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Publicado en abril 23rd, 2014 | por Rubén Sánchez

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Ocho Quilates: Un libro para los que jugábamos con cacharros ochenteros

portada.ePub_1024x1024Muchos de los que fuimos niños en los 80 recordamos aquellos arcaicos ordenadores de 8 bits que significaron nuestra puerta de entrada a los videojuegos. Spectrum, Amstrad, Commodore, MSX son nombres que a las generaciones actuales no les dirá absolutamente nada, pero que en su día fueron protagonistas de una lucha comparable a la que hoy pueden tener Sony, Microsoft y Nintendo. Aquella era una época de descubrimiento, en el que la industria del videojuego daba sus primeros pasos y todo era un inmenso campo por descubrir, donde trazar un nuevo camino accediendo a nuevos conocimientos que los pioneros de la informática lúdica aprovecharían para dar forma a sus creaciones. Nosotros estábamos del otro lado, el de los jugadores, pasando tardes con nuestro bocata de Nocilla y ensuciando nuestro ordenador con las migas que, indefectiblemente, se nos iban cayendo mientras esperábamos pacientemente a que el casete llegase al final y pudiésemos probar un nuevo juego. Sí, por aquel entonces nada de DVDs ni nada similar, los juegos venían en las mismas cintas que se usaban en la industria musical, esas que aún mucho después podías seguir encontrando en cualquier gasolinera con el último éxito del Junco. Inconfundible era el chirriante sonido que representaba unos y ceros (código binario) y que el ordenador iba cargando durante más de cinco interminables minutos. Pero la espera merecía la pena, porque aunque era evidente que todo el apartado técnico (gráficos, sonido) estaba aún en pañales, la ilusión y la imaginación hacían el resto para que pudiésemos disfrutar de un Match Day II como si de la última entrega del FIFA de Electronic Arts se tratase.

Los años pasaron y aquellos viejos ordenadores quedaron obsoletos, pero muchos de aquellos niños se resistieron a olvidar sus cacharros, guardándolos con celo en algún rincón del armario para evitar que en alguna inspección de tu madre no te dijese aquello de “¿por qué no tiras ese trasto si ya no lo usas?”. Pero en muchos casos la nostalgia era muy fuerte, y por eso hoy en día sigue habiendo una legión de retro jugadores que no sólo siguen usando sus viejas máquinas, sino que siguen desarrollando nuevo software para él. Además, se juntan para seguir hablando sobre aquellos días en foros de internet y crean asociaciones que dan lugar a eventos tan consolidados como la feria Retromadrid (que por cierto este mismo fin de semana, 26 y 27 de abril, celebrará una nueva edición) que sirve de punto de encuentro para compartir su pasión y para adquirir material tanto de aquella época como de la actual.

Hoy en día la industria del videojuego ya se ha consolidado como la más onerosa de todas las dedicadas al ocio, por encima tanto de la industria del cine como de la musical, pero en los 80 comenzaba a dar sus pasitos, y lo que no todo el mundo sabe es que por entonces España llegó a ser el segundo país más importante de Europa, tanto en producción como en volumen de negocio, alumbrando a algunas compañías como Dinamic, Topo Soft, Opera Soft o Zigurat. Éstas, y otras en menor medida, son las que dieron forma a lo que con el tiempo se acabó llamando “La edad de oro del soft español” y que abarcó, más o menos, desde mediados de los años 80 hasta el fin de los ordenadores de los 8 bits, ya que estas compañías no pudieron, o no supieron, dar el salto a máquinas superiores. Algo que, recordando la importancia de la industria actual, hubiera significado sin duda un empuje para nuestro país, pero en su día se creó casi de la nada y de forma extremadamente precaria, algo muy marca de la casa.

El desarrollo de libros sobre videojuegos, ya sea en forma de relato tomando como punto de partido el argumento de un juego, o bien narrando la historia de un juego o de una compañía, es algo muy extendido en otros países, sobre todo en el Reino Unido, pero en España la producción es prácticamente nula.

