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¿Por qué lo llaman tonti pop? go_betweens_pb

Publicado en junio 24th, 2017 | por Marcos Gendre

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The Go-Betweens: “Liberty Belle & the Black Diamond Express” (II)

Liberty Belle And The Black Diamond Express fue el primero de los discos londinenses en el que Forster le ganó la partida a McLennan. Aunque bien es cierto que tampoco fue porque éste se lo pusiera fácil. Para esta obra quizá no había un tema del calado de ‘Cattle And Cane’ o ‘Bachelor Kisses’, pero sus cinco composiciones mostraban el enriquecimiento con el que McLennan buscaba una mayor autonomía de su repertorio. La brisa de cuerdas en ‘The Wrong Road’, el acordeón que surca ‘The Ghost And The Black Hat’, la reevaluación de la herencia Talking Head en ‘Palm Sunday (On Board The SS Within)’, pero sobre todo ‘Apology Accepted’. Esta última también sirve para cerrar el disco en pleno subidón emocional. Con la sombra springsteeniana planeando en todo momento, McLennan orquesta sobre una ristra de lágrimas de piano una balada de pura expresión oceánica, siempre tendiendo hacia la dramatización, la congoja. McLennan pide que sus disculpas sean aceptadas. Lo hace con devoción casi insana. Está desatado, no le queda un ápice de control en su interior. Jamás se había expresado con tal fervor. En esta ocasión, Forster le habrá sacado ventaja, pero su mitad del álbum es la más consistente de entre todas las que había creado hasta aquel instante.

Tal duelo compositivo podría dar a pensar en una lucha que tocaba la relación personal entre los dos. En muchas ocasiones fueron preguntados sobre esta disputa preconcebida. Sin embargo, McLennan y Forster no habían llegado al punto de Bob Mould y Grant Hart, o de Lennon y McCartney en sus últimos discos juntos. Ni mucho menos.

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Robert Forster: “Yo sabía que empezaría a escribir canciones, que le podría enseñar a tocar el bajo, y que él lo adaptaría a su manera. Luego, se pasó a la guitarra. Yo le enseñé los acordes. Él ya estaba escribiendo canciones. Lo sabía porque era una persona creativa. Me di cuenta de eso pronto, pero aún iba a más con los años. Pude ver de dónde venían sus canciones. Fue pura suerte que nos complementáramos entre nosotros de esa manera, más o menos la forma en que lo hacemos como amigos o como personas. En términos de competencia, era bastante saludable. Él y yo siempre lo hemos llevado realmente bien”.

“La gente tiene esta idea… [de que nos llevamos mal] Me han hecho entrevistas por teléfono, especialmente en Alemania, mientras él se encontraba en mi casa, y yo estaba haciendo la entrevista con alguien de Estados Unidos que me preguntaba si era cierto que Grant y yo no nos hablábamos entre nosotros, y si nos odiábamos. ¡Todo esto mientras él se encontraba arriba tocando mi guitarra![1].

Robert Forster: “Somos distintos, pero también tenemos mucho en común. Grant es un poeta romántico de nuestros días, y yo puedo ser más intelectual quizás. Para mí lo más importante de The Go-Betweens siempre ha sido mi amistad con Grant. […] Jamás perdimos el contacto. Hay un punto de encuentro entre la personalidad de Grant y la mía, y ahí es donde se encuentra la personalidad del grupo”[2].

Robert Forster: Con Grant tenía que pasarme diez minutos sintiéndome extraño con él. Luego empezaba a relajarse y ya todo volvía a la normalidad. Nuestra relación requería paciencia”[3].

Robert Forster: “Cada vez que nos veíamos, era como si me conociera por primera vez”[4].

Robert Forster: “Siempre sentí que ese esfuerzo era parte de nuestra amistad. Tampoco era siempre así; a veces era muy simpático de buenas a primeras. En cualquier caso, sabías que cada vez sería diferente. Grant requería un tiempo de adaptación”[5].

Liberty Belle And The Black Diamond Express acabó por erigirse como el reflejo exacto de dos personalidades en el pico de su inspiración, cuando la tendencia siempre está asociada a un ideal de autodescubrimiento personal y de nuevas formas. Tal conjunción de poderes hizo de ésta su obra más redonda hasta aquel momento.

