"El hábitat natural para tu mente enferma"


La cara B Slint 5

Publicado en febrero 6th, 2016 | por Marcos Gendre

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Slint: mundos nuevos

Un punto y aparte en la historia del rock, Slint sustentan su leyenda a raíz del enigmático Spiderland (Touch and Go, 1991). De influencia inabarcable, este álbum es capaz de mirar de tú a tú a los grandes clásicos de bandas como Fugazi y Big Black. Pero antes de llegar a esta cumbre solitaria, nos remontaremos seis años en el tiempo para encontrarnos en pleno ’85, justo en el momento en que David Pajo -guitarra- y Britt Waltford -batería- abandonan la banda de post-hardcore metálico local, Maurice, y se topan con Ethan Buckler -bajo-. Providencial confluencia, los tres comienzan a buscar una nueva fuente de sonidos  bajo el nombre de Small Tight Dirty Tufts Of Hair. Al tiempo de estar tocando juntos, van componiendo gran parte del material que dará cuerpo a su primer LP: Tweez (Jennifer Hartman, 1989). Disco grabado en 1987 por Steve Albini, para éste ya contaron con la incorporación de Brian MacMahan como cantante y guitarra. Hervidero de ideas en plena ebullición, Tweez es el resultado de tirar una baraja de cartas al aire y slint 7ordenarlas posteriormente con la mente en estado de shock. Con la guitarra de Pajo en primer término, su estilo único se apoya en un cúmulo de influencias de lo más variopinta: “Meat Puppets, Minutemen, el blues del Delta, Eddie Van Halen, la guitarra de la banda sonora de Mishima, Steve Reich, etc”[1]. “De chico aprendí de las canciones de Van Halen, Hendrix ¡y otros grupos que no mencionaré por orgullo! Luego, deje de seguir esta línea y empecé a tocar de una forma que pienso que era más fresca y menos llamativa. Amo la forma de tocar de Blind Willie Johnson, Bukka White, Nick Drake, Robert Wilkins, Martin Rev, etc.”[2]. Con estos mimbres, Pajo se convertió en uno de los guitarristas más relevantes y personales de las tres última décadas. Algo a lo que también ayudará su particular forma de encarar la construcción instrumental mediante continuas repeticiones: “Según mi propia visión, nunca digo que algo es espiritual, porque eso implica que hay otras cosas que no lo son. Yo opero con la noción de que la repetición puede fortalecer una canción; el foco se va desarrollando con cada ciclo. Esto es algo similar al sentimiento oriental que desprende el mantra. Esta idea de hacer canciones que lentamente se van revelando contra sí mismas, es algo que también hace referencia al sentido del ‘no-tiempo’ y ‘eternidad’”[3]. Si además nos adentramos en otros aspectos de su técnica compositiva, gran parte de las coordenadas sonoras que hicieron famosos a Slint quedan perfectamente diseccionadas: “Las canciones suelen comenzar como los riffs de guitarra. Luego, voy pensando en una lluvia de ideas hasta que algo ‘cool’ ocurre. Generalmente, ese riff inspirará una transición. Desde esta situación, normalmente  suelo saber en el punto que se encuentra la canción. Con frecuencia, el riff en sí mismo me dicta la dirección de la canción.  A partir de aquí, puedo quitar o añadir otras partes, utilizando la meta de la canción como directriz. En ocasiones, una idea tiene que ser trabajada una y otra vez. Entonces, suelo añadir algo para encontrar un equilibrio o, por el contrario, elimino todo lo que pueda embarullar el cuadro final. En realidad, no hay más formula que una técnica de brainstorming. Cuando se trata de finalizar una canción, siempre prefiero el método de composición de Kiss: mantenlo simple, estúpido. Este método también es conocido por Angus Young y su técnica del ‘menos es más’”[4]. Con este enfoque, al escuchar Tweez nos encontramos con un puzzle de notas ejecutadas desde el plano más demente. Echando por tierra cualquier tipo de construcción instrumental al uso, Tweez es sincopado hasta decir basta: reptando del noise más disonante –‘Ron’- a incisivos haces de jazz obtuso -‘Darlene’-, pasando del fraseo más subyugante al desgarro vocal más agudo. Éste también es otro de los puntos a retener de este clásico del rock más cerebral. Media hora sin el menor desperdicio, en Tweez ya se pueden palpar muchas de las piezas que harán de Spiderland una obra tan genuina. Maestros en la edificación de clímax en pleno desarrollo, temas como ‘Ken’ y ‘Pat’ ya auguran el gusto por tejer atmósferas de falsa placidez. Técnica que llevarán hasta el límite en su siguiente LP, antes de ponerse con este disco, edificaron un puente de transición mediante el EP Slint EP (Touch and Go, Slint 81994). Grabado en 1989, pocas veces dos canciones habrán dado tanto sentido a un irrefrenable sentimiento de exploración. Entre la reinterpretación de ‘Rhoda’ -perteneciente a Tweez- y la  portentosa ‘Glenn’ dan vida a trece minutos instrumentales que buscan su propia atalaya desde la que divisar nuevas metodologías en el arte de la construcción y deconstrucción de marañas eléctricas en crescendo. Sólido engarce entre los descubrimientos de su primer álbum y las teorías perfeccionadas de su obra capital,  Slint EP sobrepasa el tamaño pequeño de su formato para erigirse como un punto y aparte en la imparable evolución del post-hardcore. Texturas instrumentales en perpetua desestructuración, escuchar este disco es como meter la cabeza dentro de una lavadora sin la I.T.V. pasada. Centrifugado de tendones a punto de reventar, las formas siguen buscando aturdir desde la abstracción; pero a diferencia de Tweez, las capas sonoras buscan puntos de unión que ejerzan como nudos del argumento de unas canciones más ideadas, resultado de una banda más compacta. Demostración de milimétrica cirugía eléctrica, que no vio la luz hasta cinco años después de su grabación, este disco ejerce de complemento ideal con la obra por la que serán siempre reconocidos y reverenciados: Spiderland. Grabado durante 1989, antes de entrar en el estudio, Buckler deja el grupo para formar King Kong, una banda inclasificable donde funk y rock & roll son los ingredientes principales entre una ensalada sonora de todos los sabores.

