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Publicado en febrero 26th, 2017 | por Santi Suárez

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Roy Tarpley: el cielo era el límite

Sin duda, Roy Tarpley (1964-2015), representa fielmente a aquellos jugadores poseedores de unas condiciones inmejorables para alcanzar el estrellato baloncestístico y, que por unos motivos u otros, se quedaron en el camino.

En el caso de este prodigio atlético de 2,10 metros, sus problemas con las lesiones primero, y después con el alcohol y las drogas, fueron los que impidieron que el bueno de Roy llegase a la cima de la NBA. Neoyorquino del año 64, jugó durante cuatro temporadas para la Universidad de Michigan, donde promedió 13,1 puntos, 7,8 rebotes y 2,1 tapones por partido.

Con esta excelente tarjeta de presentación, fue elegido en la séptima posición de aquel maldito Draft de 1986 por los Dallas Mavericks, que en aquellos años era un equipo de reciente creación y que buscaba su sitio en la liga. En su primera temporada consiguió entrar en el mejor quinteto de rookies tras promediar 7,5 puntos y 7,1 rebotes por partido.

Pero si su primera temporada en la NBA resultó prometedora, la siguiente resultó ser sencillamente impresionante, alcanzando el galardón de mejor sexto hombre de la liga, algo inusual para un jugador en aquel entonces de segundo año. Sus credenciales, unos excelsos 13,5 puntos y 11,8 rebotes, para un jugador de banquillo que podía cumplir por su habilidad y rapidez en el puesto de 4, y a la vez también ejercer de pívot por su envergadura física y dominio del rebote.

Otro “gafotas” de los años 80

Si estos números ya resultaban de por sí brillantes, en los play-offs fueron de auténtico escándalo para el pívot sophomore: ni más ni menos que 17.9 puntos y 12.9 rebotes por partido al servicio de unos Mavericks que, con un equipo inolvidable (Harper, Blackman, Aguirre, Perkins, Donaldson y la adicción de nuestro sexto hombre), alcazaban por primera vez la final de la Conferencia Oeste, ante unos Lakers que sudaron sangre para vencer la eliminatoria en un dramático séptimo partido, y que les dio el pasaporte a una final de la que a la postre resultaron vencedores frente a los Detroit Pistons.

Con apenas 23 años, el futuro de Tarpley no podía ser más prometedor. Pero todo se empezó a torcer a partir de la temporada 88-89. Como era habitual, los números de nuestro protagonista seguían siendo brillantes, con 17.3 puntos y 11.5 rebotes por encuentro. Hasta que en enero de 1989, salta la noticia bomba de su suspensión indefinida por haber violado el programa antidroga de la liga tras un positivo por cocaína. Este hecho implicaba que no volvería a jugar más en aquella temporada.

Tras la suspensión regresó de cara a la temporada 89-90, pero apenas empezada la liga, en noviembre de 1989, era suspendido de nuevo, esta vez con cinco partidos, tras haber sido arrestado por conducir bajo los efectos del alcohol. Por si fuera poco, sus problemas con las lesiones comenzaban a hacerse crónicos. Sólo disputaría aquel año 45 partidos, pero con unas excelentes prestaciones de 16.8 puntos y 13.1 rebotes de media, ayudando a su equipo a regresar a los play-offs, tras una temporada de ausencia.

Corría el curso baloncestísco 90-91 y asistíamos a la confirmación de un Tarpley más maduro en su juego, y que parecía dejar atrás sus días más oscuros. Sus números, eran sencillamente de pívot de élite, con unos majestuosos 23.9 puntos y 12.9 rebotes. Sin embargo, una lesión de rodilla se cruzó en su camino y lo dejó KO para el resto de temporada. Este hecho supuso el comienzo del fin, ya que, condicionado por su desgracia, volvió a las andadas, siendo suspendido de nuevo en marzo de 1991 por conducir borracho en una campaña que había acabado para él semanas antes.

No obstante, el mazazo definitivo cayó en los albores de la temporada 91-92, ya que Tarpley era encontrado culpable de violar el programa antidroga de la liga por tercera vez, acarreando su expulsión permanente de la liga.

Sin haber cumplido los 28, tocaba empezar desde cero y lejos de la mejor liga del mundo. El destino elegido por nuestro desafortunado pívot resultó ser Grecia, donde prestó sus servicios durante dos temporadas en el Aris de Salónica y Olympiacos. A pesar de estar muy condicionado por su reciente pasado, su calidad seguía siendo inegable, ayudando al Aris a conseguir la Recopa de Europa de 1993. Al año siguiente, ya en Olympiakos, y rodeado de leyendas del calibre de Volkov, Paspalj o Fassoulas, alcanzaría la final de una Liga Europea de imborrable recuerdo para los aficionados del Joventut de Badalona, a la postre campeones en aquel año de 1994.

 

“Amistades peligrosas” con el gran Fassoulas

Tras su paso de dos temporadas por Europa, la NBA decidió levantarle el veto, y Tarpley decidió volver a casa, firmando de nuevo con “sus” Mavericks. Los comienzos volvieron a a ser óptimos en el plano deportivo. Pero una vez más volvía a tropezar en la misma piedra, recayendo de sus problemas con las drogas, siendo expulsado de la liga, y esta vez si de manera completamente definitiva. Su trayectoria se cerraba con unos promedios de 12,6 puntos y 10 rebotes por partido.

A partir de aquí, un periplo interminable que comenzó de nuevo en Grecia, en el Iraklis. Parece ser que en Grecia se encontraba como pez en el agua, ya que le resultaba bastante asequible volver a sus antiguos escarceos con el alcohol y el desenfreno. Tras un año allí, una auténtica diáspora que incluyó las ligas chipriota, rusa y china, además de ligas menores en Estados Unidos hasta alcanzar los cuarenta. Longeva carrera, pero que había alcanzado sus picos de éxito muchos años atrás.

Trás su retiro, en 2007 Tarpley denunció a la NBA por una violación de sus derechos al no permitirle jugar en la liga pese a sus problemas. En 2009 ambas partes alcanzaron un acuerdo privado para cerrar el caso.

En Enero de 2015, Roy Tarpley fallece con apenas 50 años de edad en Texas como consecuencia de una vida llena de excesos y en una situación de absoluta miseria. Sin duda, un triste final para un hombre que pudo alcanzar el reino de los cielos baloncestítico. Su ex-compañero en los Mavs Brad Davis llegó a decir de él: “Si Roy hubiera estado sano, podría haber sido uno de los 50 mejores jugadores de la historia de la NBA” “Podía hacerlo todo, lanzar, rebotear, pasar, defender…” ¡Ahí es nada!

 

 

 

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