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Publicado en marzo 30th, 2015 | por Carmen Viñolo

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Las víctimas republicanas de la Guerra Civil Española (V): el exilio, la II GM y los campos de concentración

 

“He combatido por un ideal de libertad y justicia y yo no vuelvo a España.

Lo he perdido todo”.

Pablo Escribano

 

Enero de 1939. Se produce el gran éxodo de Barcelona. La población huye aterrorizada. Le acompaña el ejército republicano. La represión no cesó una vez tomada la ciudad condal. La aviación alemana e italiana disparaba a los civiles que huían por las carreteras, derrotados, hambrientos y en ocasiones incluso descalzos. Entre ellos se encontraban innumerables mujeres, niños, enfermos, ancianos y mutilados a los que había que exterminar antes de que cruzaran la frontera. Emérita Arbones nos proporciona su testimonio de aquellos días: “Yo viendo esa cola de gente, criaturas de pecho, que necesitaban de mamar, caminando; criaturitas pequeñas que lloraban; carros; bicicletas; coches destrozados y todo, todo, iba hacia arriba por esa carretera y yo, pues, tuve esa cosa de decir, esto es lo que yo he soñado y, claro, lo que había soñado yo era la Divina Comedia, porque la había leído”[1].

En los últimos meses de la guerra cruzaron la frontera en poco más de tres semanas 465.000 personas[2]. Al llegar a Francia fueron despojados de sus bienes. Las armas fueron confiscadas. Jean Olibó, que en aquel tiempo era secretario del alcalde de Persignan, encontró a un hombre que bajaba de la montaña. Olibó iba acompañado por el alcalde. Le pidieron que les entregara la ametralladora que portaba. Él les respondió con un rotundo “no”. “Más vale salvarla, porque mañana os hará falta a vosotros”, sentenció el miliciano. Olibó afirma años después: “No era un presagio, no era una adivinación. Era una verdad que llegó algunos meses mas tarde: la guerra con Alemania”[3].

Los desplazados no fueron recibidos como esperaban. El emblema francés “Liberté, Egalité, Fraternité” resultó no ser otra cosa que un slogan[4].  Guillermo Maté Martín, quien estuvo preso en el campo de concentración de Argelès sur Mer afirmó: “La idea que teníamos los españoles antes de pasar la frontera era que íbamos a un país de libertad y fraternidad, que nos acogería sin problemas […] el recibimiento francés fue casi hasta inhumano”[5]. Leandre Saun define asimismo el trato recibido en el campo de Argelès como “bestia” e “infame”[6].

En los últimos meses de la guerra Francia se vio desbordada por la cantidad de desplazados que cruzaron la frontera. El campo de concentración situado en la playa se hallaba desprovisto de todo. Al principio no había más que las alambradas y la arena húmeda. “Como manta las nubes y como abrigo las alambradas”[7]. Las primeras barracas no se construyeron hasta tres meses después del gran éxodo. Antes los prisioneros se las apañaban con las lonas de los camiones a modo de tiendas de campaña. La organización del campo partió de los españoles, nunca de las autoridades francesas. No había qué comer ni qué beber. Hacía frío. Era invierno. Y la tramontana azotaba con fuerza. Hubo una epidemia de disentería que provocó numerosas muertes, sobre todo en los más mayores.

Los desplazados recibieron asimismo un trato infame por parte de la derecha francesa, que los calificó de “rojos de mala calaña”[8]. La prensa derechista se cebó del mismo modo con los desplazados. Yves Dautun publicó un artículo en el periódico L’Émancipation Nationale en el que afirmaba: “Francia se ha visto invadida por el ejército marxista en retirada. ¡Señor, protégenos de la peste!”[9]. Le Figaro los llamó “indeseables y subversivos”[10]. Gringoire y L’Action Française, que formaban parte de la prensa de ultraderecha los denominó “peste roja”[11].

La población los recibió con una mezcla de lástima, compasión, odio y miedo. En muchos casos ayudaron a los reclusos, facilitándoles alimentos.

