"El hábitat natural para tu mente enferma"


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Publicado en febrero 2nd, 2020 | por Carmen Viñolo

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La era del consumo (IV): basura

«A lo largo del sur de Tailandia humanos y animales buscan una nueva forma de convivir y eso, a veces, requiere un poco de ingenio. 

En las islas de Similan y Surin viven los cangrejos ermitaños se protegen ocultando sus blandos cuerpos en las conchas abandonadas de otras criaturas. Viven hasta 30 años, así que a medida que crecen, se van mudando a casas más grandes. Pero existe una particular crisis inmobiliaria en esta isla. Estos idílicos escondites son imanes para los turistas, a quienes les cuesta resistirse a coger los suvenires que se encuentran. Cada vez que una concha es retirada, un cangrejo pierde un posible hogar. Así que estos astutos cangrejos han encontrado una alternativa. Cada noche, los guardas forestales limpian las playas y apilan la basura. En ese momento, los cangrejos hacen algo extraordinario. Buscan un hogar más moderno: una lata de caballa, por ejemplo. Al ser tan escasas las conchas, es una ingeniosa solución.»

 Documental Tailandia Salvaje. Los secretos del sur (R.U., 2016)

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La sociedad del consumo, de la sobreproducción, del capital, produce cantidades ingentes de desechos, causando un impacto brutal para el medioambiente y para la salud pública.

A punto de romper el equilibro de la naturaleza, consecuencias que no podemos imaginar, sino temer.

Si aún no somos conscientes de la devastación que está ocasionando la cultura del despilfarro, es porque los residuos se han estado exportando a otros territorios.

La mayor parte de residuos electrónicos de Estados Unidos no se reciclan, sino que se exportan. Un 65% de los residuos de Estados Unidos desembarcan en el puerto de Hong Kong, el tercero más grande del mundo. El puerto recibe 40.000 contenedores al día, se calcula que de ellos 100 son de residuos[1]. ¡¡¡100 contenedores de residuos al día!!!

Los contendedores de residuos electrónicos no tardan en adentrarse en la China continental. La ciudad de Guiyu está envuelta en una humareda, es la basura quemándose. Montones de basura. El documental de Cosima Dannoritzer, La tragedia electrónica (The E-Waste Tragedy, 2014), que sigue la estela de su anterior trabajo, Comprar, tirar, comprar (Prêt à jeter, 2010) da fe de ello: «Allí se reciclan residuos electrónicos a escala industrial El 80% de la población participa en el tratamiento de millones de toneladas de residuos cada año, con la connivencia de los países industrializados»[2]. Existen talleres familiares que se han especializado en «recuperar cantidades ínfimas de oro sumergiendo placas base en baños de ácido. Día tras día los trabajadores inhalan los humos tóxicos que pueden provocar cáncer. Después vierten el ácido que sobra al río, y listos. Las aguas subterráneas también están contaminadas y una simple taza de té se convierte en un cóctel de toxinas. La exposición continua a productos como los bifenilos, el plomo y el mercurio provoca problemas de salud como déficits neurológicos y cerebrales, enfermedades de la piel y un incremento de los defectos congénitos»[3].

Ghana es, junto a Nigeria, uno de los países africanos que más residuos electrónicos recibe. También allí hay un negocio de reciclaje y reparación. Andrew Owusu, técnico informático, repara ordenadores para luego venderlos a estudiantes, escuelas y pequeñas empresas: «Esta máquina viene de España. Descubrí que el disco duro no funcionaba y lo cambié por uno que funciona. Éste tenía un problema en la VGA. Le cambié la VGA y ahora funciona. Si localizo el problema lo arreglo en 10 o 30 minutos»[4]. En Ghana la mayoría de personas no pueden permitirse productos electrónicos de primera mano, por lo que recurren a artículos de segunda mano. «Aquí en África no es fácil conseguir un ordenador. Así que no los tiramos sin más, los reparamos»[5].

No obstante, sólo una ínfima parte de los residuos electrónicos que llegan a Ghana son susceptibles de repararse o reciclarse. «Más del 80% acaban abandonados en vertederos de todo el país»[6].

Mientras tanto, cada año los desechos aumentan de forma exponencial. Los seres humanos que trabajan en los vertederos, muchos de ellos niños, sufren las consecuencias. El humo tóxico que se produce al quemar los productos para conseguir los metales puede provocar cáncer o lesiones cerebrales[7].

