"El hábitat natural para tu mente enferma"


Buenas Nuevas 018633711.59.50

Publicado en julio 23rd, 2017 | por Carmen Viñolo

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Twin Peaks. Temporada 3. Episodio 8: origen

Si hay algo que hace de David Lynch un artista posmoderno es su habilidad para dar un volantazo y llevarnos a un lugar inesperado. Después del episodio 7, todo quisqui se preguntaba qué iba a hacer ahora Cooper al volver a estar en libertad. Pues bien, habrá que esperar, como mínimo, un episodio más. Y eso que daba la sensación de que lo íbamos a saber, pues este episodio da comienzo con Cooper y su compinche conduciendo por una oscura carretera. Bien, a pesar de que sucede algo muy gordo con el ex-agente especial del FBI, la trama se dirige, de pronto, hacia otro lugar, hacia otros tiempos.

White Sands, Nuevo México.

16 de julio de 1945

5:29 de la mañana

Ahí fue dónde se detonó la primera arma nuclear de la historia, una bomba de plutonio de 20 kilotones de potencia. El mismo modelo que se utilizó el 9 de agosto de ese mismo año contra la ciudad de Nagasaki (Japón). El nombre en clave de esta primera operación era «Trinity»; J. Robert Oppenheimer, director del laboratorio Los Álamos, se lo asignó inspirándose en un poema de John Donne, Holy Sonnet XIV: Batter My Heart, Three Personed God.

Batter my heart, three-personed God; for you
As yet but knock, breathe, shine, and seek to mend;
That I may rise and stand, o’erthrow me, and bend
Your force to break, blow, burn, and make me new.
I, like an usurped town, to another due,
Labor to admit you, but O, to no end;
Reason, your viceroy in me, me should defend,
but is captived, and proves weak or untrue.
yet dearly I love you, and would be loved fain,
But am betrothed unto your enemy.
Divorce me, untie or break that knot again;
Take me to you, imprison me, for I,
Except you enthrall me, never shall be free,
Nor even chaste, except you ravish me.

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La primera detonación nuclear es, pues, el origen del mal, de Bob. Sin embargo, y quizá como contraataque, surge también algo puro, hermoso y simple como una pompa de jabón; sólo que ésta contiene el rostro de Laura Plamer.

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En este episodio, harto experimental, Twin Peaks se revela en lo más hondo como una serie de terror. Mostrando aquello que infunde más pavor: la bestialidad del ser humano, de los hombres.

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A destacar: el océano. Allí se levanta un peñasco de aires decimonónicos. Sobre él, una construcción entre futurista y románica. Es grandiosa, robusta. A medida que se acerca la cámara, es posible entrever una ventana diminuta. Luego, oscuridad, y entonces una habitación. Blanco y negro. Una mujer, sentada en un sofá, se balancea levemente al son de la música de un gramófono. Va vestida de noche. La acción se para, se hace paulatina. A más de uno le habrá irritado. No obstante, de esta manera lo cinético ha devenido pictórico. El movimiento se ha estatizado, lo que permite apreciar, contemplar, la imagen como un cuadro, con cada uno de sus detalles: la lámpara, una enorme campana mecánica, los motivos del suelo, el vestido de la mujer, sus zapatos…

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Un punto, en mi opinión, negativo: las actuaciones musicales del Roadhouse, que se repiten en cada episodio. En este último, concretamente, rompe por completo la narración. Más de cuatro minutos de actuación que te sacan por completo del sueño, como un maldito despertador que suena a las siete de la mañana. Estas actuaciones recuerdan a las aparecidas en la serie británica The Young Ones, sólo que en este caso, estaban mejor insertadas en la acción, no la maltrataban.

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Un Buddy Holly del revés en The Young Ones

En fin, un pequeño tropiezo del sr. Lynch.

 

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