"El hábitat natural para tu mente enferma"


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Publicado en abril 13th, 2019 | por Marcos Gendre

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New Day Rising: el amanecer de Hüsker Dü (IV)

Bob Mould: “Grant y yo estábamos produciendo en masa. Maldita sea, yo realmente no sé lo que es. Últimamente, tanto Grant como yo nos habíamos estado reventando el culo con un montón de canciones realmente buenas. No sé, la mayoría de las bandas creo que no tienen tres compositores. ¿Cuántas bandas tienen baterías que escriben? Bueno, a Greg se le ocurrió algo nuevo recientemente. Él viene con ideas de vez en cuando. Pero, en realidad, no las ejecuta. Es algo que, en realidad, nunca hablamos entre nosotros. No estoy muy seguro de lo que está pasando con él. Greg es una especie de misterio, a su manera. Creo que la existencia de Greg es diferente. Ha elegido una forma diferente de viajar. Quiero decir que tiene un montón de amigos, trabaja a tiempo parcial. Vive en casa. Él no viene mucho a la ciudad. Ha tenido la misma novia desde hace cinco o seis años. Él tiene otros amigos y va y juega a las cartas, va a las discotecas respetables; le gustan los clubes de jazz y sale con gente diferente”.

Grant Hart: “Mientras yo y Bob estábamos escribiendo las canciones, Greg estaba jugando al golf. Él se separó mucho de este campo. Se llevó la parte más divertida. Greg es la clase de gente que no podría aguantar a un anti-Greg. Greg siempre tuvo una vida privada que no llegó a él a través o por la banda”.

Bob Mould: “Greg se extrapolaba de la banda mucho más que los demás. No había una gran cantidad de contribución por su parte, a excepción de su aportación en directo y su parte en la conducción de la furgoneta”.

La batalla entre Mould y Hart no se limitaba a los terrenos creativos. Durante aquella temporada, Mould decidió que, si alguien de la banda tenía que ser el manager, debía ser él, y no Greg.

Bob Mould: “También hubo algunas fricciones porque yo estaba literalmente dirigiendo el cotarro: reserva de conciertos, coordinando actividades con SST, y, en general, estaba en calidad de manager de la banda. En los primeros días del grupo, Greg hacía las reservas. Cuando me di cuenta de que podríamos hacerlo mucho mejor, yo tomé esa tarea. No se lo pedí a Greg. Simplemente le dije: ‘Puedo hacerlo mejor’. Yo sólo quería asegurarme de que nos pagaran por lo que hacíamos”.

En cualquier otra banda esta fractura interna los hubiera precipitado al ocaso. Sin embargo, en Hüsker Dü la reacción fue el aumento del ego por parte de Mould y Hart. La retroalimentación del odio naciente fue la semilla de dos direcciones creativas con un fin en común: imponerse el uno al otro. Como derivación de este sentimiento mutuo, Mould vislumbró una meta mayor, aunque fuera desde su estado habitual de alcoholismo asumido: convertir a Hüsker Dü en la banda más grande del mundo, fijación que para New Day Rising contempló desde un perenne estado de ebriedad.

Bob Mould: “Si Zen Arcade fue el ‘álbum del gramo de metanfetamina de cristal en la primera taza de café’, New Day Rising fue mi álbum del alcoholismo. Sin duda, ésa es la razón por la que las sesiones no destacan mucho para mí. Yo llevaba un tiempo bebiendo de forma abusiva, y no hace falta hacer un gran esfuerzo para poder sentir mi estado de ebriedad. En ‘Perfect Example’ estaba sentado solo frente a un micrófono abierto, un poquito demasiado borracho, murmurando a través de una serie de dudas, temores y remordimientos. Las palabras cayeron en el verso libre, y sin sentido, de la explosión hardcore de ‘Watcha Drinkin’: ‘No me importa lo que digan / Hoy voy a estar bebiendo’”.

‘Perfect Example’ es la representación más descarnada del estado de Mould. No canta, balbucea. El grifo gotea palabras sin forma, la expresión más sincera de su permanente lucha por ahuyentar sus demonios internos. No se entiende lo que dice, pero no es porque su pista de voz esté sumergida en la mezcla. Mould está borracho, pero lo suficientemente consciente para avivar los bordes de las palabras; sobre todo, cuando llega el momento de la declaración más poderosamente autobiográfica de todo el disco.

A perfect example is all the things it’s done to me
I think I might lose my mind, but not my memory
A perfect example is what we all wish we could be

I think I might lose my mind
I think I might lose my mind
You think you might lose your mind
But not the memory, means a lot to me

Cuando Mould eleva el tono en esta parte, se palpa hasta el último resquicio de su rabia interior: la gasolina que le propulsa en todo momento, pero también el río de veneno que desequilibra totalmente su razón. Es como un escaner de “lo contenido”, el efecto invisible que desencadenan todos sus actos. Resulta terriblemente conmovedor. ‘Perfect Example’ es la instantánea del reconocimiento de la locura autoinfligida, un acto terrible de sinceridad, el dolor latente tras la cicatriz. Sólo ‘Too Far Down’ puede equipararse en sus dolorosos fines terapéuticos.

Asimismo, ‘Perfect Example’ refuerza la sensación atmosférica que planea en todo momento. El sonido abruma por su encauce frontal. Sin embargo, se puede mascar el aire que fluye entre las pistas. Se trata de una atmósfera tensa, oscura, como el sol negro que aparece comandando la portada. ‘Powerline’ reproduce esta sensación al milímetro. Desde la obnubilante línea inicial trazado por Norton a las cuatro cuerdas, el tercer Hüsker no sólo plasma su contribución más brillante en todo el álbum, sino que abre de par en par el lado sombrío del acabado exultante general.

