"El hábitat natural para tu mente enferma"


Cine 01818188181818

Publicado en diciembre 17th, 2017 | por Carmen Viñolo

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Wall-E: una comedia (musical) ecológica

Wall-E (2008) de Andrew Stanton es un largometraje repleto de guiños a otras películas. Sin ir más lejos, su protagonista toma prestada su apariencia del célebre robot de Cortocircuito.

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Su compañera de reparto, Eva, tiene un aire al R2-D2 de La guerra de las galaxias; eso sí, más estilizado, más elegante.

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Sin embargo, la mayor influencia de Wall-E no es una película de ciencia ficción, sino una de género opuesto: el musical, Hello Dolly!

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En primer lugar, el filme abre con una de sus canciones, Put On Your Sunday Clothes. Una imagen de la Vía Láctea, otra del firmamento, el Sol, la Tierra y, atravesando la atmósfera, la cámara se acerca a velocidad de crucero hacia Nueva York.

Out there
There’s a world outside of Yonkers
Way out there beyond this hick town, Barnaby
There’s a slick town, Barnaby
Out there
Full of shine and full of sparkle
Close your eyes and see it glisten, Barnaby
Listen, Barnaby…

La tonadilla ligera y optimista de la canción mitiga el desolado paisaje: pilas gigantescas de basura que rodean los molinos de viento, las centrales nucleares, las térmicas… Más altas y grandes que los rascacielos neoyorkinos.

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Wall-E ofrece una profunda crítica del consumismo y sus efectos nocivos tanto para el medioambiente como para los propios seres humanos, quienes han de abandonar su planeta porque, literalmente, los desechos se los comen. Es el resultado de un capitalismo descarriado que cobra forma en la megacorporación Buy-N-Large, que ha logrado que los humanos vivan por y para consumir. Hecho que no se resuelve en el futuro, cuando lo que queda de la humanidad vive en una nave espacial estilo crucero, ociosos, pasando la vida tumbados, frente a unas pantallas de Smartphone, digo, de televisión, y alimentándose a base de refrescos. Parece ser que la humanidad no ha aprendido la lección. Sigue igual de idiotizada y generando montones de basura.

No obstante, la crítica no se realiza de forma dura o panfletaria, sino que es el contexto de una historia: la de Wall-E, el último hombre de la Tierra, que un día se enamora de Eva, la primera mujer de la Tierra.

Put on your Sunday clothes
There’s lots of world out there
Get out the brilliantine and dime cigars
We’re gonna find adventure in the evening air
Girls in white in a perfumed night
Where the lights are bright as the stars!
Put on your Sunday clothes, we’re gonna ride through town
In one of those new horsedrawn open cars

[Cornelius & Barnaby:]
We’ll see the shows at Delmonicos
And we’ll close the town in a whirl
And we won’t come until we’ve kissed a girl!

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Ciertamente, Wall-E es una película ecológica en su sentido más íntimo. De todos los personajes, Wall-E es el único que valora la planta que ha descubierto como un bien en sí mismo. Los humanos, en cambio, la ven como un mero indicativo de que la vida en el planeta vuelve a ser factible. Es decir, su relación con ella implica un interés. Por otro lado, Eva ha sido programada con la única función de encontrar la planta, ése es su propósito, su trabajo. Hasta que conoce a Wall-E… Como todo buen robot, es cumplidor. Aunque también es divertido, entusiasta y algo travieso. Wall-E es inocente, tierno como Charlot. Le muestra a Eva todos los objetos que tiene en su casa, pequeñas joyas cuyo valor radica en el destello que irradian, en ser detalles. Le enseña su película favorita, Hello Dolly!, allí las personas que se quieren se dan la mano.

[All:]
We’ll join the Astors
At Tony Pastor’s
And this I’m positive of
That we won’t come home
No we won’t come home
No we won’t come home until we fall in love!

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Poco a poco, Eva se va dando cuenta de que ese robot, torpe como él solo, ha despertado algo en su corazón. De ahí que, cuando Wall-E sufre una electrocución, Eva se percata de que su único objetivo hasta entonces -encontrar la planta y entregársela a los humanos- carece de relevancia. Por eso, cuando Wall-E se la entrega, la arroja lejos. Ya no es lo primordial. Me importas tú. Y le acerca su mano. La mano que Wall-E había ansiado tanto por agarrar. Pero el robot la aparta, va hacia la planta y la recoge. Se la entrega a Eva y enciende el mechero. Mostrándole la llama = la planta = la vida. Eva lo comprende. Wall-E, el robot, ha conseguido humanizar a Eva, otro robot. Al sr. Chaplin se le habrían caído las lágrimas.

 

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