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Publicado en enero 27th, 2018 | por Santi Suárez

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Nuestros “monstruos” favoritos (Aleros y ala-pivots)

En un mundo de gigantes como es el baloncesto, han existido o existen una serie de jugadores que han podido inspirar nuestras peores pesadillas. Vaya desde todo el cariño del mundo y a modo de homenaje estos artículos reseñando a una serie de jugadores que son o han sido buenos o excelentes jugadores, pero que desde luego no nos apetecería encontrarnos en un callejón oscuro por la noche. En esta entrega, bajamos un peldaño y recordamos a algunos “aterradores” muchachos que poblaron o pueblan en la actualidad las pistas del básket FIBA y NBA en las posiciones de 3 y 4.

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Gregor Fucka (Eslovenia, 1971)

Lechoso, desgarbado, con peinado a lo Alfalfa y cara de anciano desde su adolescencia…la figura de Gregor Fucka resultaba todo un poema, y una total antítesis a cualquier rigor estético. Ya si nos vamos al plano meramente deportivo, aquí la cosa cambia, ya que el italiano de origen esloveno fue sin duda uno de los mejores ala-pívots europeos de finales de la década de los 90 y principios del siglo XXI. Un auténtico superclase que jugó en la flor y nata de los equipos europeos en su momento (Trieste, Milán, Fortitudo Bolonia, Barça, Akasvayu Girona en su currículum). Con ellos ganó toda clase de títulos (Euroliga, Europeo de selecciones, copas y ligas en España e Italia figuran en su palmarés).

El bueno de Gregor medía 2,15, pero pese a ello podía jugar tanto de “3″ como de “4″. A unos enormes fundamentos, unía el hecho de ser ambidiestro, y bastante más fuerte de lo que su desgarbado aspecto podría presagiar. Gracias a ello, apuró su carrera hasta rozar la frontera de los 40 años.

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Mihalis Pelekanos (Grecia, 1981)

Reconozco tener una especial debilidad por este jugador, porque lo cierto que la primera vez que lo vi fue con la camiseta del Real Madrid, y me “acojonó”. No tanto por la calidad de su juego, sino más bien por su apabullante boca llena de dientes y por sus lunares-verrugas que poco tenían que envidiar a los del gran Lemmy Kilmister.

Precedido de una gran reputación en Grecia como consumado especialista defensivo y nombrado jugador de mayor progresión de la liga griega un año antes, en las filas del Panellinios, el bueno de Mihalis tuvo una temporada discretísima en su paso por la capital madrileña, junto a otro compatriota que dejó escasa huella en la casa blanca, como fue Lazaros Papadopoulos. Ambos resultaron una enorme decepción en aquel desastroso Real Madrid de la temporada 2007-2008.

Por donde vino, se fue, y decidió regresar a un grande de su país como es el Olympiacos, pero allí tampoco llegó a ser relevante, y la sucesión de equipos continuó (Maroussi, Aris de Salónica, Ploiesti en Rumanía y Peristeri). Sin duda, un buen jugador de equipo, pero en ningún caso la estrella que algunos llegaron a predecir.

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Popeye Jones (EEUU, 1970)

Un jugador que debería de estar fuera de esta lista por “abusón”, pero lo cierto es que con ese nombre y esas orejas es difícil no resultar entrañable. La ilustrativa imagen de arriba supone sin duda, una de las fotos en la que el gran Popeye salía más favorecido de todas en las que ha aparecido a lo largo de su extensa carrera: ¡Imagínense el percal! En numerosos rankings ha sido reconocido como uno de los jugadores más feos de toda la historia de la NBA, que ya es decir habida cuenta de la cantidad de “bellezones” que han plagado la liga a lo largo de las diversas décadas de competición.

Dentro del aspecto meramente deportivo, Ronald Jerome Jones fue un tremendo “currela”, que jugó un año en Italia, como paso previo a sus 11 temporadas en la NBA repartidas en una retahila de equipos: Dallas Mavericks, Toronto Raptors, Boston Celtics, Denver Nuggets, Washington Wizards, Dallas Mavericks  y Golden State Warriors. Básicamente era un ala-pívot bajito para el puesto (2,03 m), pero muy intenso en defensa y en el cierre del rebote, siendo un especialista del “juego sucio”. El gran Andrés Montes lo bautizó con una de sus frases más recordadas (que ya es decir) a lo largo de todos sus años como comentarista y creador de motes de jugadores: “¿Qué es el viento? Las orejas de Popeye en movimiento”.

Actualmente, es un entrenador ayudante de prestigio dentro de la NBA, en las filas de los Indiana Pacers, donde hemos podido observar una enorme tendencia a la expansión a lo ancho, lo cual termina por acrecentar su “amenazadora” figura.

