"El hábitat natural para tu mente enferma"


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Publicado en octubre 14th, 2015 | por Carmen Viñolo

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“Sin blanca en París y Londres” de George Orwell

La pobreza elimina el futuro“.

George Orwell

Sin blanca en París y Londres[1] (Down and Out in Paris and London) se trata de un texto que es preciso contextualizar. En 1927, cuando George Orwell contaba con veinticuatro años se echó a las calles de Londres con intención de investigar la vida y condiciones de los vagabundos londinenses para un ensayo que tenía en mente, El albergue (The Spike), que más tarde publicaría la revista The Adelphi en abril de 1931. Durante la primavera de 1928 Orwell se traslada a París, donde vive en la Rue du Pot de Fer en el barrio Latino[2], enclave de artistas, que acogió a escritores como Henry Miller, Ernest Hemingway o F. Scott Fitzgerald. Se trata también de una barriada, donde se asentaron muchos emigrados rusos; los capítulos que dedica a sus (des)venturas con su amigo Boris son especialmente conmovedores: “Al llegar a mi habitación gastamos otro franco cincuenta en pan y chocolate. Boris devoró su parte y se animó como por arte de magia la comida actuaba en él tan rápido como un cóctel. Sacó un lápiz y empezó a escribir una lista de personas dispuestas a darnos trabajo. Según él, eran decenas[3]. Tanto en París como en Londres Orwell experimenta lo que es la verdadera miseria, la explotación humana, el hambre, el frío. ¿Qué fue lo que condujo al escritor a esta situación? Durante cinco años, Eric Blair -el verdadero nombre de George Orwell- trabajó en la policía imperial en Birmania. Dicha actividad acabó causándole una inmensa carga de culpa, que debía expiar, tal y como relata en El camino a Wigan Pier: “Sentía que tenía que escapar no sólo del imperialismo, sino de cada forma de dominio del hombre sobre el hombre. Quería sumergirme, ir realmente abajo, estar entre los oprimidos, ser uno de ellos y estar a su lado en contra de los tiranos. […] De este modo, todos mis pensamientos se dirigieron a la clase trabajadora inglesa. Era la primera vez que fui realmente consciente de la clase trabajadora, y para empezar era simplemente porque me suministraba una analogía. Eran las víctimas simbólicas de la injusticia, desempeñando el mismo papel en Inglaterra que los birmanos desempeñaban en Birmania. En Birmania, la cuestión había sido bastante simple. Los blancos estaban arriba y los negros abajo, y por lo tanto, por una cuestión de compasión, uno estaba con los negros. Ahora me di cuenta que no había necesidad de ir tan lejos como a Birmania para encontrar tiranía y explotación[4].

0down and out

Así pues, Blair quería expiar su culpa por haber sido él mismo un opresor, lo que le llevó a los barrios bajos, y a experimentar la pobreza más absoluta. El siguiente paso era dar testimonio a través de la literatura, es decir, escribir y publicar, que en ocasiones puede ser más difícil que la misma calle. La primera versión de Down and Out in Paris and London se llamó A Scullion’s Diary -Diario de un pinche-; recopilaba únicamente el  material de París y fue completada en 1930[5]. Eric Blair ofreció el manuscrito al editor Jonathan Cape en 1931, pero éste lo rechazó por ser “demasiado corto y rudimentario”[6]. Al año siguiente, envió un segundo manuscrito a Faber & Faber. En esta ocasión, había añadido sus vivencias en Londres, pero T S Eliot, director de la editorial por aquel entonces, lo rechazó también. He aquí su respuesta: Lo encontramos de gran interés, pero lamento decir que no me parece posible como empresa editorial[7]. Tras las negativas de las editoriales, Blair pensó en destruir el texto y se lo llevó a su amiga Mabel Fierz para que así lo hiciera. Afortunadamente, Fierz desoyó la petición del escritor y se lo entregó al agente literario Leonard Moore quien se lo hizo llegar al editor Victor Gollancz[8]. Tras algunas concesiones, como eliminar las palabras mal sonantes y algunos nombres conocidos, Blair cerró el trato, recibiendo 40 libras como adelanto. Fue él mismo quien se decidió por emplear un pseudónimo, pues no tengo una reputación que perder al hacer esto y si el libro tiene algún tipo de éxito, siempre puedo usar el mismo pseudónimo[9]. De este modo, nació George Orwell. Down and Out in Paris and London se publicó el 9 de enero de 1933 en Londres. La reacción de la crítica fue favorable, aunque las ventas fueron bajas hasta que Penguin Classics relanzó el texto en 1940 en una edición de bolsillo de 55.000 ejemplares[10].