La irrupción de la II Guerra Mundial

 

“En septiembre de 1939 las tropas de Adolf Hitler invaden Polonia. Unos días más tarde  Inglaterra y Francia le declaran la guerra.  500.000 republicanos encerrados todavía en los campos desde febrero viven con horror, pero sin sorpresa los acontecimientos. El fascismo al que se enfrenta Francia es el mismo contra el que ya lucharon en España. Y [Europa] asiste incrédula a lo que una lectura realista de la Guerra Civil Española hubiera permitido presagiar”.

                                                   Voz en off en El sueño derrotado. La historia del exilio.

Tras el estallido de la II Guerra Mundial muchos de los prisioneros españoles de los campos franceses se ofrecen voluntarios para luchar en el frente. Una gran parte de ellos acabarán convirtiéndose en mano de obra esclava en los campos de trabajo. Otros consiguen alistarse en el ejército o la legión extranjera. Algunos pasan a formar parte de la resistencia francesa. En el cementerio de Narvik, población Noruega donde tuvo lugar la batalla de abril de 1940, el 40% de las tumbas tienen nombre español. Asimismo, veinte mil españoles lucharon en la batalla de Dunkerque, que se prolongó desde el 24 de mayo al 4 de junio. La mayoría murió en los bombardeos o fueron hechos prisioneros y trasladados a campos de concentración nazis. Cinco mil consiguieron escapar, siendo los últimos en abandonar la zona. Fueron evacuados y trasladados a Inglaterra, donde permanecieron en campos de concentración hasta el final de la guerra[12].

El convoy de los 927

Entre los desplazados de la guerra, muchos fueron a parar al campo de concentración francés de Angouleme, que más tarde quedaría dentro de la zona ocupada por los nazis. La embajada alemana en Madrid envió cuatro cartas al Ministerio de Asuntos Exteriores español en las que se preguntaba qué hacer con los españoles del campo. No obtuvieron respuesta. Finalmente el 20 de agosto de 1940 partió de la población francesa un tren que más tarde recibiría el nombre de “El convoy de los 927” y que inauguraba los transportes de la muerte de los nazis. El convoy estaba formado por 927 personas, entre ellas hombres, mujeres y niños. Los presos desconocían su paradero. En un primer momento se les dijo que iban a España. Sin embargo, el tren se dirigía hacia el norte.  Fueron transportados desde Angouleme hasta el campo de exterminio austriaco de Mauthausen en vagones de ganado. El trayecto se prolongó durante 18 días. Al llegar a Mauthausen separaron a los hombres de las mujeres y los niños. Los hombres se quedaron en el campo, mientras que las mujeres y los niños fueron trasladados de nuevo. Pararon en un campo de concentración para mujeres en Alemania, pero finalmente fueron conducidas de vuelta a Francia con destino a España. No obstante, el calvario no había acabado para ellas. Al llegar a España fueron abandonados a su suerte en una vía muerta. Tras unas horas inciertas, un empleado de la estación se percató de ellas y las rescató. En Asturias fueron recibidas por una cáfila de franquistas que les gritaban: “Ahí vienen los rojos, los asesinos”[13]. El franquismo supuso un nuevo martirio. Sufrieron torturas, interrogatorios y humillaciones.

De los 430 españoles del convoy que llegaron a Mauthausen sobrevivieron 73.  Sesenta mutilados no fueron siquiera inscritos, porque se los eliminó cuando salieron del tren[14].  Al llegar se les proveyó de un triángulo azul que significaba “apartida” con su correspondiente “número de matrícula” y se les comunicó su sentencia de muerte: “Vosotros que habéis entrado por esa gran puerta, sólo saldréis de aquí por la chimenea”[15]. Nadie debía salir del campo. “Estábamos llamados a desaparecer sin dejar huella”, afirma Matías Arranz, preso en Mauthausen, y sostiene que la esperanza de vida en el campo era de 6 meses. Para los judíos, de 15 días. Si transcurrido este periodo de tiempo continuaban vivos, eran arrojados por la cantera[16]. Mauthausen había sido inaugurado en 1938. En 1940 era todavía un campo en construcción. Los españoles construyeron la muralla que circundaba el campo. Félix Quesada, prisionero del campo de exterminio atestigua: “Cada piedra de Mauthausen está firmada por un español con sangre”[17].

Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco y Ministro de Asuntos Exteriores, es responsable en gran parte de la suerte de los deportados. Contestó en una única ocasión a las demandas de la embajada alemana en letra manuscrita: “Puesto que no parece oportuno hacer nada a favor de los internos, archívese”[18]. Más tarde Suñer aseguraría no tener noticia de los campos de concentración nazi hasta 1943. Sin embargo, varios hechos lo desmienten: Las repetidas misivas que le dirigió la embajada alemana, entre las que se encontraba la que el propio Suñer respondió; certificados de defunción de los presos y la autorización de repatriación de dos reclusos. Por tanto, se puede afirmar que hubo un intento premeditado de eliminación de los deportados españoles por parte del régimen franquista.

Fransesc Boix fue uno de los principales testigos de los Juicios de Nüremberg. Boix había trabajado en el laboratorio fotográfico del campo y consiguió con ayuda de otros presos y una mujer austriaca del pueblo colindante, hacerse con algunos negativos. Gracias a ellos, se constataron y demostraron las atrocidades cometidas en el campo de exterminio.


[1] Serra, Jaime/ Serra, Daniel, La guerra cotidiana, producida por Sagrera T.V y Planeta 2010, España 2001. 

[2] Serra, Jaime/ Serra, Daniel, El sueño derrotado. La historia del exilio, producida por Sagrera T.V y Planeta 2010, España 2002.

[3] Carvajal, Pedro, Exilio. El exilio republicano español. 1939-1978, producido por Televisión Española, España 2002.

[4] Testimonio de Ángel Olmedo, quien estuvo preso en el campo de concentración de Angouleme y posteriormente en Mauthausen, en Armengou, Montse, El comboi dels 927, en la serie 30 Minuts “La nostra memoria”, producida por Serveis Informatius de TV3, España 2004.

[5] Alted, Alicia, La voz de los vencidos. El exilio republicano de 1939, Editorial Aguilar, Buenos Aires 2003, página 63.

[6] Serra, Jaime/ Serra, Daniel, El sueño derrotado. La historia del exilio, producida por Sagrera T.V y Planeta 2010, España 2002.

[7] Testimonio de Matías Arranz quien estuvo recluido en el campo de Argelès y sobrevivió a Mauthausen, en Íbidem.

[8] Íbidem.

[9] Alted, Alicia, La voz de los vencidos. El exilio republicano de 1939, Editorial Aguilar, Buenos Aires 2003, página 64.

[10] Íbidem, página 65.

[11] Íbidem, página 67.

[12] Carvajal, Pedro, Exilio. El exilio republicano español. 1939-1978, producido por Televisión Española, España 2002.

[13] Armengou, Montse, El comboi dels 927, en la serie 30 Minuts “La nostra memoria”, producida por Serveis Informatius de TV3, España 2004.

[14] Íbidem.

[15] Armengou, Montse, El comboi dels 927, en la serie 30 Minuts “La nostra memoria”, producida por Serveis Informatius de TV3, España 2004 y Serra, Jaime/ Serra, Daniel, El sueño derrotado. La historia del exilio, producida por Sagrera T.V y Planeta 2010, España 2002.

[16] Serra, Jaime/ Serra, Daniel, El sueño derrotado. La historia del exilio, producida por Sagrera T.V y Planeta 2010, España 2002.

[17] Armengou, Montse, El comboi dels 927, en la serie 30 Minuts “La nostra memoria”, producida por Serveis Informatius de TV3, España 2004.

[18] Íbidem.

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