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El Walkman Kanye West foto 2

Publicado en abril 28th, 2015 | por Marcos Gendre

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Kanye West: buscando al nuevo “Rey del Pop”

“¡¡¡¡Ojalá Michael Jackson tuviera twitter!!!! ¡¡¡Quizá Mike podría explicar cómo los medios intentaron acabar con él!!! ¡¡¡¡Todo es un jodido complot!!!!” .

Kanye West

 

 

No cabe duda que la tremebunda irrupción de una entidad de las proporciones de Michael Jackson marcó una nueva era en el funcionamiento de la industria musical. Los mastodónticos beneficios que había generado a todos los niveles -publicitarios, ventas de discos y prensa, merchandising, etc.- no habían pasado desapercibidos para los grandes pilares de la industria musical y la periodística. Hacían falta nuevos Michael Jackson para las masas. Como resultado, desde mediados de los ’80, nació un nuevo tipo de estrella afroamericana. Michael había seguido la liturgia de la música disco y había roto todas las barreras interraciales dentro del mundo del pop. Esta veta abierta fue el camino por el que empezaron a hacer brecha “nuevos Michael Jacksons”. Entre los más destacados, Whitney Houston, Bobby Brown y Janet Jackson, su propia hermana. A pesar del éxito desbordante de estos tres nuevos iconos del pop, fallaba algo: sólo Janet había entendido que la meta del éxito a toda costa tenía que ir acompañada de unas ansias naturales por transcender con obras que, en su música, reflejaran el espectro de un gran artista. No se trataba de vender únicamente discos como si fueran productos manufacturados bajo los moldes de las necesidades creadas por la industria. Desgraciadamente, uno de los legados más tristes del entorno de Michael Jackson fue el de convertir la obra musical en un producto, puro y duro.

A lo largo de los 90, los casos de artistas totalmente manufacturados fueron sucediéndose. Aberraciones como Backstreet Boys y Spice Girls tienen su germen en las propensiones capitalistas de una industria que sólo se rige por un lema: “cuanto  más mejor”. La importancia de darle a la gente obras con las que inspirar su vida se había ido, definitivamente, al garete. El término “mainstream” fue ganando en connotaciones negativas con el paso del tiempo. Incluso los otros dos grandes dominadores de los ’80, Prince y Madonna, empezaron a caer en un oasis de inspiración ínfima. Ya nadie se podía esperar un nuevo Purple Rain o Like A Prayer. Se habían acabado sus días de grandeza.

Kanye West foto 3

Tiempo después, en 2004, ocurrió un hecho transcendental: ese año salió a la calle The College Dropout (Roc-A-Fella / Def Jam, 2004), el primer LP de Kanye West. Si bien es cierto que desde el underground habían brotado nuevas figuras, tan relucientes y ambiguas como Missy Elliot y Jay Z, ninguna llegó con el torrente de intenciones que Kanye.

El debut de Kanye fue nº1 en Estados Unidos. Dentro de su receta musical se encontraba la visión aglutinadora de Prince y la factura súper-pop de la sociedad Jackso / Quincy, aunque con su propio toque personal. The College Dropout es un híbrido de hip-hop, soul y pop de propensiones maximalistas. Kanye se había rodeado de una nómina de más de ochenta colaboradores. Los resultados fueron sobrecogedores. En su siguiente álbum, Late Registration (Roc-A-Fella / Def Jam, 2006), llegó incluso más lejos, contando con una orquesta en su confección. Kanye tenía los conceptos del súper-pop incrustados en el subconsciente. No se escuchaba algo que destilara tanta necesidad por tatuar sus siglas en la historia desde los tiempos de Michael Jackson. No en vano, Michael siempre había sido un modelo para Kanye.

Kanye West: “No sería Kanye West si no hubiese sido por Michael Jackson. Él tuvo que luchar para que pusieran su vídeo en la televisión porque era negro. Éste fue Michael Jackson”[1].

Kanye no entiende la creación sin un propósito de superación artística. La música es su droga; y, como tal, tiene que darle todas las motivaciones que puedan aliviarle el mono.