La principal sorpresa de Sin blanca en París y Londres es que nos damos de bruces con un Orwell diametralmente distinto al habitual: no encontramos ni rastro de la severidad de 1984, ni de la crítica política de Rebelión en la granja u Homenaje a Cataluña. De hecho, cuando aparece la posibilidad de trabajar como cronista de actualidad para un periódico comunista, Orwell confiesa ¡que no tiene ni idea de política! Ahora bien, la crítica social está ahí; también la voluntad de solucionar, o al menos mejorar, la situación de los indigentes en Inglaterra, que aparece en la segunda parte del texto. A pesar de la dureza de las situaciones que describe, Sin blanca en París y Londres es esencialmente una comedia, que arranca página tras página tanto sonrisas como carcajadas, consiguiendo que el melancólico se mueva a risa y el risueño la acreciente. El autor define el texto como un “libro de viajes”, cuya lectura espera sea entretenida. Es mucho más que eso. Se trata de una verdadera obra de arte, en la que los personajes más variopintos y excepcionales se cruzan en su camino, y las historias, relatadas o vividas, a cada cual más fascinante, repletas de humor, surrealismo y  ternura, rayan lo azconiano, lo cervantino.

En París “estaban, por ejemplo, los Rougier, una pareja con aspecto de enanos, viejos y harapientos que tenían un negocio extraordinario. Vendían postales en el Boulevard Saint-Michel. Lo curioso era que las vendían en paquetes cerrados como si fuesen pornográficas cuando, en realidad, eran fotografías de los castillos de Loira; los compadrones no lo descubrían hasta que era demasiado tarde, y por supuesto nunca se quejaban. Los Rougier ganaban unos cien francos al mes, y con estrictas economías se las arreglaban para estar siempre medio borrachos y medio muertos de hambre“. Por las calles de Londres podía admirarse la obra de Bozo, un pintor callejero, que “hablaba de un modo extraño. Era como si hubiese leído buenos libros, pero no se hubiera molestado en perfeccionar su gramática“. Dio clases de astronomía al escritor, pues parecía preocupado por su ignorancia al respecto. Era un espíritu libre, que despreciaba a los demás pintores callejeros por parecerle un atajo de borregos ignorantes; y un ateo empedernido “de esos que no es que no crean en Dios, sino que le tienen antipatía personal“.

Semejantes personajes e historias dieron pie a un debate acerca de la veracidad de los hechos expuestos. No obstante, Orwell escribió en la introducción a la edición francesa de 1935 lo siguiente: “Creo que puedo decir que no he exagerado nada, excepto en la medida que todos los escritores exageran seleccionando. No sentía que estaba obligado a describir los eventos en el orden exacto en el que ocurrieron, pero todo lo que he descrito tuvo lugar en un momento u otro[11].

Lo cierto es que, con Sin blanca en París y Londres, el autor nos presenta el gran teatro del mundo:

La vida en el barrio. Nuestro bistro, por ejemplo, al pie del Hotel des Trois Moineauz. Una habitación minúscula con el suelo de ladrillo, casi un sótano, con las mesas empapadas de vino y una fotografía de un funeral donde decía: “Crédit est mort”; obreros con faja roja que cortaban salchichón con la navaja; madame F., una esplendorosa campesina del Auvergnat con la cara de una vaca tozuda, que se pasaba el día bebiendo vino de Málaga “por el estómago”; juegos de dados para ver quién pagaba los apéritifs […] Ojalá hubiese en Londres un pub la cuarta parte de animado[12].

y la miseria:

Paddy fue mi compañero los siguientes quince días. […] Creo que era un vagabundo bastante típico y que en Inglaterra hay decenas como él. […] Tenía las mejillas hundidas y esa tez grisácea y áspera típica de quien vive a base de pan con margarina. Iba mejor vestido que la mayoría de los vagabundos, con una chaqueta de caza de tweed y unos pantalones de esmoquin muy viejos que todavía conservaban la banda de raso. Estaba claro que aquella banda simbolizaba para él un último vestigio de respetabilidad y cada vez que se descosía volvía a zurcirla con mucho cuidado[13].

en un relato novelado, tremendamente honesto y brutal. Orwell ofrece incluso una guía de alojamientos para indigentes en Londres por si las moscas. Pues “he aquí lo que os espera si os quedáis sin un penique“.

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[1] También traducido y publicado como Vagabundo en París y Londres.

[2] Orwell, George: Down and Out in Paris and London, Penguin Classics, Introducción, 1986. En http://orwell.ru/library/novels/Down_and_Out_in_Paris_and_London/english/e_dm_int

[3] Orwell, George: Sin blanca en París y Londres, Debate, Barcelona 2015, página 35

[4] Orwell, George: The Road to Wigan Pier, en http://www.limpidsoft.com/a5/wiganpier.pdf, páginas 76 y 77. Traducción de la autora.

[5] Orwell, George: Down and Out in Paris and London, Penguin Classics, Introducción.

[6] Ibídem.

[7] Ibídem. Traducción de la autora.

[8] Ibídem.

[9] Ibídem, Traducción de la autora.

[10] Ibídem.

[11] Orwell, George: Down and Out in Paris and London, Introducción.

[12] Orwell, George: Sin blanca en París y Londres, página 14

[13] Ibídem, página 159.

 

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