Mike Anane, un activista medioambiental ghanés relata cómo lo que ahora es el vertedero de Agbogbloshie, en Accra, en su infancia conformaba un paisaje muy distinto: «Aquí había un río precioso, el Odaw, que serpenteaba por esta zona. Rebosaba de vida, había muchos peces. Yo, de hecho, iba a la escuela no lejos de aquí, veníamos a jugar a fútbol y a pasar el rato cerca del río. Los pescadores organizaban paseos en barca. Ahora todo ha desaparecido»[8]. «Esto es un crimen de proporciones gigantescas»[9], sentencia.

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¿Cómo acaban tantos residuos electrónicos en países como China o Ghana? ¿Cómo si desde 1989, cuando se firmó la convención de Basilea, el primer tratado contra los residuos tóxicos, se prohibió el tráfico de residuos electrónicos? Todos los estados miembros de la Unión Europea han ratificado el tratado. Además, en Europa cuando un consumidor adquiere un producto electrónico paga una tasa de reciclaje, que se incluye en su precio. Esta tasa se impone para que el aparato sea reciclado en el propio país. Ahora bien, «dos tercios de los residuos electrónicos nunca llegan a una planta de reciclaje homologada en la Unión Europea. España es uno de los países más afectados»[10].

La raíz del problema debemos encontrarla en que el tráfico de residuos electrónicos es una empresa sumamente lucrativa. «Mueve más dinero que el negocio de la droga»[11]. Existe una red mundial de traficantes que se lucran de estos desechos y aprovechan la falta de control exhaustivo en las aduanas y puertos, que se ven sobrepasados por el enorme tráfico de mercancías y la falta de recursos. En los puertos de origen los residuos son declarados como artículos de segunda mano, situando en la boca de los contenedores productos en buen estado, para que pasen la inspección en caso de ser revisados. En los puertos de destino, las corruptelas abundan: sobornos, regalos a los funcionarios, son el pan de cada día. Muchas veces se califican los aparatos como desechos para que se paguen menos tasas, de modo que entran en el país sin pagar prácticamente impuestos[12], lo que supone una merma considerable en las arcas del Estado.

Mike Anane: «No tiene sentido recibir residuos si no puedes tratarlos, menos aún si no son tuyos y tu país se convierte en el vertedero del mundo»[13].

Cosima Dannoritzer plantea una solución pragmática a esta crisis: «Puesto que cuando compramos un ordenador nuevo en Europa su reciclaje está incluido en el precio, ¿no debería este dinero acabar en manos de quien realmente recicla, esté donde esté? Si los residuos electrónicos continúan exportándose, ¿no se debería ampliar el sistema de reciclaje europeo y construir plantas de reciclaje modernas en lugares como Ghana»[14].

Sin duda, es preciso dar un giro radical a nuestra conducta y una llamada de atención a los gobiernos y las grandes corporaciones, que sólo puede realizarse a través de la movilización ciudadana, así como de la propia conducta: desde no cambiar de móvil cada dos por tres, intentar reparar los aparatos cuando se estropean, etc. También, apoyar iniciativas pro-medioambientales. Por ejemplo, en lugar de reciclar envases, ¿por qué no reutilizarlos? Hace apenas 30 años, los cascos de las botellas de vidrio se devolvían a los supermercados. El cliente recibía un importe por cada devolución; las botellas se limpiaban y recuperaban su vida útil, cumpliendo un clico más natural, sin necesidad de ser destruidas y vueltas a construir, con todo el impacto medioambiental que este proceso comporta.

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Por otro lado, no toda la basura que produce el sistema de la sobreproducción y el hiperconsumo termina en los vertederos de Asia o África. Aquellos residuos que no son rentables y no se reciclan acaban en muchos casos en el mar.  En 1997, el oceanógrafo Charles Moore tuvo su primer encuentro con la contaminación de plásticos en el Océano Pacífico. «No se trataba de restos continuos como lo es ahora, sino piezas perdidas aquí y allá. Podía permanecer en cubierta durante cinco minutos sin ver nada más que los restos de la civilización»[15]. Desde entonces, se ha dedicado a investigar el impacto de la producción y el consumo de los plásticos en los océanos. Ha documentando las grandes extensiones de desechos plásticos que ahora ensucian nuestros océanos y que se han convertido en verdaderas islas de plástico, compuestas en su mayoría por pequeños trozos, no mayores que un grano de arroz. Lo que hace muy difícil su extracción.

A través de la fundación Algalita Marine Research se ha propuesto concienciar a las personas sobre esta catástrofe y encontrar maneras de restringir su crecimiento.

