"El hábitat natural para tu mente enferma"


Buenas Nuevas Beach Boys foto 4

Publicado en febrero 3rd, 2015 | por Marcos Gendre

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José Ángel González Balsa: “Bendita Locura” (Milenio, 2001)

¿Quién va a escuchar esta mierda? ¿Alguien con oídos de perro?

Mike Love a Brian Wilson, durante la grabación de Pet Sounds

 

Beach Boys foto 1Existen dos tipos de libros: los que se leen y los que te adentran entre sus páginas como si fueras casi partícipe de las escenas descritas. Definitivamente, Bendita Locura (Milenio, 2001) -ahora reeditado muy sabiamente por Milenio- pertenece a esta exclusiva segunda raza de obras. Escrito por José Ángel González Balsa, nada más arrancar con su lectura, se nota que este genial periodista gallego lo ha dado todo para llevar a cabo este proyecto. Experto y amante de la saga Beach Boys, primeramente el autor consigue lo que siempre se le pide a un ensayo musical: transmitir unas ganas crónicas por tener que repasar, o descubrir, los discos de los que habla, incluso cuando los critica. Pero si además la historia en la que nos sumerge es en “la tormentosa epopeya de Brian Wilson y Los Beach Boys” -tal como reza el subtítulo del libro-, la cosa puede llegar a cotas de puro éxtasis literario. Con semejante materia prima entre las manos, González Balsa acepta el desafío y se sube a las olas de locura que desprende el universo trágico de Brian Wilson. Para lograr salir victorioso, no le llega con dar una lección de profundísima investigación -lo de este libro es pura espeleología hacia el corazón de una época-, sino que se atreve a enfocar las escenas más relevantes en la historia del genio californiano, recreándolas mediante una gran habilidad para hacer hablar a sus verdaderos protagonistas.

Bendita Locura no es como un documental musical pasado al papel, tampoco una biografía; es mucho mejor que eso: una película con cámara al hombro hasta el centro de la mente de Brian Wilson. Este libro se lee con media sonrisa amarga, ante la avalancha de terribles anécdotas que emergen entre sus quinientas páginas, pero sobre todo con el corazón estrujado, debido al poso trágico que palpita en sus adentros. Brian Wilson llegó a lo más alto de la inspiración, su don es como un regalo divino, pero en el momento de alcanzar el éxtasis creativo, todo se desmorona. Pero antes de la caída, de acabar de sucumbir ante los Beatles, el fantasma de Phil Spector y su peor enemigo, él mismo, será capaz de haber gestado la colección de singles más esplendorosa del corazón de los ’60 y de cambiar el guión de la historia del pop para siempre. Gracias a Wilson, el pop se dejará de tomar como un producto exclusivo para la juventud y algunos de sus más geniales creadores -Marvin Gaye, Stevie Wonder- podrán empezar a ser los productores de sus propias obras.

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Brian, alecionando a su rebaño.

Precisamente, es en los pasajes que van de la gestación de Pet Sounds (Capitol, 1966) a la de Smile, el disco fantasma más famoso de todos los tiempos, donde se dan todas las claves: la incomprensión del resto de Beach Boys, la bajada irremisible al mundo del LSD, el rechazo crítico ante sus obras más fascinantes, el paréntesis con la grabación durante siete meses del single ‘Good Vibrations’. Si este es el alma del libro, el resto no le desmerece en absoluto. De hecho, el personaje más determinante antes de esta fase idílica de creatividad, es Murry Wilson, el terrible padre de la camada. Una personalidad enturbiada por los maltratos de su propio padre, entrar en el alma emponzoñada de Murry sirve para comprender a la perfección el proceso de evasión que Brian no sólo tuvo que hacer de su alrededor, sino de sí mismo.

Obligándole a cagar en un plato delante de toda la familia, atándolo a un árbol por haberse masturbado, Brian será objeto de un sinfín de humillaciones que González Balsa plasma con la crudeza exacta, sin necesidad de adornar, o recrearse, en situaciones ya de por sí suficientemente elocuentes. Y este es otro de los grandes valores de este libro: lo maravillosamente escrito que está. Suena a topicazo, pero en este caso en particular, es de justicia subrayar su estilo tan pasional como sencillo y claro. Para arrastrar al lector hacia el corazón de una historia, primero lo tiene que hacer su guía, el autor, quien ya llevaba muchos años dentro del volcán wilsoniano; se nota.

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Brian en su mesa de operaciones.

A la incólume tonelaje de conocimientos de los que Gonzáles Balsa hace gala, hay que sumar su enorme capacidad reflexiva, no exenta de un brillo poético, que evita cualquier tipo de simple narración de unos acontecimientos que, tal como él logra plasmar, se merecen un trato especial, como las canciones de Los Beach Boys: sencillas en apariencia, pero construidas como un engranaje casi milagroso por diferentes piezas unidas para dar con un sentimiento atemporal, siempre pegado a la epidermis y ligado a los recuerdos más vividos. Y es que, hasta en eso, le ha salido redonda la jugada a su autor: escribir un libro como si fuera una canción de los mejores Beach Boys.

 

 

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