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Cine Destacada 3

Publicado en enero 28th, 2015 | por Rubén Sánchez

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Trilogía de hostias para El Hobbit (III): Lo más duro para el final

Cuando me acerqué al cine a ver el final de la trilogía, esta vez pagando religiosamente para mi desgracia, lo que menos podía esperarme es que estaba a punto de contemplar un milagro. Todavía no está reconocido por la santa sede, pero no encuentro mejor calificativo para una película que consigue que sus dos primeras partes hasta casi te parezcan buenas. Tal es el despropósito del que fui testigo. Hasta casi es atrevido llamarla película, porque realmente es una sucesión de hostia va, hostia viene que consiguió que añorase la primera entrega y aquel regreso a Hobbiton. Lo dicho, un milagro de nombre El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos (The Hobbit: The Battle of the Five Armies, 2014) de Peter Jackson y su troupe.

Portada 3Más de una vez se ha comparado a esta trilogía con un chicle estirado, concretamente con uno que ha dado tanto de sí que ha perdido todo su sabor. Tras ver la tercera y última parte he de decir que la analogía no es correcta, porque el chicle no debería haber perdido su sabor, sino que tendría que saber mal, entonces sí que estaríamos acercándonos a lo que han supuesto estas tres películas de El Hobbit para muchos de los que hemos leído sus páginas y hemos repetido el viaje por puro placer. Lo cierto es que nada más iniciar el sendero descubrimos que esto era Villa Jackson, un hobbit de cartón piedra que nos pretenden hacer pasar por el bueno, el de siempre. Desde un principio, cuando pretendían justificar que El Hobbit se adaptara en tres películas, el ínclito Jackson y sus dos compañeras decían que se iban a adaptar apéndices y pequeños relatos que justificaban su largo metraje. Mentira, todo mentira, el trío se ha reído de nosotros todo lo que han querido, porque una vez vistas las tres ya sabemos que ha sido lo que realmente ha alargado la trilogía: sus añadidos artificiosos nacidos del trío de guionistas. Ni apéndices, ni relatos, ni zarandajas ¿Trío o cuarteto? Por mi parte retiro a Guillermo del Toro de la ecuación porque cuando él estaba a bordo todavía era un proyecto de dos películas, que aún siendo todavía exagerado algo más defendible sí que era.

Esto ha sido una obra de demolición controlada, en el que a cada paso se ha ido viniendo abajo el muro que nos han puesto delante y poco a poco vislumbramos lo que había detrás: una enorme estatua dorada del propio Jackson dedicada a su ego. Para más sorna, últimamente se dedica a llorar en las entrevistas porque no le dan los derechos para El Silmarillion. ¡Bendito Christopher Tolkien que mantiene la cordura! y menos mal que Jackson con El Señor de los Anillos ya había terminado con el mundo de Tolkien y que era el turno de otro. Pero ahora ha visto el chollo, no hace falta trabajárselo tanto, a base de CGI a patadas resuelve la papeleta, da igual que los orcos parezcan monigotes o que algunas edificaciones tengan menos credibilidad que el Exin Castillos. Total, la gente va a pasar por taquilla igualmente. Como digo, al inicio de esta entrega final poco queda de Tolkien y a ritmo propio de un sádico descuartizador, Jackson se encarga de hacer desaparecer los restos.

