans. Hüsker Dü fueron unos de los pioneros -los más extravagantes- en cultivar esta anti-imagen, heredada por las hordas de la segunda mitad de los ochenta, con bandas como Pixies y Throwing Muses como ejemplos más significativos.

Bob Mould: “Desde hace ya bastante tiempo que llevo Hüsker Dü, y no creo que necesitemos un gerente que nos diga lo que valemos. Lo más importante es que no queremos a alguien que trabaje en nuestra imagen, ya que nunca vamos a tener una”[2].

Bob Mould: “Si quieres ser como una banda hardcore punk, adelante. No estamos en la censura. Se trata de una presión de colegueo, eso es a todo lo que se reduce. No es como que estamos inconformes a propósito. Hay personas que hacen eso: tratar de no estar a la moda a propósito, porque eso en sí mismo ya es moda. Sólo se trata de lo que me pongo. Éstas son mis ropas, ¿sabes? La ropa no toca la guitarra ni canta; la ropa simplemente me cubre los genitales, eso es todo. Es lo que se ajusta a un grupo disidente. Yo sólo veo que la gente debería estar a gusto con lo que hacen, y ser capaces de defender lo que están haciendo. Si alguien te echa mierda acerca de lo que aparentas, deberías ser capaz de hacer lo que te haga sentir más cómodo. Al igual que decir: ‘No tengo tiempo para que me moleste tu opinión, porque así estoy cómodo’. Defiéndete como quieras que te puedas sentir  justificado”[3].

En mayo de 1984, Hart contaba cómo “desde hace dos años y medio, he dejado de escribir canciones para mohawks. Ahora escribo para mí mismo”[4].

Bob Mould: “Todo lo que el mundo lleva es su uniforme. Éste es mi uniforme, para bien o para mal. Elegí esta camisa porque necesito una camisa nueva. Soy una persona muy pragmática. No crítico a la gente por su apariencia. Realmente, no tengo tiempo para eso. Me gusta ocuparme de las cosas que me hacen feliz y me interesan, y la ropa no está en la agenda. Me pongo lo que me pongo ‘porque se seca rápidamente y puedo colgarlo en una percha cada noche’”[5].

Hüsker Dü estaban poniendo tierra de por medio de manera fulgurante. Los corsés se estaban deshilachando. El posicionamiento implícito a toda banda hardcore nacida en la era Reagan solía terminar en un alto porcentaje de propuestas vagamente panfletarias. La música estaba siendo arrinconada a un mero acompañamiento de acordes fotocopiados ad infinitum: todo el valor musical quedaba supeditado al mayor o menor ángulo de abertura que filtraba la intensidad de la rabia electrificada. Y cuando la música queda relegada a segundo plano, mal asunto.

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Bob Mould: “Nadie se está divirtiendo. Parece que mucha gente quiere que esto sea como una causa, como si estuviéramos en la música para una causa, o estar en la música por un resultado final. Ya sabes, estoy en esto por la música. Las personas que están en esto por las motivaciones políticas, simplemente no ven ningún objetivo, de verdad. Hay una cosa en los años 80, esto, lo literalmente radical, como las feministas; mucha de la gente hardcore y todas esas cosas, donde todo se toma en serio. Al igual que las bandas que llegan y se ponen en plan: ‘Bueno, los EE.UU. están jodidos, porque hemos encontrado toda estas evidencias mirando en la parte de arriba de una biblioteca’. Es toda esta interpretación literal, como las feministas, que la violación es la violencia contra las mujeres, tan literal, ¿sabes? La violación es la explotación contra los hombres también. Es como si sólo toman lo que quieren, como los radicales que sólo tienen este poco de información que es cierta, pero que interpretan de modo que justifica su causa por completo. Y no hay lugar a discusión, porque es un hecho. Ya sabes, si comienzan a discutir a nivel artístico o personal, no importa, porque están mirando estrictamente a nivel literal. Eso es algo que realmente ha cambiado mucho; cuando llegué por primera vez a la música, la gente estaba preocupada por las cosas. No hay nada de malo en ello, pero la gente no justificaba cada… Es como que era un cambio, ¿sabes? Algo que hacer. Yo no voy a cambiar la mierda política”[6].

Grant Hart: “Si quieres hacer algo, antes de empezar, limpia tu casa, ordena tu propio cuarto de baño. Si la gente echara un vistazo a quienes le compran la droga y luego lo eligieran presidente para que pudieran dejar de quejarse de Reagan… Quiero decir, es la misma maldita cosa”[7].

