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Publicado en octubre 14th, 2013 | por Luis Sanmartin

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El Hombre Tranquilo: Ford vuelve a casa

 

«Mis películas más hermosas no son westerns; son pequeñas historias sin grandes estrellas sobre comunidades de gente muy sencilla»

John Ford

 

Existen ciertas ocasiones a lo largo de una vida en las que la vivencia de una obra artística, sea del tipo que sea, puede llegar a marcar la personalidad del sujeto que la experimenta de tal modo que consigue cambiar la forma de pensar y de percibir su realidad. Ese instante íntimo e irrepetible hace que hallemos en nosotros mismos algo que quizás no sospecháramos que habitaba en nuestro interior hasta ese momento y termina por enriquecernos ayudando a conformar nuestra identidad. Creo que el cine como punto de encuentro entre diferentes tipos de arte como el fotográfico, literario o musical entre otros, es especialmente propenso a provocar ese tipo de “descubrimiento”. Es por ello que quiero dedicar mi primer artículo a una obra como El Hombre Tranquilo de John Ford, que he tenido la suerte de poder revisitar en pantalla grande recientemente y que suscitó en mí esas sensaciones que he mencionado anteriormente.

John Ford, ca. 1940s El Hombre Tranquilo (The Quiet Man, 1952) es sin duda una de las obras cumbre de John Ford (1894-1973), mítico director de cine estadounidense de ascendencia irlandesa y que se encuentra indiscutíblemente entre los más influyentes de la historia del séptimo arte, adapta para esta historia un relato homónimo escrito originalmente en 1933 por Maurice Walsh (1879–1964)  y que fue recogido en el libro Green Rushes. Para ello decide contar con Frank S. Nugent, con quién ya coincidiera para realizar el guión de Centauros Del Desierto o La Legión Invencible. Tardó casi 20 años en conseguir llevarla a la pantalla grande debido a diversos problemas de financiación, pero finalmente Ford obtuvo su recompensa al resultar galardonado con dos Oscars, el de mejor dirección para él y el de mejor fotografía en color para Winton C. Hoch ademas de otras cinco nominaciones, entre ellas las de mejor actor principal y guión.

 Todo comienza cuando Sean Thornton (John Wayne), un ex-boxeador de éxito procedente de los Estados Unidos llega a Irlanda en busca de Innisfree, el pueblo natal que tuvo que abandonar siendo muy niño al irse con sus padres a América en busca de un futuro más próspero, como tantos otros compatriotas se vieron obligados a hacer durante la gran emigración irlandesa al otro lado del Atlántico entre el siglo XIX y principios de XX. La intención de Sean es comprar los terrenos que ocupa la que fuera la casa de su familia, llamada Blanca Mañana y que ahora se encuentra abandonada, para reconstruirla con sus propias manos y establecerse allí definitivamente, intentado huir de un pasado que le atenaza. A su llegada a Innisfree Sean se encontrará con Mary Kate Danaher (una radiante Maureen O’Hara), de la cual se queda prendado desde el primer momento. Pero Mary Kate demuestra ser una mujer con un fuerte carácter y que además se encuentra demasiado atada a las costumbres locales, lo que causará no pocos conflictos entre Sean y ella debido a que en muchos aspectos ven la vida de una manera muy diferente. La condición de forastero de Sean no le pondrá nada fácil las cosas al principio. Él es un hombre de ciudad, acostumbrado a conseguir lo que desea, pero en Innisfree las cosas son muy diferentes y a pesar de su esfuerzo por integrarse en la vida del pueblo, no podrá esquivar los roces que suponen su interés por Mary Kate y Blanca Mañana. Principalmente porque ambos asuntos pasan por Will Danaher (Victor McLaglen), uno de los hombres más ricos de Innisfree y hermano mayor de Mary Kate, de este modo acabara por convertirse en su peor enemigo. Si quiere que la relación con Mary Kate prospere tendrá que enfrentarse con ese oscuro secreto que le obligó a abandonar precipitadamente los Estados Unidos y además aprender a respetar, con la inestimable ayuda de Michaleen Flynn (Barry Fitzgerald), las reglas que rigen en su nuevo hogar y que para él son totalmente extrañas (representadas en la dote de boda de Mary Kate).

