"El hábitat natural para tu mente enferma"


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Publicado en mayo 22nd, 2016 | por Carmen Viñolo

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Gato por liebre: “Real Humans”

Básicamente hay tres maneras de hacer ciencia ficción:

1) A través de un enfoque filosófico

2)  Optar por la Serie B

3) Hacer algo comercial

Ejemplos: 2001: Una odisea del espacio (1968) de Stanley Kubrick, pertenecería al primer grupo; Plan 9 del espacio exterior (1959) de Ed Wood, al segundo; la serie de La guerra de las galaxias (Star Wars), al tercero. Las dos primeras opciones se hermanan en cierto modo, pues la segunda bebe a menudo del enfoque filosófico, reflexivo o crítico. En cuanto a la tercera, en ocasiones avista la primera y grita: ¡Al abordaje! Tal es el caso de Inteligencia artificial (2001) de Steven Spielberg, que se hizo con el proyecto de Stanley Kubrick que nunca pudo realizar. Si bien Spielberg plagió algunos de los diseños de Kubrick en su película, fue incapaz de llegarle a la altura del zapato en lo que a reflexión filosófica se refiere al viejo Kubrick. Ni siquiera al final del largometraje, cuando la  historia se lo había dejado en bandeja[1].

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Bocetos de Chris Baker realizados para el proyecto de Stanley Kubrick

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“Inteligencia artificial” de Steven Spielberg

Qué bonito y qué justo sería todo si cada cual se quedara en su sitio y no pretendiera ser lo que no es. Si se preguntara, aunque sólo fuera una vez: ¿tengo el duende? No obstante, existe una demanda y hay puestos de trabajo que cubrir en la industria cinematográfico-televisiva. Ambos piden, de vez en cuando, cosas nuevas; pero las ideas se agotan, y la gente sin talento empieza a adentrarse en terrenos que les vienen grandes.

Real humans -la sueca, no la británica- parecía a primera vista una serie de televisión atractiva. Para cualquier aficionado a la ciencia ficción, para cualquier filósofo interesado en la bioética, pues plantea el siguiente escenario: los robots -hubots los llaman- son ya una realidad. Han sido creados para aliviar las tareas más duras del ser humano y hacerles la vida más fácil. Eso en la teoría; en la práctica, nada más lejos de la realidad. Su presencia/existencia lo complica todo. Literalmente. Además, la serie intenta abrir innumerables frentes de reflexión:

- ¿Qué es un robot? ¿Una máquina? ¿Una persona? ¿Un esclavo?

- ¿Tiene conciencia de sí mismo? ¿Puede sentir como un ser humano?[2]

- ¿Qué derechos tiene? ¿Es posible demandar a alguien por haber discriminado a un robot?

- ¿Qué es un ser humano, cómo definirlo?

- ¿Qué pasa si se reprograma ilegalmente a un robot? ¿Cuáles pueden ser las consecuencias?

- ¿Es ético apagar a un hubot en contra de su voluntad?

- ¿Qué hay de las relaciones entre robots y humanos?

- ¿Es posible morir físicamente, pero seguir viviendo, al haber traspasado tu conciencia a una máquina hubot?

- ¿Los robots acabarán por robarnos el trabajo?

- ¿Pueden llegar a sublevarse?

- ¿Los robots reseteados siguen teniendo recuerdos de su anterior vida?

- ¿Tienen alma?  ¿Pueden enamorarse? ¿Pueden adoptar? ¿Pueden heredar? ¿Pueden casarse por la iglesia?

Etcétera.

pero nunca llega a profundizar en ninguno de ellos. Da la sensación de que Lars Lundström, creador y guionista de la serie, ha estirado más el brazo que la manga, tratando de abarcar TODAS las preguntas que la existencia de robots plantea a nivel filosófico, ético, político e incluso jurídico. Habitualmente este tipo de obras tocan uno, dos o a lo sumo tres palos o preguntas filosóficas, no más. Y se ahonda verdaderamente en ellas. Aquí, por el contrario, siembra decenas de cuestiones y luego no sólo no las responde, sino que las ignora por completo. Lo que consigue, pues, es un planteamiento sumamente pueril. Además, algunos de los temas que se plantean se encauzan y se transforman en preguntas sobre otro tipo de problemática, como, por ejemplo, la xenofobia, lo que no tiene nada de criticable (véase Distrito 9, 2009 de Neill Blomkam), si no fuera porque cae de nuevo en lo superficial. La serie pincha también en sus tramas, inconclusas, insustanciales. Los personajes de los hubots no están en absoluto definidos -salvo Odi-, ni se sabe realmente de qué van. Parecen personajes salidos de un taller de dramaturgia amateur. Los de los humanos, por el contrario, están tan delimitados que apenas cambian. Y, cuando lo hacen, es de forma antinatural –Inger, la abogada, en relación con su hubot; en un principio la rechaza y de golpe y porrazo es una más de la familia-. De modo que Real Humans no aprovecha la ventaja de las series sobre el cine en lo que se refiere al tiempo del que se dispone para que los personajes evolucionen y/o se ahonde en ellos. Ahora bien, una cosa es cierta. Los actores, inmejorables. Todos.