Charles Moore: «Los estadounidenses usamos dos millones de botellas de plástico cada 5 minutos»[16].

En sus viajes a través de los océanos ha descubierto zonas costeras que contienen más plástico que plancton. «Sólo nosotros, los seres humanos, producimos basura que la naturaleza no puede digerir»[17], advierte. También alerta del hecho de que nosotros no veamos nuestra basura, no significa que no esté en algún lugar: «“Lejos” ya no es un lugar sin nombre, son nuestros océanos»[18].

Markus Eriksen, del Instituto 5 Gyres afirma: «Atrás quedaron las tontas nociones de que puedes poner redes en el océano y resolver el problema. Esta nube de microplásticos se extiende tanto vertical como horizontalmente»[19]. Además, gran parte del plástico, un 70%, se deposita en el fondo marino.

El plástico no sólo contamina las aguas de los océanos, sino a los seres vivos que allí habitan. Los residuos entran en la cadena alimentaria, ocasionando desnutrición, enfermedades o el fallecimiento, provocando un sufrimiento gratuito a los animales hasta su muerte.

Mientras en verano las costas se llenan de turistas que disfrutan del mar con sus colchonetas de plástico y se refrescan con sus botellas de usar y tirar, los animales marinos están muriendo. Según documenta Charles Moore, numerosos albatros mueren al confundir los tapones de las botellas de plástico con comida[20]. Se estima que un millón de pájaros y 100.000 mamíferos marinos perecen cada año debido a los residuos plásticos[21]. Un millón de pájaros y 100.000 mamíferos marinos. Un verdadero genocidio. Especies como los cachalotes o las ballenas picudas «son especialmente susceptibles de tragar plástico y artes de pesca, ya que se parecen a sus presas naturales, calamares, de la misma manera que una tortuga marina es susceptible a tragar bolsas de plástico porque se parecen a las medusas. Las ballenas barbadas sufren el mismo destino, no porque la basura se parezca a su comida, sino porque tragan grandes cantidades de agua cuando se alimentan. El plástico no es digerible, y una vez que llega a los intestinos, se acumula y los obstruye».[22]

Se tiene constancia de innumerables casos de especies que han fallecido a causa de los residuos plásticos[23]:

- Un cachalote muere debido a una obstrucción estomacal después de ingerir bolsas y láminas de plástico. (Islas Lavezzi, en el mar Tirreno, 1989)

- Un cachalote muere a causa de una obstrucción del intestino por desechos plásticos. (Islandia, 1990)

- Un rorcual de Bryde quedó varada; se descubrió que su estómago estaba apretado por seis metros cuadrados de basura plástica, incluidas bolsas de supermercado, paquetes de alimentos y fragmentos de bolsas de basura. (Cairns, Australia, agosto de 2000)

- Un cachalote muere al haber ingerido alrededor de 100 residuos plásticos. (Mykonos, Grecia, 2006)

- Una ballena picuda de 20 años de edad muere tras ingerir una sola bolsa de plástico. (Islas Cook, Rarotonga, julio de 2006)

- Un cachalote aparece en la costa. Su estómago estaba lleno de redes de pesca, sogas y bolsas de plástico. (Point Reyes, California, 2008)

- Una ballena gris muere después de quedar varada en una playa. Su estómago contenía, entre otros desechos, más de 20 bolsas de plástico, guantes quirúrgicos, piezas de plástico, cinta adhesiva y un par de pantalones deportivos. (Seattle, abril de 2010)

- Una ballena picuda es encontrada en una playa con 4,5 kilos de plástico en el estómago. (Puerto Rico, mayo de 2011)

- Un cachalote quedó varado en una playa. Se intentó un rescate, pero el animal no sobrevivió. Tenía plástico en su estómago. (Tershelling, Países Bajos, 29 de julio de 2013)

- Un cachalote de 10 metros fue encontrado en la playa de Castell de Ferro. Se había tragado 59 productos de plástico diferentes, un total de 18 kilogramos. La mayoría de los plásticos consistían en láminas transparentes utilizadas para construir invernaderos en Almería y Granada. (Granada, España, marzo de 2013)

- Una ballena muere con 40 kilos de plástico en su estómago. Poco antes de fallecer, el mamífero vomitaba sangre. «Los desechos de plástico eran tan densos que parecían una pelota de béisbol. Su cuerpo se estaba destruyendo a sí mismo desde dentro. El ácido estomacal, incapaz de descomponer los residuos plásticos, había desgastado el revestimiento del estómago»[24]. (Golfo de Dávao, Filipinas, 16 de marzo de 2009)

