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Publicado en septiembre 15th, 2017 | por Rubén Sánchez

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Porco Rosso – Ghibli da el salto al mundo

kurenai_no_buta-662018507-largeA principios de los años 90, los estudios Ghibli reciben el encargo por parte de Japan Airlanes de crear un corto que pudiesen utilizar para proyectar en sus viajes, de tal forma que amenizase el trayecto a sus pasajeros. En plena producción del corto estalla la guerra de Yugoslavia y Hayao Miyazaki, máximo responsable, queda desolado por la situación y va dándole un carácter cada vez más serio a la producción. Con el devenir del tiempo, Miyazaki termina decidiendo que aquel corto debía crecer hasta convertirse en un largometraje y debería ser estrenado en los cines de todo el país. Contrariamente a lo que podríamos pensar, Japan Airlanes no sólo no se desmarca de la producción, sino que decide renegociar el contrato para entrar como productora principal de la película y dejando su sello en los créditos del inicio, en el que unos aviones dejan mensajes en 11 idiomas diferentes para presentar el largometraje.

Porco Rosso (Kurenai no Buta, 1992), que así se llama la película, tuvo un exitoso estreno en Japón arrasando en taquilla. En el resto del mundo el éxito no fue arrollador, todavía se asociaba la animación al público infantil y la imagen del protagonista, del que luego hablaremos, no facilitaba cambiar esta opinión, y además hubo de esperar años para poder verse en cines de Europa y América. Por una vez en España fuimos los primeros en algo, y Porco Rosso tuvo su estreno fuera de su país aquí, dos años más tarde, siendo la primera vez que se doblaba a otro idioma. Francia, con una gran tradición en la animación, la estrenó en 1995, y ya hay que irse al siglo XXI para verla en otros países de Europa y para que diese el salto a América.

La historia se centra en la historia de Marco Pagot, antiguo piloto de aviación de la marina italiana y que, por motivos que desconocemos, una maldición le ha dado una apariencia de hombre-cerdo. Lo que inicialmente podríamos verlo como algo extraño, Miyazaki consigue que lo veamos de forma natural, un hombre-cerdo paseándose con absoluta normalidad y, a su vez, con el resultado de ser visto como una producción infantil, tal y como decíamos antes. Pero la secuencia inicial, que resume perfectamente al personaje, ya empieza a dirigirnos hacia otro punto totalmente distinto, el de una película pacifista y anti extremismos como el fascismo reinante en la Italia de los años 30, con Mussolini en el poder. Porco Rosso, mote que adquiere Pagot por el color de su hidroavión y por su apariencia, es un cazarrecompensas, renegado del ejército por los cambios políticos, con una extrema habilidad que le hace prácticamente invencible y víctima de las envidias de los piratas del aire. Hartos de sufrir derrota tras derrota, contratan al piloto estadounidense Donald Curtis.

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Porco, más preocupado por irse a Milán que por enfrentarse a Curtis, es acosado por éste y, víctima de los fallos de motor de su hidroavión, termina derribado y sin su más preciada posesión. Todo el dinero ganado, y más, queda destinado a su reparación confiando en el maestro Piccolo, quien a su vez cuenta con la ayuda de su sobrina Fio. Porco conoce a Piccolo, pero desconfía de que una joven mujer sea capaz de reparar su aeronave. Sin embargo, todo ello derivará en el comienzo de una curiosa relación entre el veterano piloto, que poco a poco va reconociendo la valía de Fio, y la joven mecánico que finalmente decidirá que debe acompañar a Porco para seguir afinando el avión.

Miyazaki nos muestra una de esas entrañables relaciones de amistad en la que ambos van aprendiendo sobre el otro, también nos muestra el romanticismo canalla del cine clásico con Porco tratando de mostrar indiferencia ante Madame Gina, quien a su vez le corresponde con idéntico desdén mal disimulado, como si del café de Rick se tratase. Acción, aventura, comedia, romanticismo, todo mezclado con la maestría de Miyazaki y un desfile de pintorescos secundarios que añaden profundidad a una película inolvidable, tan ligera y a la vez tan profunda en sus planteamientos sin olvidarnos nunca de la belleza de sus imágenes.

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