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Real Humans

En la segunda temporada se descubre el percal. Este programa no es en realidad una serie de ciencia ficción, sino una telenovela disfrazada. He aquí algunas de las tramas: La hubot Flash está fascinada por la idea del matrimonio y la maternidad; sueña con tener un marido, montones de hijos -verdaderos, no robots- y con unas encimeras de mármol carísimas. Inger, recibe por correo certificado un clon robot de su padre, quien deseaba dejarle un mensaje. ¿Algún secreto de su pasado o de su repentina muerte? No. Simplemente: «Hija, te quiero. Estoy muy orgulloso de ti». Y el highlight: Tobbias, un adolescente introvertido, se enamora de su hubot, Mimí, una robot liberada. En un principio, Mimí no parece corresponder al joven, pero con el tiempo nace el amor y el drama; la robot se infecta con un virus y muere.

Résumé: una cosa es fallar al haber intentado abarcar más de lo que podía. Otra, engañar al público haciéndole creer que Real Humans se trataba de una serie de ciencia ficción, cuando en verdad no era más que un burdo culebrón. Pasa lo mismo con Hannibal (2013-2015): no se trata de un programa sobre un psicópata y el hombre que intenta atraparlo, ni la lucha entre el bien y el mal, sino acerca de un hombre, Will Graham, que se resiste a salir del armario y que finalmente acepta su propia naturaleza homosexual, así como el amor, bello, puro, que siente por el psicópata. En el episodio final sólo faltó que uno de los dos dijera: «Amar significa no tener que decir nunca “lo siento”».

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El amor está en el aire en “Hannibal”

El cine también ha embaucado al público dando gato por liebre, haciendo pasar el drama por ciencia ficción. Her (2013) de Spike Jonze no es otra cosa que la historia de una pareja cualquiera desde que se conoce hasta que se separa. Un dramón en toda regla que, al avergonzarse de su propia esencia, pero sin querer renegar de ella, se camufla de otra cosa.

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“Her”, otra historia de amor

¡Ojo! Nada en contra de la mezcla de géneros, por supuesto. Ahora, tomaduras de pelo, las justas.

Qué tiempos aquellos en los que los escribientes de guiones y los directores eran honestos consigo mismos y con sus espectadores. Cuando se aceptaban tal y como eran, con sus propias limitaciones y huecos de talento, sin patrañas. Cuando las cosas eran como eran, ni más ni menos, ni quito ni pongo.


[1] Cuando la novela de Thomas Keneally, El arca de Schindler, fue publicada en 1983, Billy Wilder quiso comprar los derechos para adaptarla al cinematógrafo. Parte de su familia había muerto en el Holocausto: su madre, su abuela, su padrastro, todos ellos fueron asesinados en Auschwitz. De ahí que el director austriaco desease hacerles un homenaje en la que iba a ser su última película. Pero Spielberg se le había adelantado. Wilder trató de convencer al director estadounidense que le dejara dirigir el filme, pero no hubo manera. Años más tarde, Wilder declaró: ‘Ambos éramos conscientes de que los dos lo deseábamos enormemente. Pero al final no fue capaz de dejarla. Yo quería hacerla como un homenaje a mi madre, mi abuela y mi padrastro ‘. ‘Habría sido muy minucioso con La lista de Schindler, porque es una película que no basta con rodarla bien, es una película mucho más profunda” en Castilla, Amelia: “Billy Wilder habla en un libro sobre los actores y las películas que dirigió”. Cita extraída de Castilla, Amelia: “Billy Wilder habla en un libro sobre los actores y las películas que dirigió”, El país, 26 de febrero de 2001, recuperado en http://elpais.com/diario/2001/02/26/cultura/983142003_850215.html Éste es, sin duda, uno de los mayores y más lamentables desperdicios de la historia del cine.

Éste es, sin duda, uno de los mayores y más lamentables desperdicios de la historia del cine.

[2] Algo que tampoco resuelve la serie es si pueden tener orgasmos.

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