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Publicado en noviembre 25th, 2018 | por Carmen Viñolo

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“La maldición de la pantera rosa” de Blake Edwards

A fecha de hoy, la comedia estadounidense, en lo que a cine se refiere, está más deshinchada que un flotador después del verano. No tienen gracia ninguna, ni salero ni imaginación. De ahí que, al descubrir una película menor del gran genio de la comedia, Blake Edwards, rompiera en carcajadas.

La maldición de la pantera rosa (The curse of the Pink Panther, 1983) no es, desde luego, la mejor de la saga, aunque tampoco la peor. La irreparable pérdida de Peters Sellers en junio de 1980 suponía un hándicap del que Edwards no salió bien parado en la peli anterior, Tras la pista de la pantera rosa (Trail of the Pink Panther, 1982). Sin embargo, en La maldición apuesta por dar un giro a la historia: se le ocurre la brillante idea de introducir a un detective que se encargará de buscar a Clouseau quien, desde el anterior episodio, se halla desaparecido. El nuevo detective, el sargento Clifton Sleigh (Ted Wass), es, por supuesto, igual de inútil y patoso que su predecesor. La idea de Blake Edwards estribaba que Wass se convirtiera en el sucesor de Sellers, y la acción se trasladase de París a Nueva York. De hecho, Ted tenía un contrato para cinco películas más.

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Ted Wass

El fracaso de taquilla que supuso el filme truncó las ilusiones de Edwards de continuar en el mundo de la Pantera Rosa y su continuo despiporre. Lo cierto es que Ted Wass no estaba a la altura. No tenía nada especial, era sólo un hombre patoso con aire infantil. Soso en extremo, a pesar de apoyarse en un guión que proseguía con golpes de efecto hilarantes.

Pese a ello, el filme mantiene el ritmo, la comedia en cada escena. Además, recupera a personajes de las primeras películas como Sir Charles Litton (David Niven) o Lady Simone Litton (Capucine). Cuenta también con el extraordinario Cato (Burt Kwouk), el sargento Francois Duval (André Maranne), con su inconfundible cara de funcionario, o el camarero de Víctor o Victoria, (Graham Stark), un clásico en la filmografía del director.

El reparto incluye a la condesa Chandra interpretada por Joanna Lumley, protagonista de la exitosa serie británica Zafiro y Acero (Sapphire & Steel, 1979-1982), eso sí, en el largometraje aparece con el pelo teñido de negro azabache, quizá para desligarla del  mítico personaje catódico.

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Joanna Lumley

Y, como no, uno de los pilares de la serie, el jefe inspector Charles LaRousse Dreyfus, interpretado magistralmente por Herbert Lom, a quien la desaparición de Clouseau no le salva de las desgracias que provoca el nuevo detective, a cada cual más bruta.

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Charles LaRousse Dreyfus, de mal en peor.

Uno de los puntos curiosos de la película es que parte de ella transcurre en España. La búsqueda del sargento Clifton Sleigh lo lleva a lugares como Madrid, Mallorca o Valencia, donde se celebran las fallas y el carnaval al mismo tiempo. Las calles colmadas de bote en bote. Todo el mundo se divierte y baila dando saltos… De manera que la persecución de los matones que intentan liquidar al sargento se desarrolla también así, dando saltitos. ¿No es genial?

Por último, resaltar algo entrañable: el espíritu de Clouseau/Sellers está presente durante todo el metraje. En el amago de su sucesor, en el guión:

El sargento Clifton Sleigh visita a Charles Litton en busca de pistas. 

CHARLES LITTON

¿Desea usted saber si el inspector Clouseau me había interrogado a raíz del robo de la Pantera Rosa?

CLIFTON SLEIGH

Sí.

CHARLES LITTON

Sí.

CLIFTON SLEIGH

¿Sí?

CHARLES LITTON

Sí, me interrogó tres días después del robo. El tres de agosto, para ser exactos, a la una y quince minutos. Se quedó a almorzar.

LADY LITTON

 Y  se cayó a la piscina.

, …en la guinda del pastel: el Inspector se ha hecho la cirugía y amanece como el mismísimo Roger Moore, ¡el de 007! Y el tío lo clava con los gestos de kárate propios de Clouseau y su innata torpeza. Hasta acaba con una cubitera en la cabeza[1].

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Si bien Edwards no consiguió que las cinco películas restantes salieran adelante, alcanzó uno de sus objetivos: que fuera una respuesta cómica a James Bond. ¡Con el propio Bond nada más y nada menos!


[1]En aquella época, Roger Moore estaba rodando Octopussy y se cogió unos días para rodar el cameo. Y ese mismo hecho se introdujo en el guión:

CLIFTON SLEIGH.- Antes de salir de Nueva York leí que estaba haciendo una película.

CONDESA CHANDRA.- Le dieron vacaciones.

INSPECTOR CLOUSEAU.- Sí, tengo dos semanas de vacaciones.

 

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