"El hábitat natural para tu mente enferma"


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Publicado en noviembre 17th, 2019 | por Juan Soto Viñolo

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La cartelera del 20-N

«Día 20 de noviembre de 1975. Las Casas Civil y Militar informan a las 5.25 horas que, según comunican los médicos de turno, Su Excelencia el Generalísimo acaba de fallecer por paro cardíaco como final del curso de su shock tóxico por peritonitis». Así rezaba el parte emitido a las 6 de la mañana por las agencias Cifa, Europa Press y Pyresa. Así de escuetamente concluyó el cuarentafranquismo biológico, la dictadura nacida de la rebelión militar del 18 de julio de 1936.

Entre los múltiples instrumentos represivos que sostuvieron al Régimen, la censura cinematográfica desempeñó un papel relevante para la manipulación religiosa y política del pueblo español. Si bien el ineluctable paso del tiempo obligó a Fraga a tolerar cierta apertura, frenada por su sucesor Alfredo Sánchez Bella, bueno será recordar que en febrero de 1975 León Herrera Esteban hizo promulgar un Código de Censura Cinematográfica autorizando el desnudo sub conditione que venía a anunciar anticipadamente la defunción de la censura franquista que databa de 1937. Un viaje a las hemerotecas para repasar la cartelera cinematográfica y teatral de Madrid, Barcelona y Perpignan, en el sur de Francia, nos ha permitido rescatar aquellas moribundas pautas morales del franquismo.

La cartelera del diario ABC insertaba en la página 65 correspondiente al 20-N una Calificación Moral facilitada por la Confederación Católica de Padres de Familia. Cada película llevaba una numeración orientativa para preservar la moral. Era la siguiente: Niños (1). Jóvenes (2). Mayores (3). A partir de aquí la Confederación se ponía muy seria. Mayores con reparos (3-B). Con esta calificación se proyectaban en Madrid Rollerball, Corrupción de menores, San Francisco, ciudad desnuda, Cowboy de medianoche y Johnny cogió su fusil.

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Como Gravemente peligrosa (4) estaba calificada Furtivos, de José Luis Borau, premiada en el Festival de San Sebastián que podía verse en el cine Amaya. Con tan alarmante anotación figuraban Chinatown, De profesión polígamo, Malizia, El anticristo, Mi mujer es muy decente dentro de lo que cabe, Pim, pam, pum… ¡fuego! en el Velázquez. El verdugo, de Berlanga, se proyectaba en el Magallanes y Ya soy mujer, de Summers, en el Consulado y en el Victoria. En el cine Peñalver Belle de jour, de Luis Buñuel; en el Palace, Galileo, de Liliana Cavani, y en el Tívolo, El exorcista.

Aquella mojigata Calificación Moral todavía se aplicaba en 1975 al teatro, variedades y revistas. Sigamos con las Gravemente peligrosas (4). El día que se murió el general se representaban en Madrid obras con semejante calificación: Equus, Mujeres con sexy boom, Sé infiel y no mires con quién y la picante zarzuela Las corsarias, en versión íntegra. Y Franco de cuerpo presente.

El prolífico autor Alfonso Paso tenía aquel día de dolor nacional según TVE dos comedias en escena. En el teatro Benavente, Los derechos de la mujer, traducida incluso al japonés decía la publicidad, y en el Fígaro, Enseñar a un sinvergüenza. En el teatro Alcalá Palace se representaba Jesucristo Superstar, de Tim Rice y Andrew Lloyd Weber, con Camilo Sexto en el cenit de su carrera. En el Alfil, Ubú rey, de Alfred Jarri. A pesar del control gubernamental, el teatro ya recibía a autores comprometidos como Peter Shaffer (Equus), Bertolt Brecht (La irresistible ascensión de Arturo Ui), el citado Jarri y recuperaba a Benito Pérez Galdós (Misericordia en el teatro María Guerrero).

Lina Morgan representaba en el Barceló Pura, metalúrgica para divertir santamente a las clases trabajadoras, y en el Calderón Manolo Escobar que, dice, nunca actuó en los festivales benéficos organizados por Carmen Polo, estrenaba su nuevo espectáculo con Rosita Ferrer y se llevaba al público de calle con la frescura cantarina de su voz renuente a la minifalda provocona. Colsada presentaba en La Latina a la compañía de Tony Leblanc con la supervedette Mary D’Arcos en Mujeres con sexy boom, pero nada más. Don Matías, que en gloria esté, jamás autorizó el destape en sus revistas. Quizá por ello nunca recibió una subvención.

Como autores bien vistos por el Régimen encontramos en la boite teatro Ales a Fernando Vizcaíno Casas estrenando Streaking show y en Stéfanis a Antonio D. Olano que hacía lo propio con La magia desnuda de Cáceres, dos títulos ciertamente afortunados.