Kanye West: “Lo que más me gusta son las cosas realmente sublimes. La gente que quiere hacer las cosas lo mejor posible y, por ende, acabar haciendo dinero con ello. Lo que menos me gusta es la gente que solo quiere sacar dinero con las cosas, sin tener en cuenta si son buenas o no”[2].

Es más, Kanye se considera a sí mismo como un “soldado de la cultura”. Desde que era pequeño respondía al concepto de niño prodigio. Con tan sólo cinco años, escribía poesía. Años después, también se interesó por la pintura y con 15 años ya componía con su primer sampler. Mientras Kanye West se había forjado a sí mismo desde las sombras, Michael siempre había estado expuesto a los focos.

Kanye West foto 1

Como Michael, Kanye siempre se siente atacado por la crítica. Por supuesto, él se ha expuesto muchas veces, aunque nunca tanto como cuando apareció con una corona de espinas sobre su cabeza en una portada de la Rolling Stone, en 2006. El nuevo Dios negro. Kanye siempre ha sido muy consciente de todo el daño que le provocó la prensa a Michael. Sabe que no quiere acabar consumido dentro de una burbuja. No se corta en tener enfrentamientos directos con los paparazzi. No los rehúye, su actitud es una consecuencia directa del monumento al narcisismo que utiliza como bunker personal. Normalmente, las personas con un ego tan desproporcionado sufren de una gran inseguridad, aunque nunca la muestren. Kanye es humano, aunque el mismo proclame que es Dios. Una obra sobre la soledad y el desamor como 808s & Heartbreak (Roc-A-Fella / Def Jam, 2008), su cuarto LP, sólo puede ser obra de alguien que reconoce un vacío muy grande en su interior. Ese disco estuvo influido por la súbita muerte de su madre y por su ruptura con Alexis Phifer.

Kanye West: “La muerte de mi madre fue para mí como si hubiera perdido un brazo y una pierna, e intentara caminar a pesar de ello”[3].

Kanye West foto 4Desde niño, Kanye tuvo que enfrentarse al divorcio de sus padres, cuando apenas tenía tres años. Con 10 años llegó a vivir en Nanjing, una de las grandes capitales de China. Era el único niño extranjero en la clase. Antes de llegar su gran oportunidad en solitario, desde 1996 a 2002, Kanye se hizo un nombre como uno de los productores más reconocidos. Entre trabajos para Ludacris, Janet Jackson o Alicia Keys, su aportación en The Blueprint (Roc-A-Fella, 2001) de Jay-Z fue la que, realmente, le dio un reconocimiento mayor. Sin embargo, Kanye quería dar el salto: ser el gran protagonista. No se lo pusieron fácil. Tardó años hasta que pudo demostrar sus dotes en primera persona. Existe un grado de revancha en toda su obra. Todos los que no quisieron darle la oportunidad, los artistas a los que produjo, Kanye parece que con cada disco nuevo  está diciéndoles: ¿pero qué os pensabais? Soy mucho más grande que cada uno de todos vosotros. Todo sirve para motivarse. Kanye se alimenta de toda la incomprensión sufrida y la metaboliza en un estallido regenerador de creatividad. Que su primer single sea ‘Through The Wire’ no es casualidad. Esta canción ejemplifica a la perfección la naturaleza aguerrida de Kanye. La historia comienza un día de 2002 que salía de noche del estudio. Aquel día se caía del cansancio. Cogió el coche, lo encendió y, poco después, se quedo dormido. En un momento, el coche estaba en llamas. Aquel día, Kanye pudo morir. Al igual que Michael, cuando tuvo su accidente de coche con ‘Billie Jean’ en la cabeza, Kanye salió ileso. Sin embargo, tuvo que pasar por el quirófano. La cirugía estética era obligatoria. Kanye sobrevivió a esta experiencia, pero lejos de olvidarla le inspiró para sacar adelante ‘Through The Wire’, a la postre, la canción que definitivamente le abrió las puertas de la fama.