Bob Mould: “Nos gusta enmascarar todo un poco. Creo que a veces el orden de consonantes y sibilantes es tan importante como las palabras mismas. Estas canciones son más atmosféricas que hímnicas. Hay una diferencia: puedes escribir las canciones con el estribillo que todo el mundo recordará, aunque también puedes escribir las canciones de las que nadie conoce realmente las letras, y en las que puedes añadir o eliminar gradualmente lo que quieras. Como en ‘Perfect Example’, las palabras son realmente confusas, es la sensación de que te encuentras con algo más”.

Bob Mould: “No quiero hacer de este sonido algo pomposo, pero, a veces, trascienden las palabras reales. A veces, el estado emocional que se puede llegar a alcanzar es mucho más penetrante que el uso del inglés. A veces prefiero gritar; y otras, murmurar. En realidad, no tenemos tiempo para inventar nada. A veces, particularmente, no siento que al cantar la gente escuche las palabras que quiere oír”.

A pesar del dolor teñido de melancolía que recorre la médula espinal de canciones como ‘Celebrated Summer’, ‘I Apologize’ o ‘Perfect Example’, New Day Rising está construido con andamiajes sonoros de intensidad magnética. Cualquiera de estas tres canciones está expuesta con el corazón abierto en canal. La melancolía implícita está tan poderosamente expuesta que se confunde con un estado de intensidad eufórica.

La impresión de que Mould está en todo momento bailando sobre la cuerda floja anticipa las teorías del escritor búlgaro Ilija Trojanow: una vez que aceptamos que el miedo es algo intrínseco de cada acción o decisión que tomamos en la vida, podremos convivir con él, tomarlo como algo natural.

La sensación que se resuelve es la de un optimismo derivado de la causa final: la lucha que se puede palpar en todo momento, de la que el mismo desarrollo enarbolado de la intensidad prevé la épica del acto en sí: la fuerza desarbolada de un animal confuso, pero reconocedor de sus instintos. A pesar del póquer de joyas compuesto por Hart, Mould se apropió completamente de New Day Rising. Estamos ante el disco más “Mould” dentro de toda la trayectoria de Hüsker Dü.

Aun así, sería de necios obviar la brutal materia autobiográfica que Hart ha insertado entre sus resortes. Y más ante una demostración del calibre de “The Girl Who Lives On Heaven Hill”. Para todo el que pensara que “Heaven Hill” es un lugar onírico, la realidad es bien distinta: la referencia es acerca de la marca de botellas de vodka que una amiga suya bebía compulsivamente, hasta morir de cáncer. La rabia con la que están interpretada desborda los surcos del vinilo. La voz de Hart está enfrascada en una lucha a muerte con la tormenta eléctrica desatada por Mould. Cuanto más aumenta la potencia del toque de Mould, más se crece la voz de Hart, distorsionada y devaluada entre el resto de pistas por obra y gracia de Spot.

Lo que, en un principio, podría ser un defecto en la grabación, transmuta en uno de esos casos donde el déficit deviene en virtud; en este caso, al remarcar la gravedad de la furia desaforada de Hart, que en todo momento intenta sobreponerse al resto de los elementos que edifican la canción; sobre todo cuando llegamos al punto álgido del crescendo paulatino sobre el que cabalga.

I’d trade big mountains and rooms full of gold

For just one look at the beauty of this woman’s soul
Up on heaven hill is where I wanna be
That girl that bottle that mattress and me

Por esta ocasión, la interpretación de Hart no tiene nada que envidiar a las de Mould, cuando éste traza su trayecto vocal desde una panorámica totalmente visceral.

La esperanza naciente de un Mould sumergido en pos de encontrarse a sí mismo se palpa desde ‘New Day Rising’, la canción que abre el disco, y en la que Mould repite como un poseso “new day rising” con la convicción de autoconvencerse a sí mismo de la existencia de esta meta. La representación de esta canción viene marcada por la misma portada del disco. Se trata de un amanecer sobre uno de los lagos de Minneapolis. La foto es de Hart, que ha captado un sol negro en la distancia. Sin embargo, el rastro de su luz es dorado, sobre un mar en calma. En primer plano, la presencia de dos perros imbuidos en la oscuridad. El contraste de una oscuridad integrada dentro de un amanecer descrito en el infinito del mar supone la primera señal de ir contra Zen Arcade, aunque también una sensación de independencia absoluta respecto al resto de la escena de Minneapolis.

Bob Mould: “Sólo era una reacción contra Zen Arcade. Zen Arcade era más largo, más oscuro. Pasó por un montón de cambios. Ahí estaban las pequeños transiciones en piano y guitarras, etc. Con New Day Rising nos dijimos: “Al diablo con eso, vamos a acabar con todo lo que hicimos y hacer lo que estábamos haciendo. Fue como volver a empezar de nuevo”.

“Esto no quiere decir que no habrá otro Zen Arcade. Bien podría ser. Es muy fácil de hacer ese tipo de discos”.

Grant Hart: “Es muy fácil entrar en una rutina en la que también tienes ventaja sobre ti mismo todo el tiempo: ‘¡Oh!, el último álbum tenía timbales, por lo que éste tiene que tener un arpa…’”.

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