A la vejez, viruelas: «Ruyzho and the Seven Henchmen» de Takeshi Kitano

Una de las ventajas de hacerse mayor -además de que te cedan el asiento en el autobús- es la creciente capacidad de reírse de uno mismo. Durante los años de juventud sentimos las miradas clavándose en nuestro cuerpo, nuestra personalidad, nuestra identidad. Un comentario desafortunado puede causar daños irreparables en la autoestima. Por ello esta etapa de la vida suele ir acompañada de una inclinación a cuidar el aspecto, las palabras y las actitudes. En la vejez cada uno sabe quién es y lo más importante: lo que ha hecho. Además, los ancianos están pasados de vueltas. ¡Qué le importa a nadie lo que piensen los demás! Así, Ryuzo (Tatsuya Fuji) anda tirándose pedos sin apenas inmutarse y mucho menos preocuparse por el efecto que puede causar. Con su último filme, Ryuzo and the Seven Henchmen (Ryûzô to 7 nin no kobun tachi, 2015) da la sensación que Takeshi Kitano se haya dicho a sí mismo: «Me estoy haciendo viejo y me descojono de la risa«.

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¿Quién dice que la comedia ha muerto? Será en occidente. Desde Humor amarillo (Fûun! Takeshi Jô, 1986-1989) y Getting Any? (Minnâ-yatteruka!, 1994) Kitano no nos había hecho reír tanto. El director regresa a este fabuloso género, repartiendo a tutiplén vitaminas para el corazón. Comedia hilarante y profunda, Ryuzo relata la historia de un grupo de ex-yakuzas entrados en edad que decide volver a la carga para eliminar al grupo mafioso de jóvenes que domina su zona en la actualidad. En un primer momento, podría pensarse que es ridículo que unos viejetes salgan de su retiro para hacer de gánsteres. Y lo es. Ryuzo y sus secuaces son un atajo de personajes, ya sea por sus motes o por sus pintas. No están en la mejor forma; ni van mucho menos a la última moda. Mac (Toru Shinagawa) es el apodo de un fan(ático) de Steve McQueen; viste siempre una chaqueta de piel negra a lo años cincuenta y una bufanda blanco nuclear. Es el único que lleva un revólver. Hace mucho ruido, pero no llega a acertar jamás. Ichizō (Ben Hiura) solía maltratar a los fumadores, ahora es un adicto a la nicotina. Por otro lado, sus técnicas de asesinato están anticuadas -la de Mokichi, el empalador del retrete, quedó obsoleta cuando se pasó de los pozos negros al inodoro-. Del mismo modo que en El pisito (1960) de Marco Ferreri, los ancianos adoptan una actitud juvenil que resulta irrisoria. Sin embargo, lo más esperpéntico es que los mafiosos jóvenes se achantan ante la primera de cambio cuando se cruzan con los viejos.

Ryuzo and the Seven Henchmen tiene más de una capa. Nos habla del fin de una era: la Yakuza, la mafia japonesa. Los tiempos han cambiado. Ahora los mafiosos son empresarios que actúan como vendedores de la teletienda. También de la lucha eterna por permanecer en el terreno de la juventud. Querer volver al pasado es absurdo por una sencilla razón: es imposible. Más allá, Ruyzo aborda la amistad masculina a través de la risa, con una ternura chapliniana y la magia propia del neorrealismo italiano.


 

Un pensamiento en “A la vejez, viruelas: «Ruyzho and the Seven Henchmen» de Takeshi Kitano

  1. Muy emocionado, de veras. Vi la película en unos días de mucha ansiedad, y conseguí evadirme totalmente en la risa a horcajadas que provoca. Menuda oda a la risa. Menuda terapia contra la arruga. Gracias por devolverme la sonrisa con el recuerdo de esta maravillosa película. Articulazo, cómo no.

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