Bob Mould: “Tampoco estamos diciendo que eso [el hardcore] apeste, es sólo que ahora estamos haciendo otro tipo de cosas. Todavía estamos haciendo cosas muy energéticas”[8].

Bob Mould: “[El hardcore] es algo muy parecido al heavy metal de hoy en día. Son devotos, fans reales, pero llegan a ser tan devotos que llegan a ser fascistas a este respecto, al igual que las reglas del hardcore. […] Es ese tipo de pensamiento militante. Esas cosas me dan miedo, cuando las personas están tan cerradas de mente que sólo pueden encontrar una cosa en su vida que les resulta interesante. Es muy poco profundo”[9].

Grant Hart: “El heavy metal es estúpido, especialmente el nuevo heavy metal de hoy en día. Es infame, horrible”[10].

Grant Hart: “Led Zeppelin podrían comerse a cada una de esas jodidas bandas de heavy metal con pinchos”[11].

Otro de los grandes focos excluyentes del sectarismo hardcore provenía de un hecho más personal: la plana mayor se definía por una militancia de alto componente misógino. Y esta realidad chocaba de pleno con la condición gay de Hart y Mould.

Bob Mould: “Los gays en la escena hardcore se parecían mucho a los homosexuales en el ejército: si los militares dicen, ‘No preguntes, no digas’, el lema del hardcore punk era: ‘No lo anuncies, no te preocupes’. Si alguien hacía un comentario despectivo sobre los gays, me limitaba a decir: ‘Eso no está bien’ o ‘eres tan ignorante’. Era una manera de dar a conocer mis sentimientos sin difundir mi sexualidad”.

“En general, no había más homofobia en la escena hardcore que en cualquier otro lugar de los Estados Unidos, aunque, así como 1981 transcurría, los medios de comunicación comenzaron a informar sobre el ‘cáncer gay’, y la homofobia se intensificó en todo el país. La escena hardcore no parecía más o menos poblada de homosexuales que en la mayoría de las principales ciudades. Por otra parte, la escena atrajo a los marginales, las personas que se encontraban fuera de las normas de la sociedad, por lo que tal vez había una proporción más leve de gays a heterosexuales. Había bandas que eran claramente anti-gay -inmediatamente me viene a la mente los Bad Brains-, pero tampoco recuerdo mucha hostilidad hacia los gays. Lo que sí había era un enemigo común: Reagan[12], el presidente que no pudo hacer frente a la crisis del SIDA en un foro público hasta septiembre de 1985, tres meses después de que Rock Hudson, su viejo amigo de Hollywood, fuera diagnosticado como portador del SIDA”[13].

 


[1] Al Quint y Andy Thurston: “Hüsker Dü”, Suburban Punk. Traducción del autor.

[2] Gitter, Mike: “Hüsker Dü”, Boston Rock. Traducción del autor.

[3] Pages of Rage: “Hüsker Dü”. Traducción del autor.

[4] Hard Times: “Hüsker Dü”. Traducción del autor.

[5] Sullivan, Caroline: “A classic interview: ‘Hardcore is bands with three initials”, The Guardian. Traducción del autor.

[6] Pages of Rage: “Hüsker Dü”. Traducción del autor.

[7] Ibídem. Traducción del autor.

[8] Al Quint y Andy Thurston: “Hüsker Dü”, Suburban Punk. Traducción del autor.

[9] No Place To Hide: “Three swedish guys from the Zen Arcade”. Traducción del autor.

[10] A. Rice, Barbara: “Zen and the art of noise”, Truly Needy. Traducción del autor.

[11] Ibídem. Traducción del autor.

[12] Dentro de la postura común en contra de Reagan, los Dead Kennedys fueron la avanzadilla de este sentimiento. De hecho, un buen número de sus canciones tienen al presidente-actor como objetivo. De entre todas, “We’ve Got A Bigger Problema Now” representa el punto álgido de las referencias al presidente republicano. Aunque no será menos representativa la gira “Rock Against Reagan”, que llevaron a cabo durante 1984, y que se tradujo en el símbolo más locuaz de todo este movimiento.

[13] Bob Mould y Michael Azerrad: See a Little light. The trail of rage and melody, páginas 56-57. Traducción del autor.

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