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Publicado en marzo 4th, 2015 | por Rubén Sánchez

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Zombeavers… tal y como suena

portadaEl querer usar animales aparentemente inofensivos como pretexto para una película de terror de serie Z, no viene de dos días hacia aquí. Recordemos, por ejemplo, la delirante Ovejas Asesinas (Black Sheep, 2006) de Jonathan King, en el que los adorables bichos peludos se convertían en el terror de una aldea neocelandesa. Sin duda aquel fue un intento de reverdecer la inolvidable Tu Madre Se Ha Comido a Mi Perro (Braindead, 1992) dirigida por Peter Jackson cuando todavía tenía la desvergüenza necesaria para romper con todos los cánones. Más reciente, inexplicables éxitos como el Sharknado (Sharknado, 2013) de Anthony C. Ferrante, parecen incitar a volver a filmar locuras varias con el simple propósito de pasarlo bien. Una de las últimas que ha logrado captar algo la atención es Castores Zombies (Zombeavers, 2014) del debutante Jordan Rubin.

Esta locura comienza con dos camioneros que transportan una mercancía tan tóxica como sus chistes, ya que nos van a ofrecer una conversación realmente nociva para el cerebro y que supuestamente es graciosa. Mal empezamos. La escena termina de la mejor forma posible, con un accidente con ciervo de por medio y con la sustancia tóxica saliendo volando hacia el lago más cercano. Así que ya la tenemos liada, porque por allí están los castores afanados en construir su presa ¡Pero ojo! Porque los llamaremos castores por deferencia al director, porque juro que la rana Gustavo tocando el banjo daba más sensación de realidad que estos peluches de prominentes dientes.

Si el inicio no puede ser más tópico lo que le sigue no le va a la zaga, porque al lago se acercan tres universitarias en un socorrido viaje de chicas. Una de ellas ha sufrido un desencuentro con su novio, y no se les ocurre mejor idea que ir al medio del monte para desconectar. Efectivamente, no hace falta ser muy listo para adivinar que vamos a enfrentarnos a un recital de chistes sobre tijeras. Pero la gran novedad de esta película reside en que ¡oh, sorpresa! En esta ocasión no hay amiguita-lista-pero-menos-mona-que-el-resto. ¡No! En un ejercicio inolvidable de igualdad, todas ellas demuestran ser casi tan cortas como sus pantalones. Además sus dotes actorales van a la par, por lo que para poner toda la carne en el asador ofrecerán… ¡Sí, desnudos gratuitos! Pero sólo una de ellas, que suponemos que será la que ha tenido un mayor caché.

Fotograma

Amigo, esto no acaba aquí que nos queda el giro de guión inesperado ¡Por sorpresa llegan los respectivos novios de las muchachas! Así que ya tenemos por triplicado a los amantes de Teruel, tonta ella tonto él. Pero aquí quienes realmente importan son los castores, que por cierto ya están reuniéndose en manada harto inteligente y comienzan por cortar los cables del teléfono, jiajiajiajiajiajia, perdonen que me ría pero es que esto comienza a tener gracia. La pena es que tarde tanto en llegar este momento, cuando realmente la fiesta se anima y comienzan los ataques castoriles. Sin embargo, le falta un punto para terminar de arrancar, pese a algún que otro chiste afortunado por el camino. No faltarán los secundarios que no aportan nada, salvo más chistes malos, y algo de sangre por el medio pero sin exagerar ¿eh? Que esto pretenden que se estrene en cines y no es plan.

Así que corriendo de aquí a allá y ensalada de gritos histéricos con las aspirantes a scream queens escapando de los terroríficos peluches mientras la idea inicial se va desinflando. Porque sí, la premisa inicial es muy divertida y promete, pero según avanza el metraje tiene demasiadas taras y se abusa de repetir chistes de dudosa  gracia. A favor está que en ningún momento trate de tomarse a sí misma en serio, porque en la parte final se demuestra que los de efectos especiales pueden ofrecer mucho más, en unas transformaciones que nos hará recordar a alguna película de los años 80. En definitiva, que vale para reírse un poco sobre todo si la ves en compañía, aunque cercanos en el tiempo tenemos ejemplos mejores de comedia gamberra y sangrienta, como, por ejemplo, Tucker y Dale Contra el Mal (Tucker & Dale Vs. Evil, 2010) de Eli Craig.

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