En su lugar, Todd Brashear se unirá a Slint para acompañar a McMahan, Pajo y Waltford en su desesperado adentramiento dentro de las entrañas que van más allá del formato canción. Inmersos en una profusa espiral de creatividad, la intensidad del momento se filtra en un sonido angular, seco y penetrante como katana de samurái. Destrozando lógicas, teorías y paralelismos, Spiderland tiene la virtud de clásicos como el primer álbum de la Velvet Underground y el Unknown Pleausures (Factory, 1979) de Joy División: la exclusividad absoluta de su propuesta. Música que entra por la puerta trasera del subconsciente, es imposible no perder la noción del tiempo-espacio ante ‘Don, Aman’ o no sentirse durmiendo despierto ante la ingravidez de ‘For Dinner’. Un torrente de géneros transfigurados en una formulación intransferible, al hablar de Spiderland hay que hacerlo más como una obra compuesta por diferentes movimientos, más que por canciones al uso. Estructurado con perfección desasosegante, la urgencia queda totalmente eliminada, siendo los momentos más crispados -‘Nosferatu Man’ y ‘Good Morning Captain’- la consecuencia de la propia dinámica narrativa empleada por McMahan. Un portento a la hora de pasar del murmullo más narcótico al tono más crispado, “la técnica vocal de McMahan es reminiscente a la tendencia de Mark E. Smith Smith por evitar los detalles localizadores que esperamos de las historias, en favor de lanzar esquirlas de información discontinua a una audiencia que ya ha recibido una iniciación hacia un mundo donde las letras tienen sentido. Smith utiliza todo esto como una remotivación de los efectos distanciadores de la poesía moderna; sin embargo, las palabras de McMahan sitúan a la audiencia como los destinatarios de algo más cercano a una confesión[5]. Pertubador por la multitud de capas y enfoques que despierta esta obra, otro muy interesante versa sobre la influencia gótica que contiene en sus diferentes canciones: “Todos los puntos entre ‘Breadcrumb Trail’ y ‘Good Morning Captain’, con la excepción de la instrumental ‘For Dinner’, contienen rastros de un proyecto lírico que coloca la imaginería gótica al servicio de la ambigüedad modernista. ‘Nosferatu Man’, el tributo más evidente a los orígenes hardcore de Slint, lo hace con juguetona exuberancia; mientras que en “Don Aman”, para la que Walford cede su voz, describe una insoportable experiencia de ‘ser visto desde fuera’. Esta no es simplemente una introspección, sino una vertiginosa experiencia de conciencia y alienación que apunta a la presencia de Poe y H.P. Lovecraft en el ADN lírico del álbum.”[6]

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Se mire por donde se mire, una obra sin precedentes, los propias artífices de este punto cardinal del rock, no son muy conscientes de lo logrado. Tras un esfuerzo tan descomunal, es curioso como el desgaste, tan físico como mental, pudo llegar a provocar dudas a David Pajo sobre el valor real del disco al terminar su grabación: “Recuerdo haber quedado descontento con el resultado final. No fue perfecto aunque estuvo muy bien, considerando el poco presupuesto con el que contábamos. Me pareció una instantánea muy honesta de lo que éramos en aquel momento. Eso no quiere decir que no hubiera momentos de magia pura durante su grabación: ‘Don, Aman’, las guitarras distorsionadas y el feedback resultante del tremolo en ‘Washer’,  los coros en ‘Breadcrumb Trail’ o la sección improvisada de spoken word precedente a la parte correspondiente a ‘I miss you’ –‘Good Morning, Captain’-.”[7] Con respecto a este último tema,  estamos hablando del paradigma de todo el post-hardcore facturado en Lousville. Esa sencilla estructura, alambicada en torno a un motor percutivo que progresivamente va afilando las cuerdas, respirando ante un sprint final de infarto con McMahan retorciéndose entre espasmos de electricidad granítica, han sentado las bases de toda la evolución de esta escena musical hacia otras formas más libres, como las que confluyeron en nuevos géneros musicales representados por  el math-rock y el slowcore. Pero si por un rastro será más recordado, éste será por la vía que abrirán hacia la conformación del post-rock, que se instaló con enorme éxito durante la segunda mitad de los años ’90.

