El último golpe de Machetazo

Seco y cortante, así fue el último mensaje que nos dejaron los coruñeses Machetazo en su web oficial ( http://www.machetazo.org ). Un escueto “hemos decidido separarnos. Queremos dar las gracias a todos nuestros fans por el apoyo mostrado durante tantos años” ponía fin a 20 años de carrera, un mensaje sin adornos, directo, como ha sido toda su trayectoria. Con Machetazo se nos va uno de los grupos de metal extremo más importantes del país, una máquina generadora del mejor grindcore que jamás hayamos visto ejecutado por músicos nacionales, unos músicos que todavía mostraban una gran técnica y habilidad con sus instrumentos, tal y como mostraron en el concierto celebrado hace pocos meses en su ciudad, A Coruña, con motivo de su vigésimo aniversario de carrera. En el mismo concierto en el que Dopi, batería y vocalista, resumió la existencia de la banda en una sola frase: “20 años haciendo el subnormal en esta ciudad de mierda”, algo que denotaba hartazgo por el continuo ninguneo que sufren, en general, todos los músicos de estas ramas extremas del metal, y más concretamente aquellas bandas que nacen en ciudades con poca tradición, tal y como ya comentábamos en esta misma web en este artículo.

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Machetazo en la época en la que Santi (primero por la izquierda y vocalista de Nashgul) unía fuerzas con Dopi (batería y único miembro original) y Rober (guitarra)

Atrás queda una lista casi interminable de splits, varios EPs y cinco discos de estudio. Una delicatesen para gente entrenada en los sonidos más desgarrados y brutales. Claro ejemplo de su maestría fue su último álbum Ruin (Doomentia, 2013), aunque personalmente siempre me quedaré con sus Sinfonías Del Terror Ciego (Razorback, 2005), sin duda influenciado por tratarse de una obra conceptual sobre la tetralogía de los templarios del también coruñés Amando de Osorio (que también será merecedor de un artículo en el futuro). Por suerte, Machetazo no nos deja totalmente huérfanos, y cada vez hay más signos de que el metal nacional no tendrá un futuro en donde únicamente tengamos la enésima reedición del rock kalimotxero de toda la vida. Sea como sea, la vida de Machetazo ha sido un claro ejemplo de supervivencia desde 1994, en una escena en la que han sabido labrarse un nombre pese a todos los inconvenientes y las dificultades en un país poco propenso a estos sonidos extremos.