Lindy Morrison: “Éste es mi disco favorito. Es un álbum realmente fabuloso. Lo hemos producido nosotros mismos y contiene tiene nuestras mejores canciones. Creo que cada canción es un clásico. Y si hubiéramos producido esas canciones según las demandas de la radio -al igual que si hubiéramos utilizado cajas de ritmos y sintetizadores como hacía todo el mundo-, creo que podríamos haber conseguido un éxito”[6].

Pero no fue así como lo vieron desde Elektra, que decidieron que su reciente sede londinense no debería seguir adelante. Lo bueno del caso fue que los Go-Betweens ya habían cobrado el anticipo con el que poder acabar su reciente álbum.

Robert Forster: “No creo que tengamos un sentimiento de ira, aunque nadie ha sido capaz de presentarnos ante el público británico en cualquier tipo de forma coherente o inteligente”[7].

Si bien la aventura con Elektra terminó antes de comenzar, al menos contaban con un LP terminado que poder ofrecer a otras compañías.

El siguiente refugio discográfico del grupo no tardó en llegar, Beggars Banquet. En menos de cuatro años ya habían cambiado en cinco ocasiones de sello discográfico. Pero esta vez el material con el que contaban daba para pensar en poder echar raíces desde su nuevo emplazamiento. La primera esperanza a la que intentar agarrarse provino del primer single lanzado, Spring Rain (Beggars Banquet, 1986), pero volvió a errar en su cometido. A pesar de las buenas críticas recibidas, no dejaba de ser un tema de raíces country. Lógicamente, esta decisión volvió a sumar una x más en las lista de decisiones divorciadas de la idea del estrellato fulminante. ¿Country-pop en la Inglaterra de 1986? Quizá en aquel mismo año a Elvis Costello le podría salir bien la jugada con King Of America (Columbia, 1986), pero para una banda enfocada totalmente dentro del filtro pop no podría más que precipitarse en otro pequeño hundimiento.

Si ‘Spring Rain’ no tuvo la más mínima oportunidad desde el principio, otra cosa fue ‘Head Full Of Steam’. Treinta años más tarde, sigue siendo un absoluto misterio cómo esta canción no llegó a romper dentro de la tabla de charts. Ni siquiera se le puede achacar la culpa al estrambótico vídeo que realizaron para la ocasión. ‘Head Full Of Steam’ lo tenía todo: la participación de Tracey Horn a los coros, un estribillo infinitamente pegadizo, además de esa atmósfera de atemporalidad que recubre toda pieza de arte real. Precisamente, uno de los ganchos más reconocibles con el que contaba era ese deje a lo Prince, que Forster había adoptado totalmente. No en vano, el mismo Forster se referió a ‘Head Full Of Steam’ “como Prince en chaqueta de punto”[8]. Desde el polo de Prince, tampoco cabe duda que una canción como ‘Raspberry Beret’ podría haber salido tranquilamente de la caja de costura de Forster, al menos musicalmente hablando. Aunque ‘Raspberry Beret’ también parece una premonición de los Go-Betweens de Tallulah. Ese violín, los coros femeninos, el estribillo. Bueno, lo cierto es que el mismo vídeo de ‘Head Full Of Steam’ era una parodia del vídeo de ‘Raspberry Beret’.

Robert Forster: “En aquellos tiempos, Prince fue una gran influencia para nosotros. Nos gustaba a todos, y era lo más sorprendente… Prácticamente, era más extraordinario que todas las cosas del underground. Estuvo muy muy fresco durante un buen número de años. Era alguien que me gustaba mucho”[9].

Robert Forster: “Bobby Womack en persona me dijo una vez que soy un soul man, y que en cuanto a lo que concierne dentro de la música moderna sólo había tres soul man: él, yo y Prince. Prince llegó a Brisbane y tomó los colores, los movimientos, toda su actuación de mí. ¡Es cierto! ¡Ha visto mis movimientos!”[10].

El ocho de febrero de 1986, durante la promoción de Liberty Belle And The Black Diamond Express, el grupo fue entrevistado por Danny Kelly para NME. En esta entrevista, Forster y McLennan sorprendieron por su actitud altiva y desafiante. Si con parir algunas de las canciones más fascinantes de su generación no bastaba, había que probar por perfeccionar sus habilidades para con la prensa. Tal predisposición dio con un intento de hacer “algo” por llamar la atención el público, pero con final inesperado.