Lo ocurrido en los 80 parecía una historia digna de ser contada, o eso al menos pensó Jaume Esteve cuando decidió dar vida a Ocho Quilates: Una Historia de la Edad de Oro del Soft Español. Pese a que cronológicamente Jaume sólo pudo conocer en primera persona la época final de los ocho bits, eso no le ha impedido dedicarse en cuerpo y alma a este proyecto y ser capaz de plasmar en sus páginas toda la ilusión que generó en miles de personas, que la mayoría de ellos peinan canas superando largamente los 30 años, consiguiendo entrevistarse con la inmensa mayoría de los protagonistas de aquella época. Algunos de ellos tan pintorescos e insospechados como Paco Pastor, el mismo que años atrás era la voz cantante de Fórmula V, auténtico artífice de la creación de la industria del videojuego en nuestro país con su sello Erbe Software, con el que trasladó algunas de las máximas de la industria musical a la del videojuego. Además fue el ideólogo de la bajada de precios (de 5.000 pesetas a 875) que consiguió que un país con más de un 90% de juegos piratas, pasase de ser visto por las grandes productoras británicas como un problema, a ser uno de los mercados más apetitosos del viejo continente. Además de la colaboración de Paco Pastor, Jaume Esteve también pudo contar con la parte creativa, encabezada por el pionero Paco Suárez autor de La Pulga, el primer videojuego español, por los hermanos Ruiz, dueños y cabezas pensantes de Dinamic, seguramente la compañía más importante de aquella época, y muchos otros protagonistas que nos dejaron títulos tan recordados como Navy Moves, Viaje al Centro de la Tierra, La Abadía del Crimen, Emilio Butragueño Fútbol, Abu Simbel Profanation, Sir Fred, etc.

La decisión más inteligente de Jaume Esteve al crear el libro es la de dejar la voz y el protagonismo a sus entrevistados, reservándose para él la misión de hilar los distintos recuerdos y sirviendo como nexo de unión que de sentido a todo el material tanto sonoro como gráfico que pudo recoger. Jaume consigue un relato ameno, atrevido, cariñoso con sus protagonistas que consigue humanizarlos al describir sus dificultades, sus anhelos y sus metas, contando los hechos con una gran dosis de realidad que seguramente nos faltó en su día en las revistas del sector, y que en muchos casos nos ofreció una realidad distorsionada sobre los programadores y grafistas de la época. Ocho Quilates es, en definitiva, un puñetazo de nostalgia para todos aquellos que vivimos con intensidad los albores de la industria del videojuego, logrando trasportarnos momentáneamente de nuevo a los 8 bits, gracias en parte a un buen número de fotografías que nos recuerdan lo graciosas que pueden ser las fotos ochenteras y la vergüenza que nos suele dar enseñar las nuestras.

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Ocho Quilates fue una apuesta arriesgada, pero podemos decir que salió bien y hoy en día está agotado en formato físico, siendo posible comprar sus dos volúmenes en formato e-book por 7 euros en su web www.ochoquilates.com . Su buena acogida ha propiciado también que nazca la editorial Ocho Quilates, que se centrará en libros sobre videojuegos y cuyo primer fruto verá hoy mismo (23 de abril) la luz: Obsequium, un libro centrado en el videojuego La Abadía del Crimen, creado por Paco Menéndez y Juan Delcán y que sin duda es uno de los más recordados de la época de 8 bits. Tanto es así que Jaume Esteve ya le dedicaba un capítulo especial en el segundo volumen de Ocho Quilates, pero en esta ocasión se complementará con los relatos, anécdotas, análisis e historias de un grupo de escritores que por uno u otro motivo tienen una relación especial con este juego y que tratarán de transmitirnos qué encierra en su interior (seguramente tras el espejo que custodia Fray Jorge) que lo hace tan especial.

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