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Publicado en abril 29th, 2015 | por Rubén Sánchez

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Qué difícil es ser Dios – Barro y mugre.

PortadaLos hermanos Strugatski, Boris y Arkadi, fueron dos reputados escritores de novelas de ciencia-ficción conocidos por escribir todas sus novelas juntos. Bajo la cortina de la Unión Soviética, estos prolíficos escritores nos ofrecieron obras inspiradoras como puede ser Picnic Extraterrestre, germen del que saldría Stalker (Stalker, 1961) del genial Andrei Tarkovsky, o Qué Difícil es Ser Dios, obra que fue adaptada en primer lugar en la película El Poder de un Dios (Es ist nicht leicht ein Gott zu sein, 1990) de Peter Fleimann. Esa primera adaptación no truncó el sueño de Aleksei German, que desde la misma publicación de la novela comenzó a obsesionarse con ella y a desear llevarla a la gran pantalla.

Inicialmente trabajó en un guión, ya en 1968, junto al propio Boris Strugatski. Pero la censura del régimen comunista le hizo desistir y tener que aparcar su sueño durante más de tres décadas. Tras rodar varias películas, German decidió que había llegado el momento de retomar su viejo anhelo y, esta vez sí, llevarlo a buen puerto. Estamos en 1998 y la pre-producción de la película duraría la friolera de dos años. Pero en Qué Difícil es Ser Dios todo parecía hecho para dificultar el proyecto, ya que la precisa visión de Aleksei German necesitó de seis años de duro y fatigoso rodaje, cuidando con mimo cada detalle. La mastodóntica tarea aún estaba lejos de finalizarse, ya que la post-producción y montaje se convirtió en otra odisea en la que German puso toda su atención para perfeccionar la película hasta límites enfermizos. En esta ocasión la muerte fue más rápida y se llevó a German en 2012, dejando incompleta su obra.

Por suerte, su esposa y su hijo, conocedores del deseo de Aleksei, decidieron retomar el proyecto.  Principalmente su hijo, siguiendo punto por punto las anotaciones dejadas por su padre, fue quien se encargó de terminar el montaje y poder presentar así una versión final en recuerdo del malogrado Aleksei. Finalmente la película Qué Difícil es Ser Dios (Trydno byt Bogom, 2013) pudo ser estrenada en el Festival Internacional de Roma de ese mismo año, cosechando grandes críticas que se rendían ante la audacia de la película.

La historia nos habla de un futuro cercano, en el que varios científicos de la Tierra viajan a un lejano planeta para investigar la vida y las costumbres de sus habitantes. Dicho planeta se encuentra habitado por seres idénticos a nosotros, pero que se encuentran en un periodo de su historia equivalente a su Edad Media. Realmente no se ve en ningún momento ni el viaje interestelar ni el proyecto de investigación, la acción comienza inmediatamente en el planeta seguramente para tratar de que nos distanciemos de los habitantes que van desfilando por la pantalla. Sin embargo, es evidente que ese proceso de distanciamiento no es más que un recurso para evadir censura de la época, ya que su Edad Media está evidentemente muy próxima a nuestra Edad Media y, lo que es peor, cercana a la pobreza que vivían los habitantes de la Unión Soviética y que los hermanos Strugatski querían denunciar.

Fotograma

Nada en Qué Fácil es Ser Dios es agradable o fácil. Delante de nuestros ojos pasarán historias inconexas, situaciones casi como si fuese un documental ya que no parece haber un móvil que conecte todo. Lo que sí que nos ofrecerá a borbotones es mugre, suciedad, fluidos corporales y todo lo que podemos pensar que habría en una Edad Media inmersa en la peste. Uno de los científicos, Don Rumata, ha decidido inmiscuirse más en la vida de los habitantes y poco a poco va subiendo su estatus llegando a ser considerado casi una deidad. El objetivo es tratar de averiguar si todo aquello podrá derivar en una época de Renacimiento, similar a la nuestra, por eso Don Rumata trata de actuar para acelerar el proceso. Sin embargo, Don Rumata acabará por desatarse e involucrarse cada vez más en las brutales y sórdidas costumbres de su pueblo, ensuciándose, figurada y literalmente, hasta ser uno más y fracasando en su presunto papel de dios de la villa.

Tres horas, durante tres horas veremos un escenario viviente de barro que nos salpicará, en el que siempre pasará alguna pequeña historia tanto en primer plano como al fondo. Interactuarán y prácticamente siempre molestándose entre mugre, armas, suciedad, supurando violencia por cada costado. Una sociedad rota que parece irreparable pero que pese a todo ofrecerá una reflexión final que dependerá mucho del espectador, siempre que sea capaz de soportar esta experiencia y de dejarse llevar ante otra forma de hacer cine.

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