¿El inicio? Pues perfectamente lo podían haber incrustado en la parte anterior, o quizás no porque la forma en la que matan al dragón es, es… Vamos a ver, en primer lugar usar el omóplato de tu hijo como soporte de ballesta es, como mínimo, maltrato infantil. Más aún cuando la flecha debe de ser como el fémur de un mamut y eso como mínimo le secciona la yugular con la fricción. Pero es que esto en lugar de filmarlo Peter Jackson lo rueda Uwe Boll y las risas duran un lustro y me quedo corto. Ya puestos que sostenga la flecha con la lengua y de cuerda use un pelo del sobaco, total, flipar por flipar… Pero vamos, que el dragón palma no sin antes cabrearse mucho y quemar casi todo, por lo que el gobernador y el tío ese que tiene dos bigotes, uno encima del labio y otro encima de los ojos, huyen despavoridos. Que ya que estamos ¿Qué pinta el tío de los dos bigotes, el que es el ayudante del gobernador? ¿Como narices se llamaba? Da igual, la cuestión es que es otro hermoso añadido en la historia, y si creías que lo de Tauriel era prescindible, lo de éste no tiene nombre. Una vez muere el gobernador, el tipo este que podríamos definir como un Grima 2.0 si no fuese porque no tiene ni su malicia, ni su inteligencia, ni… nada, se convierte en un supuesto elemento cómico. Pongamos lo de supuesto lo más grande posible, porque no hace ni puñetera gracia y aún encima tratan de repetir el mismo chiste cerca de diez veces. Un esperpento al que deseas que le corten la cabeza, pero no, eso no pasa y mira que tiene metraje para encajarlo en alguna parte, pero ni por esos. Al contrario, lo usa para parodiar a Los Simpsons gritando “¿y los niños? ¿Es que nadie piensa en los niños?”

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Resumen perfecto de la película

Así que Valle quemada y Thorin y compañía contentos como castañuelas en su montaña con todo el oro. Pero claro, llegado este momento a los guionistas se les ocurre que la gente es demasiado gilipollas como para entender la situación por sí solos, así que para que nos enteremos que Thorin se está volviendo ligeramente codicioso con tantos dineros pululando, le modulan su voz para que suene como la de Smaug ¿Por qué? Pues eso, porque somos gilipollas y de otra forma no lo podemos entender, ni siquiera con las ensoñaciones de Thorin en un mundo de papel albal dorado -madre de dios que efectos más cutres-, en el que una nube de voces en off nos repiten las mismas ideas por si acaso seguimos sin pillarlo. Siguiendo con Los Simpsons ya podían haber añadido a Homer diciendo aquello de “a la grande la llamo Mordiscos”. Pues eso, que si después de repetirte veinte veces el mismo mensaje todavía no lo has pillado, y ya que sigue quedando un mundo de metraje por rellenar, volvemos al mismo recurso de la voz de Smaug, a ver si así ya te vas enterando, que eres mu tonto. Luego hay quien se queja de que Christopher Nolan da demasiadas explicaciones.

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¿Diferencia entre esta imagen y las cinemáticas de la película? Que las de Lego parecen más realistas , ea.

Con Thorin ya atolondrao del todo llega el momento de que los hombres y los elfos lleguen a Erebor reclamando lo suyo. Menos mal que Thorin ya ha avisado a su primo Dain, no sabemos ni cómo ni cuándo, pero lo ha hecho. En el libro usa un cuervo, aquí ha de ser la telepatía con el cuervo. Pero olvidémonos de minucias porque es el momento de que el CGI vuelva a brillar con luz propia, no tanto por el ejército de elfos, que puede tener un pase que sean todos tan simétricos y actúen perfectamente al unísono, pero es que cuando aparece Dain montado en un cerdo vietnamita (?) con su ejército de enanos, todos exactamente igual de altos y de anchos, moviéndose como los deshonilladores de Mary Poppins: al compás, pareciendo el ejercito de T-1000 de Skynet. ¿Pero es que de verdad a alguien le gusta que parezcan autómatas y se note tanto que están generados por ordenador? Aquí lo salvable es que al menos pelean como enanos, y no como elfos de metro y medio. Bueno, algunos enanos pelean como tales, porque otros parecen hoplitas griegos con sus lanzas. Ya no sólo es que les quiten el hecho de que los enanos eran maestros herreros, por lo que cada uno se haría su propia armadura y no se las comprarían todos en el IKEA, sino que además les quitan sus armas contundentes para formar un bosque de lanzas al más puro estilo Braveheart. Pero aquí Thorin no hace un calvo para intimidar, sino que recapacita y los enanos de Erebor van también a la batalla y se montan en unas cabras acorazadas que… que… ¿pero de dónde coño han salido las cabras? Si allí no había cabra alguna. ¿Para qué sirven las cabras? Pues principalmente para que veamos que aun encima la película está mal montada, porque a la misma velocidad que aparecen las cabras desaparecen las armaduras de los enanos de la compañía de Bilbo, que hasta entonces estaban esperando bien emperifollados dentro de la montaña.