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La cultura del usar y tirar se ha arraigado tanto en la conciencia de las personas que se ha convertido en la ideología imperante. Se usa y se tira de forma automática. Muchas veces es un acto de falta de respecto cuando se visitan países extranjeros estando de vacaciones o de festival de música. En 2016 una persona documentó los restos de basura que habían dejado los asistentes en la zona de acampada una vez el festival FIB de Benicàssim (España) finalizó. No se trataba sólo de botellas de plástico, latas de cerveza o restos de comida, como cabría esperar. Los asistentes habían abandonado todo tipo de productos como tiendas de campaña, sillas, esteras, toallas, ropa, almohadas, neveras, maletas, sombrillas, entre muchos otros.

La estampa es desoladora. Más cuando la persona que documentó los hechos, me describió cómo muchos de los productos habían sido rotos adrede para que los locales no pudieran hacer uso de ellos posteriormente. Encima de guarros, mezquinos.

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Este tipo de conducta, propia del cerdo burgués explotador y asesino del medioambiente, se ha trasladado a los ciudadanos de a pie que visitan un país y no sólo lo ensucian y contaminan, sino que impiden el reciclaje de su basura. Lo que es harto sintomático.

Nos encontramos, pues, frente a las últimas consecuencias del giro que ha sufrido la clase trabajadora en el proceso de la mimetización de la democracia con el capital: el aburguesamiento de la clase trabajadora, la fascinación por el lujo y el desapego absoluto hacia los efectos colaterales que esta conducta provoca, especialmente si se dan en países ajenos.

Este cambio de conducta, de conciencia, hondamente perturbadora, plantea la cuestión de si realmente será posible frenar el desastre ecológico y social que estamos a punto de presenciar.

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[1]Cosima Dannoritzer: La tragedia electrónica.

[2]Ibídem.

[3]Ibídem.

[4]Cosima Dannoritzer: Comprar, tirar, comprar.

[5]Ibídem.

[6]Ibídem.

[7]Cosima Dannoritzer: La tragedia electrónica. 

[8]Cosima Dannoritzer: Comprar, tirar, comprar.

[9]Cosima Dannoritzer: La tragedia electrónica. 

[10]Ibídem.

[11]Ibídem.

[12]Ibídem.

[13]Cosima Dannoritzer: Comprar, tirar, comprar.

[14]Cosima Dannoritzer: La tragedia electrónica. 

[15]http://www.captain-charles-moore.org/about

[16]Charles Moore: «Seas of plastic», TED, febrero de 2009, https://www.ted.com/talks/capt_charles_moore_on_the_seas_of_plastic

[17]Ibídem.

[18]Ibídem.

[19]David Nield: «There’s Another Huge Plastic Garbage Patch in The Pacific Ocean , Science Alert», 25 de julio de 2017,

https://www.sciencealert.com/scientists-just-found-another-huge-plastic-garbage-patch-in-the-pacific-ocean

[20]Charles Moore: «Seas of plastic».

[21]«Plastic kills whales and other “wild life”», 29 de julio de 2013, https://www.eaglewingtours.com/plastic-kills-whales-and-other-wild-life/

[22]Realnews24: «Gray Whale Dies Bringing Us A Message The Entire World Should See», 5 de noviembre de 2013, http://www.realnews24.com/gray-whale-dies-bringing-us-a-message-with-stomach-full-of-plastic-trash/

[23]Fuentes:Charles P. Pierce: «The Human Stain», Esquire, 7 de noviembre de 2013, https://www.esquire.com/news-politics/politics/a19771/sperm-whale-found-with-plastic-in-stomach-110713/, Erwin Vermeulen: «As the Oceans Choke on Plastic so do the Whales», https://seashepherd.org/2013/08/08/as-the-oceans-choke-on-plastic-so-do-the-whales/, Realnews24: «Gray Whale Dies Bringing Us A Message The Entire World Should See», 5 de noviembre de 2013, http://www.realnews24.com/gray-whale-dies-bringing-us-a-message-with-stomach-full-of-plastic-trash/y Rafael Méndez: «Un cachalote ahogado en plástico», El País, 6 de marzo de 2013, https://elpais.com/sociedad/2013/03/06/actualidad/1362603322_404086.html

[24]Alejandra Borunda: «This young whale died with 88 pounds of plastic in its stomach», National Geographic, 18 de marzo de 2019, https://www.nationalgeographic.com/environment/2019/03/whale-dies-88-pounds-plastic-philippines/

 

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