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Ford deja a un lado el género del western tras su trilogía de la caballería (Fort Apache, La Legión Invencible y Río Grande) para emprender su particular vuelta al hogar a través de una historia sencilla, alegre y llena de color, que él mismo define como su “película de amor”. Y efectivamente ese sentimiento es el que marca toda la narración, el amor apasionado y temperamental que nace entre los dos protagonistas principales de la historia, pero también es el amor que Ford siente por la tierra que viera nacer a sus ancestros el que sirve de telón de fondo a la historia y que nos contagia desde el primer minuto. Es importante mencionar que Ford, a pesar de haber nacido y vivido durante toda su vida en los Estados Unidos visitó Irlanda con su padre en numerosas ocasiones durante su juventud, por lo que era un gran conocedor de la realidad de ese país en cuanto a su historia, sociedad, modo de vida y costumbres.

Estudiando la biografía de John Ford saltan a la vista ciertos detalles que indican, en mi opinión, que el director dota al personaje de Sean Thornton de ciertos tintes autobiográficos. Por ejemplo los padres de Ford también se vieron obligados a emigrar del rural irlandés a la prometedora América, la única diferencia es que mientras que Sean nace todavía en Irlanda, Ford lo hace ya con sus padres establecidos en los Estados Unidos, en concreto en Cape Elisabeth (Maine). Incluso en sus nombres encontramos ciertas coincidencias; a pesar de que no aún no está claro del todo, parece que el nombre original de John Ford fue Sean Aloysius O’Feeney (u O’Fearna) y lo hereda de su padre, Sean A. Feeney, mientras que en el caso de Sean Thornton, además de la coincidencia en el nombre, vemos que también lo hereda de un pariente, en este caso su abuelo, llamado también Sean Thornton.

Como indiqué anteriormente, la acción principal de la película se sitúa en Innisfree(1), un lugar imaginado por Ford que ya fuera mencionado en 1888 por el escritor WIlliam Buttler Yeats (1865–1939) en un poema llamado La isla del lago de Innisfree (2) y que salió publicado en The Countess Kathleen and Various Legends and Lyrics en 1892:

 

Me levantaré y me pondré en marcha, y a Innisfree iré,
Y una choza haré allí, de arcilla y espinos:
Nueve surcos de habas tendré allí, un panal para la miel,
Y viviré solo en el arrullo de los zumbidos.

Y tendré algo de paz allí, porque la paz viene goteando con calma,
Goteando desde los velos de la mañana hasta allí donde canta el grillo;
Allí la medianoche es una luz tenue, y el mediodía un brillo escarlata
Y el atardecer pleno de alas de pardillo.

Me levantaré y me pondré en marcha, noche y día,
Oigo el agua del lago chapotear levemente contra la orilla;
Mientras permanezco quieto en la carretera o en el asfalto gris
La oigo en lo más profundo del corazón.

 

Ford nos describe Innisfree como un idílico lugar en el que la vida transcurre sin apenas sobresaltos y nadie parece tomarse las cosas demasiado en serio. La convivencia entre protestantes y católicos es plácida y los eventuales conflictos que puedan aparecer se resuelven en el pub de Pat Cohan en torno a unas cuantas pintas de cerveza negra, en el peor de los casos con una pelea sin más consecuencias que unos moratones y algún diente roto. Desde el primer momento experimentamos una gran afinidad con ese lugar, donde la gente es alegre, feliz y reina un gran sentimiento de camaradería. Resulta muy fácil encariñarse con todos los personajes ya que cada uno a su manera aporta su grano de arena a la historia. Todos están repletos de vitalidad, frescura y desprenden una humanidad infinita.

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La nostalgia y la añoranza por la Irlanda natal, sus paisajes y sus gentes, a la vez que un tono bromista y cercano impregna todo el metraje, lo que consigue que por momentos nos riamos a carcajadas y así, de un modo plácido y agradable, la historia va fluyendo con toda naturalidad casi sin darnos cuenta. Ford, además de unos diálogos vibrantes y unas cuantas frases que ya han pasado a la historia del cine, nos regala en este relato momentos de una belleza y sensibilidad que traspasan el celuloide y tocan en lo más profundo, como cuando Sean, a la salida de la iglesia católica, espera a Mary Kate para presentarse formalmente. Él le ofrece el agua bendita en su mano para que se ella se santigüe, ante la asombrada mirada de Michaleen, algo que rompe totalmente las reglas establecidas en una comunidad tan estricta en lo moral y que sin embargo Mary Kate acepta casi darse cuenta ante el atrevimiento de Sean. Desde ese momento el destino de ambos quedará unido.