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Anthony Davis (EEUU, 1993)

Uno de los mejores jugadores del baloncesto actual también tiene su cabida en este artículo. Lo cierto es que lo suyo tiene mérito, porque teniendo el dinero por castigo, permanece fiel a su famoso rasgo: su poblado entrecejo, algo que con unas simples pinzas de depilar se solucionaría. Lejos de ello, lo ha terminado por convertir en su seña de identidad, y es común conocerle por el sobrenombre de “La ceja”. De la piñata mejor no hablar, porque hasta Benidorm parece un ejemplo de orden frente a ella. La evolución estética del que para muchos es el mejor ala-pívot de la actualidad, está siendo bastante más lenta (aunque segura) respecto a su juego, que a sus espléndidos 24 añitos todavía no ha llegado a su techo, cuando ya se encuentra en los altares de la competición.

Un sólo año en la prestigiosa Universidad de Kentucky de John Calipari, fue más que suficiente para ser reclamado como número 1 del draft de 2012 por los entonces New Orleans Hornets. Y es que esta “bestia” además de ganar el título NCAA con los “Wildcats”, fue nombrado jugador del año, novato del año y mejor defensor del año, en su temporada de debut universitario. Para redondear tan espléndido año, fue incluído en la lista de seleccionados por USA para disputar los Juegos Olímpicos de Londres, compartiendo equipo con leyendas del calibre de LeBron James, Kobe Bryant, Kevin Durant o Carmelo Anthony entre otros.

En el combinado americano continúa siendo un habitual, y por supuesto, un coleccionista de metales dorados con su selección. Donde le falta dar un paso al frente a nivel equipo, ya que individualmente ya es una auténtica estrella, con los ahora llamados Pelicans, aunque el tiempo de momento sigue jugando a su favor.

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Walter Magnifico (Italia, 1961)

Un ala-pívot que hacía honor a su apellido en cuanto a la calidad de su juego, y es que el jugador del Scavolini Pesaro era un jugadorazo como la copa de un pino. Eso sí, su porte absolutamente desgarbado y su nariz infinita, que compitió frente a frente en innumerables ocasiones con la de nuestro Andrés Jiménez, poco tenían de estético.

El gran Walter conservaba de los Meneghin, Sacchetti o Villalta, aquellos que habían llevado a la selección transalpina a los peldaños más altos del básquet europeo a finales de los 70 y principios de los 80, sus principales características, es decir, una infinita clase baloncestística así como la sangre caliente que llevaban dentro, tal y como demostró en la final de la Copa Korac de 1990 frente al Joventut de Badalona, enfrentándose directamente con aficionados verdinegros.

Gracias a su clase y la de coetáneos como Antonello Riva, la escuadra italiana se mantuvo en la élite a finales de los 80 y principios de los 90. En Pesaro, está reconocido directamente como un mito, ya que condujo al equipo a sus cotas más altas con dos ligas italianas, dando lustre a un palmarés muy escaso hasta entonces. Su carrera fue extensísima, retirándose con los 40 ya cumplidos.

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Bonus Track: Dennis Rodman (EEUU, 1961)

Sin duda, el jugador más mediático de esta lista. Para muchos, el “gusano” es el mayor especialista defensivo de la historia de la NBA. Una auténtica bestia parda recolectora de rebotes, que comenzó en los albores de los 90 con una transformación física a base de tintes, piercings y tatuajes que lo hacían prácticamente irreconocible frente al Rodman que aterrizó en la liga de la mano de los Detroit Pistons, ya con 25 años cumplidos.

Sin duda, llegó al lugar adecuado, ya que los Pistons era el equipo más intenso y duro de toda la NBA, los llamados “Bad Boys”. Desde su primera temporada, Rodman se ganó con el sudor de su frente los minutos desde el banquillo de Chuck Daly, aportando más leña al fuego y convirtiéndose en auténtico “perro de presa” defensivo. Su aportación a los títulos de 1989 y 1990 resultó fundamental, aspecto que se vio refrendado por su nombramiento como mejor defensor del año en 1990 y 1991, así como su presencia en el All Star de 1990 y 1992.

En 1993 fue traspasado a San Antonio Spurs, donde empezamos a ver todas las excentricidades de “The worm”, en forma de distintos colores de cabello según el partido, o siendo el primer impulsor del desenfreno del tatuaje en la comunidad NBA, con cruce de cables incluido durante los play-offs que a la larga le saldría caro, porque en lo deportivo seguía siendo una fiera que rondaba los 18 rechaces por noche.

Al año siguiente, fue traspasado a los Chicago Bulls, y fue con el regreso a las canchas de Michael Jordan en 1995, cuando los Bulls se convirtieron en una máquina de matar, con 3 anillos seguidos (96,97 y 98). Rodman fue parte fundamental del proceso, a pesar de sus excentricidades y sus continúas juergas en Las Vegas, con constantes romances y hábitos de vida poco saludables. Pese a todo, Phil Jackson supo entender su estilo de vida y lo encauzó para que simplemente hiciera en cancha aquello que mejor sabía hacer: Ser un competidor nato.

Para entender un poco mejor a tan singular personaje, “showman” por naturaleza, y actor y luchador ocasional, es muy recomendable la lectura de su biografía “Bad as I wanna be”, que presentó en 1996 vestido de elegante novia de blanco.

 

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One Response to Nuestros “monstruos” favoritos (Aleros y ala-pivots)

  1. Alberto says:

    JAJAJAJA
    ¡Qué bueno y que descojone!

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