Vamos a ver, queda todavía un lote de minutos y sin embargo sólo queda la batalla ¿os imagináis la de ideas de bombero que hacen falta para rellenar todo lo que queda con peleas al estilo de Jackson? Pues sí, es así y peor, porque por allí aparece Legolas que directamente es un superhéroe superando todos los límites de la física, haciendo que los videojuegos parezcan documentales científicos mientras vuelve a desafiar las leyes de la física con la tensión de su parpado inferior, mientras que se pasa por el arco del triunfo la coherencia cromática de sus pupilas, que a veces son azules y a veces marrones. Y por allí rebota Tauriel, cuyo romance con el enano supera el nivel de estupidez de la entrega anterior, provocando más risa que empatía y confirmando que si se hubiesen metido el añadido donde les cupiese no lo hubiésemos notado en ningún momento.

Mientras, hostias van y vienen en una sobredosis nunca vista y que te hace pedir clemencia, suplicar por algún elemento dramático, algo que demuestre que hay vida inteligente al otro lado de la pantalla y no únicamente una sucesión de mandobles. Pero nada, que entre otras tramas olvidables y mientras los orcos tienen un plan infalible -que resulta ser sumamente estúpido porque ni estrategia ni narices, simplemente el ejército de trasgos llega tarde y ataca después-, Thorin se enfrenta al fin a Azog, quien se descubre como un orfín, mitad orco mitad delfín, porque va por debajo del agua como un mero… o mejor. Aquí de nuevo se pierde todo el lirismo y la épica y la muerte de Thorin pasa como si nada, con Bilbo como las vacas viendo pasar el tren y ya poco más da de sí la película, porque la llegada de las águilas y Beor son un suspiro, y no suponen, ni de lejos, la misma emoción que cuando las propias águilas llegaron a las puertas de Mordor en El Retorno del Rey.

Así que el resultado final son cuatro enanos muertos y quien suscribe bostezando. Pero esto es “Historia de una ida y una vuelta”, y la vuelta es de seis segundos o menos, sólo faltando que Bilbo y Gandalf se agarren de la mano y salten y dancen mientras pasean por el campo. Sí, toda la belleza del libro queda desterrada. La belleza y el desenlace, porque a Jackson le importa una porra frita lo que sucede en la Montaña Solitaria, de tal forma que quien vea únicamente la película desconocerá quién será el sucesor de Thorin ¿Para qué? ¿Es que después de nueve horas de trilogía todavía quieres saber cosas?

¿Lo bueno? Pues ver a Christopher Lee, Hugo Weaving, Cate Blanchett y Ian McKellen reunidos, ya que al menos es un rescoldo de lo que habíamos visto años antes. El propio Bilbo está muy bien, Martin Freeman no tiene culpa alguna de este desastre y es un Bilbo perfecto. Varios de los enanos, principalmente Balin es con el que más se puede empatizar, otros como Bombur en esta entrega parecen puro relleno, y no va con doble sentido. También en algunos momentos parece que va a conseguir emocionar, y, curiosamente, es cuando se acerca mínimamente al libro. ¡Ah, y que esta hasta hace buenas las dos anteriores!

Sólo me queda decir una cosa: Christopher Tolkien, sé fuerte, por tu padre sé fuerte.

Como compensación, os dejo la adaptación de 1966, cuya explicación merece un capítulo aparte. Lo que Jackson hace en nueve horas estos lo resuelven en doce minutos.

Y de premio la versión rusa de 1985.

Para otro día me reservo la finlandesa de 1993.

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