La sucesión de perlas no tiene precio…

Robert Forster: “Las personas necesitan que se les hable, que se les coja de la mano, que se les diga lo que está pasando, y yo soy la persona perfecta para hacerlo.
¿Por qué? Porque puedo moverme bien. En primer lugar, soy un bailarín. Tengo el cuerpo para hacerlo. Si no estuviera en los Go-Betweens, sería uno de los Pips de Gladys Knight. ¡Podría llevar las bengalas y hacer las exclamaciones en ‘Midnight Train To Georgia!’”.

[…]

“¿Actuando? Claro que estoy actuando. El cine australiano está llorando por mí. Tengo la cara para hacerlo. Con lo guapo que soy ahora, me gustaría tener un impacto masivo,  como Monty Clift o Marlon Brando. Voy a hacer un par de películas, revolucionar el cine australiano y, a continuación, irme”.

“¿Mel Gibson? ¿Jack Thompson? Esos tipos sólo saben hacer dos cosas: decirle a sus esposas que se callen y pedir otra cerveza…”[11].

Grant McLennan: “No nos parecemos en absoluto a ninguna otra banda en la historia del universo. En algunas noches somos la banda más desagradable del mundo; en las demás, podemos ser como los príncipes y princesas de Madame Tussuad. ¿No parecemos grandes? ¿Podrías ser capaz de olvidarte de nosotros?”[12].

Grant McLennan: “Tengo confianza, creo que lo haremos … excepto que estamos en contra de gente como Costello y Weller. Ellos escuchan los discos soul de hace veinte años, y luego extraen pedacitos con una palanca…”[13].

Grant McLennan: “No quiero ser el compositor de un compositor, el director de un cineasta o el músico de un músico. Me gustaría que fuéramos como The Band o Talking Heads: bandas capaces de hacer incursiones en los sagrados charts cada dos años, pero que siguen siendo reconocidas por estar haciendo un gran trabajo”.

Y odiaría que nos convirtiéramos en figuras a lo Velvet Underground dentro de 15 años…”[14].

Robert Forster: “Joder, yo no estoy buscando la posteridad. No voy a ser como Lou Reed o John Cale: con 40 años y todavía llorando un poco en el hombro del A & R. Los cultos también son una mierda. Desprecio a aquellas personas que se pirran por artistas muertos de hambre, que aceptan cualquier basura siempre con tal de que sólo sean cinco personas los que la han visto. Ellos quieren que te mueras de puta hambre, que te mueras de hambre…”.

“Además, el éxito no se distribuye de manera uniforme. Puede ser robado, comprado, alcanzado por el chantaje o el soborno. De vez en cuando, muy de vez en cuando, es logrado por personas que realmente se lo merecen”[15].

 Robert Forster continua añadiendo su particular granito de ironía: “Bueno,  definitivamente creamos problemas. No voy a morir si no obtengo medio millones de dólares en el banco. Tengo talento, todo el mundo en esta banda tiene talento… Grant escribirá algo más grande que canciones, yo voy a escribir una obra de teatro, una película o algo así. Vickers puede suicidarse a los 30 -espero que no- y Lindy va a hacer algo muy parecido a un suicidio antes de escapar del estrellato”[16].

 

 


[1] Neil & Ewen:  “The Go-Betweens: Robert Forster”, Hearsay. Traducción del autor.

[2] Ibídem. Traducción del autor.

[3] Amat, Kiko: “Música clásica”, Rockdelux, septiembre de 2008.

[4] Ibídem

[5] Ibídem

 

[6]  Hutchison, Tracee: Your Name’s on the Door. página 125. Traducción del autor.

[7] McGrath, Kevin: “The lost genius of the Go-Betweens”, Kevonhissoapbox, 08/01/2015. Traducción del autor.

[8] Ware, Gareth: “The Go-Betweens: feature”, London In Stereo. Traducción del autor.

[9] McGregor, Jody: “The Go-Betweens part.2: ‘Lennon / McCartney Could Have Written That’”, Mess+Noise. Traducción del autor.

[10] Tom Magazine: “Interviews: The Go-Betweens”. Traducción del autor.

[11] Kelly, Danny: “The Go-Betweens: Libertines”, New Musical Express, 8/02/1986, página 25. Traducción del autor.

[12] Ibídem, página 24. Traducción del autor.

[13] Kelly, Danny: “The Go-Betweens: Libertines”, New Musical Express, página 25. Traducción del autor.

[14] Ibídem, página 25. Traducción del autor.

[15] Ibídem, página 25. Traducción del autor.

[16] Ibídem, página 25. Traducción del autor.

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