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Publicado en febrero 2nd, 2015 | por Editorial

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Las Hurdes y el teatro: Carmen Lloret nos habla de “La hipoteca de nuestra vida”

Se cumple un año de la publicación de La hipoteca de nuestra vida (Ñaque, 2014), la única obra teatral que tuvo las agallas de abordar lo que se nos venía encima, mucho antes de que sucediera. Tras más de seis años desde su creación, este texto señala los orígenes de la dramática situación actual, y nos revela quiénes somos. No se trata tan sólo de una obra sobre la crisis, sino que engloba un universal, una posibilidad: la caída en desgracia de la clase trabajadora.

Entrevistamos a Carmen Lloret, coautora, junto a Juan Soto Viñolo, del texto.

 ¿Cuándo y cómo surge La hipoteca de nuestra vida?

Por el título podría pensarse que escribimos La hipoteca hace poco, pero lo cierto es que la idea de hacer una obra de teatro sobre las hipotecas y sus terribles consecuencias, surgió ya en 2006. Por aquél entonces yo vivía en Viena (Austria) y cuando venía a España de visita, me chocaba muchísimo el encarecimiento de la vida: los precios abusivos de la vivienda, la inflación en los productos de primera necesidad, etc. Pero lo que más me chocaba era la vorágine consumista que se había apoderado de la mayor parte de la población. Parecía que todos estaban locos por comprarse un piso, un coche, hacer reformas, irse de crucero o qué sé yo. A veces me preguntaba si realmente estaba en España o en Estados Unidos. Era una locura.

En aquellos días daba la sensación de que todo estaba al alcance de la mano.

Sí, en efecto. Todo podía comprarse, eso sí, previo contrato de hipoteca, crédito o microcrédito, es decir, a través de un endeudamiento masivo de gran parte de la ciudadanía. Aunque, si se analiza la situación fríamente, no era algo absurdo o irracional. España ha sido, de toda la vida, un país de miserables. Las Hurdes. La pobreza siempre ha estado ahí. Quizá las generaciones más jóvenes no la hayan conocido en primera persona, pero es algo que todos los españolitos acarreamos, de alguna manera, en nuestro fuero interno: ese miedo atroz a la miseria. De ahí, el afán por ser propietarios.

Por otro lado, la generación hipotecada era una generación que se había acostumbrado a vivir muy bien, a tenerlo todo. ¿Cómo iban ellos a renunciar a tener una casa o un piso en propiedad? Lo que pasó es que después de que el PP liberalizara el suelo en este país, según ellos para que, gracias al libre mercado y a la libre competencia, bajasen los precios, ocurrió justo lo contrario: los precios se dispararon. Y, sorprendentemente, la gente siguió comprando, hipotecándose por veinte, treinta o cuarenta años, sin siquiera plantearse las posibles consecuencias de tal endeudamiento en sus propias vidas. Fue entonces, cuando empecé a pensar en que la irrupción de una crisis era sólo cuestión de tiempo. Porque cualquiera que conozca un poco el sistema capitalista sabe que éste, sí o sí, tiene crisis cíclicas debidas a la sobreproducción. Sinceramente, nunca pensé que la crisis llegaría tan pronto, pero sabía que, tarde o temprano, se iba a presentar. Y la pregunta era: ¿qué va a pasar con las miles de familias hipotecadas, cuando llegue la crisis y no puedan afrontar el pago de la hipoteca? Ironías del destino: acabamos de escribir la obra justo una semana antes de que empezara la crisis en España.

HIPOTECA

La hipoteca de nuestra vida lleva un subtítulo Sólo un milagro.

Nos llevó mucho tiempo dar con el título adecuado. No nos salía. A veces te atrancas con el título y no hay manera. Durante un tiempo la llamamos “Óscar y Cristina”, los nombres de sus dos protagonistas, pero no nos acababa de gustar. Le propuse a Juan “Treinta años y un día”, pero Juan la descartó. Dijo que sonaba muy judicial. Al cabo de mucho tiempo se nos ocurrió “Sólo un milagro”, que es lo único que puede salvar a la pareja de acabar en la calle, al no poder afrontar los gastos de la hipoteca. Y finalmente surgió “La hipoteca de nuestra vida”, que resume la obra perfectamente, aparte de ser un juego de palabras, porque lo que dice este título es que la vida de los protagonistas es una hipoteca en sí misma.