Ford aborrecía repetir tomas para rodar cada plano y siempre buscaba la primera para aprovechar la espontaneidad en sus actores para que no se ciñeran estrictamente a un guión que por otro lado podría sufrir cambios en cualquier momento si estimaba que no era lo suficientemente bueno. Por ello, para el reparto se rodeó de actores de confianza con los que venía de trabajar en proyectos anteriores. Por ejemplo Maureen O’Hara, John Wayne y Victor McLaglen coinciden con él en Rio Grande (1950) y estos dos últimos junto con Ward Bond dan vida a la inolvidable Fort Apache (1948). El gran elenco de personajes secundarios aportan a la historia una gran profundidad, desde el inolvidable borrachín local Michaleen Flynn (capaz en su papel de casamentero de hacer sombra al mismísimo Wayne), al padre Lanegan (el ya citado Ward Bond), pasando por Dan Tobin (Francis Ford), el venerable anciano que consigue “resucitar” en su lecho de muerte para no perderse el desenlace de la historia o el reverendo Playfair (Arthur Shields), exboxeador al igual que Sean y que se encuentra en grave peligro de ser trasladado de Innisfree ante la alarmante falta de feligreses.

Mención especial merecen los papeles femeninos en esta historia; juegan un papel fundamental y son ellas quienes tienen el poder, rompiendo con el arquetipo de mujer dócil y sumisa. Mary Kate nunca se acobarda ante las bravuconadas de su hermano Will y siempre lleva las riendas de la relación con Sean, mostrando un gran carácter y determinación, mientras que la todopoderosa viuda Sarah Tillane mantiene a raya en todo momento a Will Danaher, el otro terrateniente del pueblo. Incluso la anciana criada de Tillane pone en su sitio a Will por no limpiarse los zapatos antes de ser recibido por la viuda, como una madre que reprende a un niño desobediente. Aun así Ford no se libró de las críticas de ciertos sectores “pseudointelectuales” sugiriendo que la cinta constituía una apología del machismo, la misoginia e incluso de los malos tratos a la mujer, sin duda se quedan con una visión meramente superficial de la historia; nada más lejos de la intención de Ford.

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El rodaje de los exteriores se llevó a cabo durante el verano de 1951 en diversos lugares del condado de Galway, situado en la costa oeste de Irlanda y que es cuna de los antepasados del propio Ford; posteriormente remató la tarea en Hollywood filmando los interiores. Para este proyecto se decidió, acertadamente en mi opinión, a rodar en color; aun cuando a menudo fue partidario del uso del blanco y negro para sus proyectos, de hecho filmó en 1962 El hombre que mató a Liberty Balance en blanco y negro, a pesar de que el uso del color ya estaba más que generalizado en esa época. De este modo la fotografía rebosa vida y colorido en una apabullante explosión de azules, blancos, verdes y rojos; desde los inmensos paisajes que podemos disfrutar en unos magníficos planos panorámicos generales, como por ejemplo durante la secuencia de la carrera de caballos, hasta el vestuario o esa inolvidable melena pelirroja de Mary Kate en planos más cercanos. En este aspecto es importante destacar que, con motivo del 60 aniversario de su estreno se ha lanzado recientemente una edición en formato blu-ray de El Hombre Tranquilo, restaurada a partir del negativo original y que deja muy atrás a cualquier otra edición que hayamos podido ver hasta ahora, sin duda toda una joya.

innisfreeCasi cuarenta años después José Luis Guerín(3) vuelve tras la pista de Ford en una película documental llamada Innisfree en la que, con maestría y un profundo respeto, ahonda en el legado que el rodaje de El Hombre Tranquilo dejó en las gentes que tuvieron la ocasión de vivir en primera persona, así como en las generaciones posteriores criadas con el recuerdo de esa película y cuyo legado forma parte de la cultura y tradiciones locales. El director catalán escapa del típico homenaje cinematográfico para acercarnos a la compleja realidad sociopolítica de la época, la Irlanda de 1927, en la cual se entremezclan las viejas rencillas del pasado tras ocho siglos de brutal ocupación, especialmente por parte inglesa, con el drama de la emigración que aún hoy en día asola ese país. Es el homenaje a una comunidad y a una forma de vida ya casi extinguida donde la gente, junto a sus fotos de familia, aún conserva con cariño los recuerdos pertenecientes al rodaje con Ford y que se sigue reuniendo en el Pub Cohan para recordar aquellas juergas nocturnas después de cada jornada rodaje en las que más de uno se bebía todo el sueldo cantando viejas canciones de resistencia regadas con cerveza negra.