Kanye es un superviviente nato. Vive con un mecanismo de defensa tan peligroso que puede llevar al desapego con las emociones humanas. Michael sufrió este proceso en sus propias carnes, aunque lo suyo acabó derivando en pérdida total de contacto con el mundo que le rodeaba: por fin se había convertido en Peter Pan volando sobre el mundo de “Nunca Jamás”. Por el contrario, Kanye siempre está en el centro del ring. Necesita ser atacado y atacar. El resultado siempre es el mismo: una excusa para añadir una capa protectora más de ego a su persona.

Kanye sufre de los síntomas del narcisista crónico: casi siempre se refiere a sí mismo en tercera persona. Al igual que Michael, Kanye intenta derivar toda la carga acumulada de ego que le constriñe en una misión mayor: no sólo ser un ídolo para sus fans, sino también ser un modelo.

Kanye West: “Escucha toda mi música. Son los códigos para la auto-estima, son los códigos sobre quién eres. Si eres fan de Kanye West, no eres fan mío, eres fan de ti mismo. Creerás en ti mismo. Solo soy el espresso que te tomas por la mañana para ponerte en marcha, que te hacer creer que puedes superar esa situación a la que te enfrentas constantemente”[4].

¿Estrategia, medicina o justificación para todos sus actos? La ambigüedad que mueve sus actos es la que define a grandes como él, Public Enemy, Bob Dylan o el propio Michael.

Lo cierto es que, al igual que Michael, Kanye siempre se mueve en la ambivalencia del que se muestra tan vulnerable -como en muchas partes de My Beautiful Dark Twisted Fantasy (Roc-A-Fella / Def Jam, 2010) o como cuando empezó a romper a llorar al recordar a su profesora de moda, Louise Wilson, reciente muerta- como un Dios ardiendo en verborrea candente.

Kanye West: “Yo siempre lucho por la justicia. Como el Michael Jordan de la música que soy, estoy en mi derecho de decir que algo está mal… Soy tan influyente, tan relevante y tengo tanta credibilidad que puedo contribuir a cambiar las cosas”[5].

Kanye West foto 5

Nunca es suficiente.

Controlador nato, Kanye tiene todo milimétricamente orquestado para estar siempre en el candelero. Es consciente que en los tiempos de fast food musical que vivimos cualquier descuido puede llevarte al olvido prematuro. Kanye tiene miedo ser olvidado. Tantos titulares, su condición como rey de twitter, su matrimonio con una celebridad como Kim Kardashian, las zapatillas con su nombre, diseñadas por él mismo, a Kanye no se le escapa un detalle. No hay día que internet no tenga una nueva noticia acerca de su figura. Incluso, parece que ha heredado los genes de Pantera Negra de su padre. De hecho, desde que, a propósito de los eventos tras el desastre del Katrina, dijo en un acto público de 2005 que a Bush no le importaba la población negra hasta sus ataques directos a Barack Obama, Kanye siempre ha estado comprometido con sus orígenes. Detesta el poder al servicio del sometimiento continuo. No hay más que escuchar ‘Who Will Survive In America’, el alegato con el que destrozaba cualquier atisbo de Sueño Americano para el hombre negro.

 En uno de los momentos más transcendentales de su vida, Kanye llegó a conocer a Michael Jakson, a propósito del remix de ‘Billie Jean’ que le iba a preparar para el 25 aniversario de Thriller. Tal como cuentan los allí presentes, en todo momento, Kanye se sintió abrumado por la presencia de su gran ídolo de la infancia. Ya no era ese hombre de mueca arrogante y mirada encendida. Estaba como un niño. Para Kanye, se trataba de cumplir un sueño: estar allí, frente a frente, con su gran ídolo de juventud. Tras tantos años de espera, ese día de 2008 simbolizó el paso del testigo a Kanye como nuevo “Rey del Pop”. Como otras tantas veces, la historia se repite.

 


[1] Sayol, Franc: “Kanye West más incendiario que nunca en su entrevista con Zane Lowe en BBC Radio 1”, Playground.

[2] Ibídem.

[3] Lles, Luis: “Kanye West: Todo sobre mi ego”, Rockdelux 320.

[4] Sayol, Franc: “Kanye West más incendiario que nunca en su entrevista con Zane Lowe en BBC Radio 1”, Playground.

[5] Lles, Luis: “Kanye West: Todo sobre mi ego”, Rockdelux 320.

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