El repaso a la cartelera de Barcelona tomada del Diario de Barcelona nos permite recuperar algunas películas en cartel el día que Arias Navarro anunció: «Españoles: Franco ha muerto, hip». Jesucristo Superstar se exhibía en el cine Aribau; La ronda del placer en el Fantasio; El coloso en llamas en el Vergara y en el Cinerama Nuevo, Rollerball. En la sala especial Alexis 143 se proyectaba en versión original Le plus vieux meetier du monde y la sala Maryland exhibía Amarcord, de Fellini, mientras que en el Savoy podía verse La madriguera, de Carlos Saura.

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Por lo que se refiere al teatro, Antonio Gala estrenaba en el Barcelona Anillos para una dama; el Capsa, una sala progresista, acogía un recital con poemas de Antonio Machado, Pablo Neruda, Miguel Hernández, Rafael Alberti y José Agustín Goytisolo, bajo el título Pueblo de España, ponte a cantar. Como espectáculo de simple evasión visual, aparecían en el Apolo las piernas de las alegres chicas de Colsada en una revista hecha para lucimiento de la vedette Tania Doris titulada Una amiguita de usted con los cómicos de la casa Luis Cuenca y Pedro Peña.

Mary Santpere y Pedro Ruiz representaban en el teatro Victoria Historias de Pan y Pipa, un espectáculo «producido, creado y dirigido por Pedro Ruiz», no se crean. En el Poliorama, la compañía de Paco Morán con Doris Coll representaba Sé infiel y no mires con quién, de Cooney y Chapman, un vodevil tan alejado del teatro de compromiso que había estrenado antes Adolfo Marsillach.

Traspasando la frontera para ver cine

Sólo los españoles que traspasaron la frontera tuvieron oportunidad de visionar el cine político y de pensamiento prohibido en España. Los primeros ciclos de Ceret (Francia) atrajeron a intelectuales y cinéfilos, mientras que el erotismo exhibido en Perpignan sedujo a una masa medio burguesa dispuesta a contemplar impensables secuencias. Hubo un tiempo -¿quién no lo recuerda?- que todos hablaban en el trabajo de El último tango en París. El pornocine exhibido en Europa sólo había estado al alcance de camioneros en ruta, locutores y redactores deportivos que seguían a los clubes de fútbol en sus desplazamientos hasta que empezó a proyectarse a 50 kilómetros de la frontera de La Jonquera. Mientras el franquismo se iba consumiendo, avispados empresarios de Perpignan encontraron el becerro de oro programando para el españolito reprimido sesiones continuas en cines cuyo nombre despertará para ciertas personas inconfesables recuerdos: Castillet, Nouveau-Théatre, Le Paris y las Multisalles Français. Algunos jóvenes de 25-30 años son la consecuencia gozosa -y posiblemente en paro- de un fin de semana de sus padres en Perpignan. La economía de aquella limpia ciudad del Rosellón vivió -nunca se lo agradecieron a Franco- días de sorprendente rentabilidad. Restaurantes, hoteles, grandes almacenes, supermercados y sexshops recibieron una invasión de «peregrinos del pecado» como los bautizó el periodista Enrique Rubio. Tenía razón, porque blondas espermatrices, contumaces felatómanas, hercúleos mozos de piel azabachada se revolvían en camas redondas ante un público que pasaba en un pis-pas del rosario en familia a las multisalas de Perpignan. Les recuerdo haciendo cola, bajando la mirada con un punto de vergüenza, conteniendo las risas, conscientes de su grandísimo pecado, pero dejándose arrastrar por la ardiente concupiscencia. Si son dos días.

Aunque en 1975 la fiebre erótica empezaba a remitir en Perpignan, el día que murió Franco L’Independant anunciaba en la sala Castillet 2 Fantaisies sexuelles d’un couple libre, un nuevo porno strictement interdit aux mineurs. En Castillet 4, Furies porno. Todavía se mantenía en cartel Emmanuelle en Multisalles Français 1, mientras que en la sala 2, se proyectaba L’essayeuse, estrictamente prohibida a menores de 18 años, todas ellas subtituladas en español. Sospechamos que la mayoría de espectadores prestó poca atención a los subtítulos. Muerto Franco se inició el burdo destape español y al poco tiempo la gente se fue olvidando de la mantequilla que también contribuyó a derrotar al franquismo.

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Este artículo se publicó en la Revista Jano. Medicina y humanidades en el número del 17-23 de noviembre de 2000. VOL. LIX Nº 1.365. Su autor es Juan Soto Viñolo.

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