En definitiva, nos encontramos ante algo más que una gran película, Ford además de abordar con absoluta maestría temas tan capitales como la familia, el amor o el choque entre tradición y modernidad, también consigue transmitirlos al espectador de manera que los experimente de una forma clara y cercana, lejos de los relatos épicos y gloriosos a los que ya nos tenía tan gratamente acostumbrados en su faceta como director de westerns. Y son este tipo de historias las que más gustaba de reivindicar como declaró a Bertrand Tavernier(4) en la cita que abre este artículo; El Hombre Tranquilo es toda una declaración de amor por un hogar que nos llena de nostalgia pero sobre todo de alegría, un lugar en el que sabemos que estamos a salvo y que ocupamos un sitio, donde no existe la maldad y un gran sentimiento de camaradería prevalece sobre cuestiones religiosas o políticas. El alcoholismo no tiene connotaciones negativas ya que ¿hay algo de malo en emborracharse riendo y cantando rodeado de la gente a la que quieres y conoces de toda la vida?. En Blanca Mañana siempre es primavera, la brisa acaricia suavemente el pasto, el cielo es azul y el amor es sincero y pasional, hasta el punto de arriesgarlo todo a una carta para ponerlo a prueba.

Finalizo este artículo expresando que personalmente ha sido toda una experiencia revisar la filmografía de un maestro como John Ford y descubrir muchos aspectos de su vida y sus películas que para mí eran desconocidos hasta ahora, una emoción que espero transmitir a quien se haya detenido a leer estas líneas hasta el final. Me gustaría terminar con una cita que para mí es profundamente inspiradora y pienso que condensa perfectamente toda una manera de entender el cine e incluso su modo de ver la vida:

 «Nunca pensé en lo que hacía en términos de arte, o esto es grande o estremecedor, o cosas por el estilo. Para mí siempre fue un trabajo, que yo disfruté enormemente, y eso es todo»

John Ford

_______________________________

 

(1) El nombre “Innisfree” procede del gaélico hablado en Irlanda “inis fraoigh” que significaría “isla del brezo”

(2) The lake isle of innisfree:

I will arise and go now, and go to Innisfree,
And a small cabin build there, of clay and wattles made:
Nine bean-rows will I have there, a hive for the honey-bee,
And live alone in the bee-loud glade.

And I shall have some peace there, for peace comes dropping slow,
Dropping from the veils of the morning to where the cricket sings;
There midnight’s all a glimmer, and noon a purple glow,
And evening full of the linnet’s wings.

I will arise and go now, for always night and day
I hear lake water lapping with low sounds by the shore;
While I stand on the roadway, or on the pavements grey,
I hear it in the deep heart’s core.

(3) Entrevista a José Luis Guerín para la revista “Dirigido por…”

(4) “John Ford”, Fco Javier Urkijo, Ed. Cátedra (1991), pag. 72

Bibliografía / Videografía:

  • “John Ford” Peter Bogdanovich, Ed. Fundamentos, Madrid (1983)
  • “John Ford”, Fco Javier Urkijo, Ed. Cátedra (1991)
  • “Innisfree” José Luis Guerín (1990)

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Sobre el Autor



3 Responses to El Hombre Tranquilo: Ford vuelve a casa

  1. Marcos Gendre says:

    Siempre dan ganas de volver a revisitar los clásicos, tras artículos como éste. Brutal

  2. Carmen Lloret says:

    Sí, maravilloso artículo sobre una de las grandes películas del siglo XX.
    Enhorabuena!!!

    • Luis Sanmartin says:

      En mi opinión es una de las películas donde más se puede notar el cambio de la versión original a la doblada en castellano, me atrevería a decir que sin ver a Michaleen Flynn con su acento original se pierde gran parte del encanto de esta obra maestra.

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