"El hábitat natural para tu mente enferma"


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Publicado en junio 2nd, 2018 | por Marcos Gendre

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Miles Davis. “On the Corner”, gran oda al ritmo (I)

“Cuando empecé a tocar contra ese nuevo ritmo, primero tuve que acostumbrarme a él. (…) Tocar la nueva mierda fue un proceso gradual”.

Miles Davis

DAVE LIEBMAN, LO VIEJO Y LO NUEVO

Tras casi dos años sin dejar grabaciones nuevas en estudio, Miles retornó con Macero a la madriguera en busca de algo más concreto que en anteriores ocasiones: un disco para las generaciones crecientes del funk. La conexión con esta comunidad en expansión se tradujo en una máxima expresada desde la misma portada ideada para el álbum. A diferencia de la cubierta de Bitches Brew, en On The Corner Miles expresa un ideal de belleza afroamericana, concepto que volvió a repetir en Big Fun, aunque ya había sido expuesto en Filles Du Kilimanjaro. Este envoltorio actúa como respuesta a un disco de interioridades, aparentemente, deslavazadas. Miles estaba aplicando su particular teoría del caos como canalización de un brote de hermosura insurgente, marcada por la liberación del ritmo como praxis.

Una de las aportaciones que marcaron la personalidad de lo que Miles se traía entre manos se basó en la inclusión de Dave Liebman en su banda. Para no faltar a la leyenda del recibimiento tan particular reservado a cada nuevo miembro de la formación de Miles, en el caso de Liebman, éste se unió a la misma el 1 de junio de 1972. Aquel día, Liebman tenía una cita con su doctor en Brooklyn. Estando en la sala de espera, fue cuando, en un momento puntual, la secretaria de la consulta preguntó en la sala: “¿Está Dave Liebman por aquí?”. Nada más coger el teléfono, la madre de Liebman le cuenta que alguien llamado Teo Macero le había dicho que tenía que ir de inmediato al estudio a grabar con Miles. Las sesiones de Miles siempre eran de 10:00 a 13:00. Y la llamada la recibió a las 11:30. La providencia quiso que aquel día Liebman llevara su saxo tenor consigo. Pero si quería tener alguna oportunidad de grabar de verdad tendría que hacer acto de presencia en el estudio cuanto antes. Liebman sabía que Miles era un obsesivo de la puntualidad. Así que fue en busca de su coche como un poseso, y llegó a su destino a las 12:30.

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Nada más entrar por la puerta, Liebman pudo distinguir la imponente foto de banda que se le plantó en sus narices, formada por John McLaughlin, Chick Corea, Don Alias, Herbie Hancock, Michael Henderson, Colin Walcott, Larry Young, Jack DeJohnette, Billy Hart, Badal Roy y Harold Williams. Todos estaban sentados, quietos, centrados en la vibración sónica. De repente, Miles se dirigió a él directamente.

Dave Liebman: “Miles estaba de pie junto a Jack y le susurraba al oído la forma en que solía transmitir sus indicaciones, con esa voz de grava. Todo el mundo estaba realmente quieto, atento. Había un gran micrófono en el centro del estudio; obviamente, el micrófono de Miles. Él dijo: ‘Vamos’, y comenzaron a tocar. Tienes que recordar que todo el mundo estaba eléctrificado; todos conectados a teclados, guitarras, órganos, bajo. Yo no tenía auriculares, ¡por lo que todo sonaba como si fueran clics! Todo lo que podía oír era la batería, además de un poco de las tablas y las congas. Básicamente, no creo que hubiera ningún amplificador de verdad en el estudio. Miles hizo un gesto moviendo sus dedos en plan: ‘Coge tu saxo’. Cogí el soprano, y me señaló que me acercara a ese micrófono gigantesco. Me impulsó a tocar. Literalmente, me puso la mano en la espalda para ir hacia el micrófono”.

“[Durante mi actuación] se me oye buscando a tientas ¡porque no podía oír en qué maldita clave estaba! No podía oír nada. No podía escuchar el origen. Nadie me dijo ni una sola palabra, y todo el mundo estaba bombeando música en sus teclados y tambores. No tuve tiempo de pensar, pero toqué bien. De todos modos, eso fue todo. La toma fue del tipo que va menguando porque, como he aprendido, durante aquel periodo, no había comienzos ni finales en ninguna de esas melodías. Fue algo incómodo. Podía sentir la presencia de Miles congelando a todo el mundo. La sesión pareció terminar. A continuación, todo el mundo estaba dejando sus instrumentos de viento o lo que tuvieran. No sabía qué hacer. Nadie me dijo nada. Dejé el saxo y entré en la cabina. Pensé que tal vez podría oír de nuevo lo que hicimos, algo que por supuesto nunca sucedió. Teo me comunicó: ‘Firme aquí, en este papel, y recibirá un cheque’,  algo así. Entonces entendí que lo que aprendí fue algo más que el proceso final de sus grabaciones. Miles cogió el cassette y desapareció. La limusina lo estaba esperando, obviamente. Cuando pasó a mi lado [aún no me había dicho ni una palabra], me espetó: ‘Deberías unirte a mi banda’”.