Los protagonistas de La hipoteca son Óscar y Cristina, una pareja de recién casados que acaban de comprarse un pisito.

Óscar y Cristina son todos, casi todos, los españoles de a pie. Son dos españolitos, sí, sé que eso parece algo antiguo, del franquismo, pero seguimos siendo españolitos como hace sesenta años. Gentes que tragan con todo y que no tienen ni la más remota idea de cómo funciona el mundo fuera de España. Seamos sinceros, todavía no lo hemos superado. Quizá no lo hagamos nunca.

¿Por qué abordasteis el problema de las hipotecas desde la perspectiva de una pareja normal y corriente y no desde alguien en el poder?

No nos interesaba abordar este tema desde el poder, sino que queríamos hablar de lo que se le venía encima a la gente. De hecho, escribimos la obra con un objetivo muy claro: alertar a todos esos españolitos de lo que iba a pasar, porque iban directos a la boca del lobo. Pensamos que el teatro era la forma más adecuada y efectiva para hacerlo. Aunque luego las cosas no salieran como esperábamos. Es una lástima y, por supuesto, un indicativo de cómo anda el teatro en este país, que tras más de seis años, NADIE se haya atrevido a representar La hipoteca de nuestra vida en un escenario. Y, durante todo este tiempo, hemos enviado el texto a todo el mundo.

La obra mantiene un equilibrio formidable entre un humor negrísimo y una crítica voraz.

La hipoteca es una tragicomedia en la que hay un primer acto hilarante, de esos que, de tanto reír, te caes al suelo de la butaca. Un segundo acto muy cómico, pero en el que aparecen los primeros problemas y finalmente, irrumpe la tragedia en el tercer acto, aunque en forma de humor, negro, como una sotana.

Es la lógica de la obra y de los acontecimientos: el primer acto se sitúa en la noche de bodas, todo es ilusión, dos jóvenes que creen que se comerán el mundo y serán felices para siempre -justo lo que pasaba en la España pre-crisis, cuando la gente creía que las vacas flacas no iban a llegar nunca-, en el segundo comienza el proceso de empobrecimiento -los precios no dejan de subir, tienen que pagar la hipoteca, Cristina espera un bebé…- y en el tercero llega la caída en la miseria de estos personajes, que va en paralelo a la ruina económica que sufre todo el país. Ha irrumpido la crisis, la tragedia.

A pesar de que todo lo que ha generado la crisis, después de seis años nadie ha escrito sobre este tema…

Lo cierto es que al principio, cuando empezó la crisis, teníamos mucho miedo de que nos pisaran la idea, de que a alguien se le ocurriera hacer algo parecido. Pero después de seis años todavía nadie ha hecho una obra con esta temática. Sí, varias compañías han representado Aquí no paga nadie de Dario Fo -lo que por otro lado, está en la línea de lo que hacen las compañías españolas, que es siempre ir a buscar fuera, en lugar de interesarse por lo que se hace aquí -, pero no se ha tocado el tema de las hipotecas de manera directa. Además, nosotros escribimos La hipoteca antes de que la crisis empezara. Y escribimos cosas concretas que han acabado pasando: hay gente que se ha arrojado por la ventana, al no poder hacerse cargo de las deudas.

La perspectiva actual es distinta, porque la desgracia se ha mediatizado mucho y quien se ponga ahora a escribir sobre esto, tendrá un enfoque muy condicionado por la situación actual y, sobre todo, por la imagen que tenemos de ella. Por otro lado, creo que hoy en día nadie se atrevería a escribir una comedia sobre este tema. La situación se ha vuelto demasiado dramática, y nos hemos olvidado completamente de lo que pasaba hace seis o diez años, cuando se estaba gestando todo. Nosotros, en cambio, al escribir La hipoteca fuimos completamente libres. Estábamos escribiendo sobre una suposición, nos limitamos a contar -mucho antes de que pasara- lo que iba a acontecer en muchos hogares españoles.

Algunas personas piensan que escribir teatro es pan comido, que se trata sólo de engarzar un par de diálogos y de acciones. Pero olvidan que el teatro, en realidad, es terreno de filósofos.

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“La hipoteca de nuestra vida” puede adquirirse en http://www.naque.es/la-hipoteca-de-nuestra-vida

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