Respecto a la eterna cuestión de si Slint era una banda de post-rock, el experto en Slint, Scott Tennent, da con las claves en esta entrevista concedida a The Decibel Tolls, en cuanto le pregunten por los paralelismos entre Slint, Talk Talk y Seefel, las otras dos bandas más reconocidas como embriones del post-rock: “Honestamente, realmente no sé porque les pegaron esa etiqueta, una banda como Seefel sí que realmente personifica lo que la frase intentaba dar a entender -bandas utilizando instrumentación rock para hacer música no-rock-. Tirando hacia casa, Tortoise o Gastr del Sol me parecen más ‘post-rock’ que Slint o las bandas influidas por Slint. Slint todavía era una banda de rock al final de cada día. Lo que pasa es que eran algo más contenidos que el resto. Da igual cómo se les denomine, yo creo que Slint estaban dando un toque de atención hacia las mismas tendencias del indie-punk americano, al mismo tiempo que estaban  reaccionando contra el rock más masculino, sucio, y el rock que estaban haciendo  bandas como The Jesus Lizard, Killdozer o Big Black. La era Tweez de Slint entra dentro de la misma factura que todas estas bandas, pero ellos evolucionaron hacia algo más frío y sosegado: siendo más tranquilos, tocando canciones más largas y jactándose de un mayor nivel instrumental. Básicamente, esta fue su respuesta hacia el descuidado y abrasivo punk de finales de los años ’80. El único camino para tirar hacia adelante era haciendo las cosas en el sentido contrario. Bandas como Bitch Magnet, Galaxie 500 y Codeine estaban haciendo música en un contexto similar”[8].

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Disueltos en 1991, tras ofrecer al mundo una nueva ruta a seguir en años venideros, corre la leyenda urbana que, tras la intensísima experiencia de la grabación, los miembros de Slint acabaron en el psiquiátrico, con el consiguiente fin del grupo. En este sentido, es triste comprobar cómo Spiderland fue publicado tras la separación del grupo, un hecho que posiblemente no hubiese cambiado el devenir del grupo, pero que no deja de ser sintomático en la historia repleta de interrogantes que planea sobre esta obra. Ya fuera de Slint, sus diferentes miembros no cejaran en su empeño por seguir retorciendo las propiedades conmutativas del rock a través de proyectos, como los espléndidos The For Carnation -con Brian McMahan como cabeza pensante del grupo-. Sobre The For Carnation, cabe reseñar el esplendoroso The For Carnation (Touch and Go, 2000), quizás la única obra que se puede considerar como fiel sucesora de Spiderland. Pero si hay alguien que ha aprovechado el tiempo tras el fin del grupo, ese es el incombustible David Pajo. Ya sea sacando discos bajo su propio nombre, con el de su banda Papa M, o siendo miembro activo de grupos tan significativos como Tortoise y Palace, y otros menos conocidos, como Dead Child, todos sus diferentes proyectos desprenden el atractivo que sólo pueden reflejar la mano de este virtuoso en dar nuevas significaciones a las notas musicales.

Más de dos décadas después de Spiderland, y tras la devaluación que ha sufrido el post-hardcore del siglo XXI en adelante, Slint han ido ganando peso como una de las bandas más  revalorizadas del último decenio. Grupo de sustancial importancia, Slint ha dejado una huella que no ha dejado de crecer, siendo desde sus comienzos la semilla que consolidó el “sonido Louisville” mediante propuestas tan superlativas como Rodan, June of 44 y  The Shipping News. Muy lejos de sus límites geográficos, bandas procedentes de otras latitudes, como los vascos Lisabö y los italianos Uzeda han heredado de Slint su manera de insuflar intención, más allá de la agresión sonora, a muchas de las distorsiones, en blanco y negro, más brutalmente físicas que se han gestado en el universo rock.

 


[1] O’Toole, Conor: “Papa M-Interview”, Noise, 22/5/2012 en http://wearenoise.com/index.php/2012/05/papa-m-interview/, traducción del autor.

[2] Scaruffi, Piero: “Dave Pajo: Post-ambient post-rock post-…?”, en  http://www.scaruffi.com/interv/pajo.html, traducción del autor.

[3]Ibídem

[4]Ibídem

[5] Kennedy, Joe: 20 Years On: The Curiously Ignored Lyricism In Slint’s Spiderland, The quietus, 28/4/2011 en http://thequietus.com/articles/06168-slint-spiderland-anniversary, traducción del autor.

[6] Ibídem

[7] Coney, Brian: “David Pajo: interview”, Alternative Ulster en http://iheartau.com/2012/09/david-pajo/, traducción del autor.

[8]Bloggins, Kenny: “Interview with Author Scott Tennent – 33 1/3: Spiderland”, The Decibell Tolls,

11/11/2010 en http://thedecibeltolls.com/interview-with-author-scott-tennent-33-13-spiderland/, traducción del autor.

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