161667658“Seis meses después, más o menos, en la segunda semana de enero de 1973, estaba con Elvin [Jones] tocando por una semana en el Village Vanguard. El martes por la noche, Miles apareció justo al principio del concierto. Max Gordon le preguntó: ‘¿Qué haces aquí?’. ‘Nada más que dando un paseo, saliendo’. Era muy guay, solo, sin trompeta, sin comitiva, ni chica, ni nada. Steve Grossman estaba en la banda en aquel momento, y no habló con Miles, lo cual fue extraño porque que Steve había trabajado recientemente con él. No recuerdo si se dijeron alguna palabra. Mi novia en aquellos tiempos, Eleana, estaba sentada con Miles mientras yo estaba tocando. Él era muy agradable, muy guay. Esto sucedió sólo unos meses después de que él se hubiera roto los dos tobillos en un accidente de coche muy publicitado. Ocurrió cuando pasaba por una isleta de tráfico en la carretera deWest Side Highwayen octubre [de 1972]. Durante un descanso, me dijo: ‘Vamos a tocar el viernes y el sábado por la noche’. Exactamente, no puedo decirte de qué hablamos, fue algo muy parecido a ‘tienes que unirte a la banda’. Él estaba allí para hacerse con mis servicios. El miércoles por la noche, regresó de nuevo. Me dijo algo así como: ‘Tú no quieres tocar esta mierda durante más tiempo”.

[…]

 “[El viernes] por la noche, fui al teatro, el que hasta hacía poco era el famoso Fillmore East, situado entre Second Avenue y 6th Street, que había cerrado en junio de 1971. Ahora se había reabierto bajo el nombre de Village East, con nuevos propietarios, y había dos grupos: el de Miles y el Paul Winter Consort. Fui al backstage y vi al batería Al Foster, también reconocí a Badal Roy. Al menos, había algunos rostros familiares. Lo siguiente que recuerdo es que me enchufé y mi sonido salía como a través de 700 vatios de amplificadores Marshall. Nunca había tenido una experiencia así en toda mi vida, con un cable saliendo de mi saxo. Miles llegó y no dijo ni una sola palabra, no habló con nadie”[1].

Cuando tocaban, Miles ocupaba el epicentro de un semi-círculo. Enfundado en su capa y con la mirada agazapada tras sus gafas, dignas de la resurrección funk de un Dios egipcio. Miles llevaba la batuta en todo momento, como un director de orquesta. De hecho, esta disposición en directo fue adoptada con no pocas intenciones por Swans en su resurrección vivida a partir de 2010. Con Michael Gira en medio y catalizando los afluentes telepáticos surgidos, el alma de los Cisnes es posiblemente quien, dentro de las camadas rock, mejor ha sabido entender la forma de comunicación sobre las tablas de Davis. No hay más que recordar cualquiera de los conciertos ofrecidos por esta banda neoyorkina entre 2010 y 2017. Pura catarsis, en los que siempre flotaba una sensación de incertidumbre absoluta, aunque rota por la intensidad de los sonidos generados. No es de extrañar que Gira estuviera obsesionado con On The Corner. Pero en los conciertos que de aquella estaba ofreciendo Miles, su presencia tenía más que ver con una especie de doppelgänger oscuro de Sun Ra. Su estrambótica presencia era como la de una marciano afro-glam en medio de una discoteca de Saturno.

La banda que acompañaba a Miles en aquel concierto era la conformada por Cedric Lawson al órgano eléctrico, Khalil Balakrishna al sitar eléctrico, Al Foster a la batería, Badal Roy a las tablas, James Mtume a las congas, Reggie Lucas a la guitarra, Michael Henderson al bajo y Dave Liebman al saxo. “Yo no tenía ni idea de lo que estaba haciendo”, explica Liebman. “Cuando Miles me dio la mano y me señaló, toqué, y luego me cortó. Eso es todo lo que sé, y eso fue todo. El concierto fue corto, tal vez una hora y cuarto, si eso. Nadie me dijo una sola palabra”[2].

“Tomé un taxi hasta el [Village] Vanguard a través de la ciudad y me paré en los escalones interiores. Era el viernes por la noche del 12 de enero, el cumpleaños de mi madre. Me paré en esos famosos escalones que conducen al Village Vanguard, donde me puse a escuchar cómo tocaban Steve, Gene [Perla] y Elvin. Nunca lo olvidaré. Disfruté el momento. Allí estaba yo, regresando de un ambiente de Star Wars del siglo XXI, de vuelta a las raíces. Era el viejo mundo y el nuevo, y yo había experimentado ambos aquella noche”.

“Debo decir, que aquella fue una noche que destaca por encima de cualquier otra noche que tenga algún tipo de relación con la música, porque toqué con los dos y fue el comienzo de otra vida para mí. Me quedé parado en esos escalones escuchando, reflexionando. No fue algo excesivamente dramático, simplemente me quedé allí de pie diciéndome a mi mismo: ‘En verdad, esto significa algo, Dave’. ¡Hablaba de ser un músico de jazz! Estar con Elvin Jones me ayudó a ser aceptado. Pero yo iba a tocar con Miles Davis, lo que, de alguna manera, significaba que entrabas en la línea de Bird. Estabas ocupando el lugar de Trane. Estabas tomando el lugar de Wayne. Por supuesto, había otros como Gary Bartz, Grossman y Carlos Ward, cuyo lugar tomé. Pero esto significaba un cierto tipo de legitimidad que hablaba por sí misma: la parte superior de la cadena alimenticia, por así decirlo”[3].

“Finalmente, bajé las escaleras en medio del set y, durante el resto de la noche, tomé mi lugar habitual junto a Elvin. Fuimos a Boston y toqué la semana siguiente con Elvin. Una semana más tarde, me uní a Miles, tal como había prometido. Es una historia tan dramática como estupenda. Recuerdo muy bien los detalles porque se incrustaron de tal forma en mi mente que ya han permanecido ahí por siempre. Todo fue originado por Miles, the Vanguard, la gracia de Elvin y esa primera noche tocando esa música”[4].

 



 

 

 

 

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